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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

 

 

 


 

 

La política del coscorrón

 

Hay realidades tan trágicas, que resultan cómicas y superan a la fantasía. Esto sucede con el gobierno estatal y su política del coscorrón, que ha tratado de aplicar en lo que va de su gestión y que, casi siempre, ha terminado con un portazo en la frente de quien intentó aplicar el correctivo.

 

Veamos: al inicio del sexenio, el gobierno intentó darle un coscorrón a la derecha y al Yunque aglutinados en las cámaras empresariales y formó el COE , como una manera de quitarle fuerza al CCE y de darse a sí mismo un interlocutor a modo y fácil de complacer con el sector privado. La jugada política parecía interesante y se esperaba que el organismo de Eduardo García Migoya cobrara importancia.

 

Pocos meses después, a raíz del desprestigio en que lo sumió el caso Cacho, el marinismo tuvo que dejar morir al COE y negociar en condiciones desventajosas con el CCE y la derecha más radical personificada por Rogelio Sierra Michelena, para obtener prestada un poco de legitimidad, pese al costo político y económico que conlleva abandonar a los aliados y ceder el control del aparato productivo estatal.

 

Al amparo del poder e instigado por quien paga la defensa legal de un pederasta confeso, el gobierno estatal quiso dar un coscorrón a una luchadora social, Lydia Cacho, cuyo único pecado fue desenmascarar el apoyo que Kamel Nacif da a Jean Succar Kuri.

 

El resultado de este coscorrón es conocido por todos: El desprestigio, la desconfianza social, la ruptura del proyecto familiar transexenal, la cesión de facto del poder y hasta un proceso legal ante la SCJN, que mantiene abierta la posibilidad de que el marinismo acabe su período antes de la mitad de lo esperado.

 

Destapado el caso precioso, los operadores de medios acudieron al DF a intentar dar coscorrones a los periodistas nacionales que difundieron y proyectaron el abuso de poder y lo convirtieron en un ejemplo de un gobierno faccioso y corrupto. El balance no pudo ser peor: El mandatario fue evidenciado en cadena nacional y la pretendida exculpación se convirtió en un ridículo generalizado y en indignación social. 

 

En la dinámica del caso Cacho, el secretario de Estado más poderoso, Javier López Zavala, pretende callar al presidente de la ciudad más importante de la entidad y, para ello, sigue la política del coscorrón, que le resulta muy contraproducente, ya que queda evidenciado como un represor frustrado, sin habilidad para negociar o tender puentes de comunicación con actores políticos importantes y sin margen de maniobra para operar.

 

 

Más coscorrones

 

En la contienda electoral del 2006, el operador partidista del grupo, Mario Montero Serrano, pretende (y logra) autoimponerse como candidato a senador y define las candidaturas del PRI siguiendo el método del coscorrón, de la exclusión, las imposiciones y las amenazas.

 

Esto obliga a muchos priístas representativos, incluyendo al ex presidente del Congreso local y a las ex secretarias generales de los comités estatal y municipal, a abandonar las filas del partido quejándose no sólo de la exclusión, sino también del trato político recibido.

 

La peor sangría interna en la historia del PRI poblano se convierte en un autocoscorrón, que deja como resultado una derrota total, contundente, que mandó fuera del senado (y de sus aspiraciones gubernamentales) al propio Mario Montero y que colocó al partido en el tercer lugar en las preferencias electorales.

 

La misma procuradora de justicia que abrió un expediente penal contra una periodista por haber escrito y dicho la verdad acerca de la relación entre Kamel Nacif y Jean Succar Kuri, se transforma en una boxeadora de barandilla y lanza coscorrones a diestra y siniestra hacia Lydia Cacho, con la clara intención de reivindicarse y defender un “honor” profesional perdido meses atrás.

 

La actitud rijosa de Blanca Laura Villeda le merece correctivos de algunos de sus compañeros de gabinete y, una semana después, una filtración periodística de la SCJN deja en evidencia no sólo que la procuradora violó los derechos humanos de Lydia Cacho, sino que varios funcionarios estatales (incluida ella misma) son los responsables.

 

Por si fuera poco, entrevistado en cadena nacional, Jean Succar Kuri reconoce la ayuda que le presta Kamel Nacif y, con ello, queda demostrado que Lydia Cacho nunca difamó ni calumnió al empresario y se comprueba que el coscorrón legaloide que recibió de la procuradora no tuvo ningún argumento válido y fracasa el intento de autoexculpación.

 

Y en esta semana, el supuesto encargado de la política interna y de conciliar intereses, Javier López Zavala, desoye los llamados de prudencia y de unidad del gobernador e intenta darte un coscorrón político a Enrique Doger al bloquear la llegada de Humberto Vázquez Arroyo al PRI municipal en un irracional arranque de demostración de fuerza.

 

El coscorrón se le revierte y López Zavala queda evidenciado como un reventador de acuerdos que, en aras de mantener un proyecto político personal, no solamente trata de pasar por encima de un compañero de partido y somete a los priístas (de por sí barridos el 2 de julio) en una nueva contienda interna, sino que viola un consenso que había avalado su jefe directo.

 

Para algunos funcionarios del gobierno estatal, lo más curioso y tragicómico del caso es el empecinamiento en seguir con el método del coscorrón, pese a que los resultados han sido adversos hacia ellos mismos.


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