¡Qué panistas tan priizados!
Debe ser terriblemente patético y deprimente convertirse en lo que uno más rechazó u odió. Tampoco puede ser agradable defender hechos, personas o situaciones que antes se rechazaron, sobre todo cuando había buenas razones para esa animadversión o se trataba de una lucha de principios.
Por ello, resulta curioso ver a los panistas que hoy condenan lo que durante décadas defendieron al ostentarse como los defensores de la “democracia”, rechazar los cacicazgos sindicales y políticos, exigir procesos electorales transparentes, pedir a los medios de comunicación imparcialidad y apertura y defender la resistencia civil como método de lucha ante las chicanadas que, en un país bananero como México, se cometían y se siguen cometiendo al amparo de un discurso legaloide.
Me explico: es realmente patético ver a los representantes del nuevo partido de Estado, el PAN, defender con un discurso legaloide y limitado su negativa a la apertura de casillas y al conteo total de los votos, pese a que durante décadas criticaron la supuesta ilegitimidad de muchos gobernantes priístas, que llegaron a sus cargos mediante procesos competidos, cuestionados y validados por órganos que- como hoy hacen el IFE y el TEPJF - se negaron a dar certeza a todo el proceso mediante el simple procedimiento de contar los sufragios.
También es conmovedor – hasta la tristeza y el asco- ver a Manuel Espino y a Héctor Larios acudir a Chiapas para pedir el voto por el PRI, dar un espaldarazo al gobernador de Oaxaca cuya policía mató a un ciudadano y menospreciar la grave violación a los derechos humanos y a la libertad de prensa que cometió el mandatario de Puebla.
Los panistas tradicionales que durante años se burlaron e indignaron por los desfiguros del sindicalismo mexicano charro, hoy se estarían ensuciando los pantalones al escuchar la protección y el fortalecimiento que sus descendientes han dado a personajes como Elba Esther Gordillo, Víctor Flores, Jorge Romero Deschamps y otras alimañas del ambiente gremial.
Es impactante constatar el linchamiento público que, por instrucciones de Los Pinos, los medios electrónicos hacen contra los seguidores de López Obrador y recordar que es el mismo trato que recibieron Manuel Clouthier, Francisco Barrio y otros panistas cuando se opusieron a la utilización del poder gubernamental en beneficio de un partido y denunciaron el “fraude patriótico” que los priístas crearon y el panismo perfeccionó.
Los panistas que en 1968 y 71 denunciaron la represión del 2 de octubre en Tlatelolco y el halconazo, son los mismos que hoy justifican y aplauden plenamente los golpes que granaderos propinaron el lunes a representantes populares emanados de otro partido, pese a que, con esto, dejaron a los diputados fuera de la que legalmente es su casa y la del pueblo.
Quienes hoy avalan la militarización del informe presidencial y, con ello, aceptan que Vicente Fox se aísle de la sociedad a la que dice gobernar y a la que supuestamente tiene que rendir cuentas y escuchar sus peticiones y reclamos, son los mismos que durante décadas denunciaron la existencia de un México real y uno ficticio, en el que los mandatarios priístas siempre se colocaron por comodidad, para no soportar las recriminaciones por sus excesos, abusos y frivolidades.
Cuesta trabajo creer que los panistas que hoy esgrimen discursos legaloides, fatalistas y desesperados contra la resistencia civil lopezobradorista, fueron los mismos que aplicaron las mismas estrategias en Huejotzingo y Chihuahua, con el argumento de que el pueblo tiene el derecho de rebelarse contra los gobiernos ilegítimos derivados de procesos electorales amañados por autoridades comiciales proclives a uno de los partidos.
Es evidente que la actitud de los panistas es pragmática, carente de principios políticas y manipuladora, propia de quienes desean mantener el poder a cualquier costo, sin importar las consecuencias. Esto deja al descubierto el fracaso político de Felipe Calderón Hinojosa como ex presidente nacional e ideólogo del PAN, ya que en 1997 declaró que el reto del partido era ganar el gobierno sin perder el partido, algo que – como ha quedado debidamente probado en 6 años- no se cumplió.
Hoy, el PAN es sólo gobierno (malo y manipulador, por cierto), porque en aras de sostenerse en el poder los panistas echaron a un lado su ideología, sus supuestos principios y se aliaron a quienes, presuntamente, nacieron para combatir.
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