El “éxito” foxista
En los días recientes, varios columnistas (sobre todo nacionales) han aprovechado sus espacios, para calificar la gestión de Vicente Fox Quesada. La mayoría emite severas condenas con varios argumentos: no solucionó el conflicto en Chiapas ni el atraso indígena en 15 minutos, como lo prometió, ni en los años que duró su administración; tampoco generó un millón de empleos al año (de hecho, su gobierno no permitió crear esas plazas en 6 años).
Vicente Fox y su gabinetazo jamás lograron que la economía creciera al 7 por ciento anual, como lo ofreció. Es más, el PIB ni siquiera alcanzó un decoroso 5 por ciento en ninguno de los años que duró este tortuoso y fracasado sexenio, pese a que, cuando asumió el poder, encontró un país estable política y económicamente y con un blindaje financiero de varios miles de millones de dólares.
Además, durante el foxiato, se incrementó en 1.9 millones de mexicanos la cantidad que sufre de pobreza alimentaria, según el INEGI; se permitió que la delincuencia organizada cunda en varias entidades, como Nuevo León, Baja California, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Distrito Federal, Sinaloa y, en menor medida, en el resto del país.
Tampoco se hizo política en este gobierno federal, como lo demuestran los sonoros fracasos que obtuvieron cada una de las “reformas” propuestas por Fox y sus colaboradores, que, incluso, fueron represores al haber asesinado a mineros en Michoacán, golpeado a comuneros de Atenco, agredido a diputados federales en San Lázaro y organizado un complot contra Andrés Manuel López Obrador.
Además, la diplomacia mexicana se convirtió en el hazmerreír de América Latina, la genuflexión hacia Estados Unidos alcanzó niveles ridículos. La cultura, la educación, la investigación, el campo y el deporte sufrieron severos retrocesos, gracias al “olvido” en que Fox Quesada los mantuvo y que ocasionará un grave daño a los niveles de vida de los mexicanos.
El gobierno de Vicente Fox es, también, corrupto, como lo demuestran los casos Bribiesca, Fonden, Lotería Nacional, Vamos México, Provida y muchos más que, seguramente, se conocerán más a fondo cuando “el primer marido del país” deje Los Pinos. Con ello, mantuvo la tradición de los presidentes y gobernantes priístas de enriquecerse en el poder para garantizar el futuro suyo y de sus descendientes hasta las siguientes tres o cuatro generaciones.
Vicente Fox encontró un país en calma, esperanzado en el futuro y lo deja convulsionado, polarizado y revuelto, como lo demuestra el hecho de que San Lázaro esté sitiado y que la izquierda haya vuelto a ser – en la práctica – proscrita, clandestina y condenada por los medios electrónicos, la jerarquía católica y las cúpulas de la IP.
Cuando llegó a Los Pinos la pareja presidencial, la democracia era un logro y un bien ciudadano, el IFE y el TRIFE tenían un prestigio sólido y bien ganado, la SCJN comenzaba a ser respetada y las dos televisoras empezaban a ser vistas como un resabio del México antiguo, manipulado y obtuso, en el que la información es controlada y manejada a su gusto por las cúpulas del poder político y económico.
Seis años después, la democracia es vista como una inutilidad costosa que no ha sido capaz de dar justicia social a millones de mexicanos, el IFE y el TRIFE volvieron a ser instrumentos de triquiñuelas y manipulación electoral, igual que cuando los comicios eran organizados por Gobernación federal, la SCJN es, nuevamente, asumida como el apéndice más caro del poder Ejecutivo y las dos televisoras siguen siendo lo mismo de siempre.
En seis de años de mandato y en plena bonanza petrolera, el único mérito del foxiato es la estabilidad macroeconómica (algo que se tenía desde antes de que llegara), pero la pobreza, marginación, corrupción, impunidad, injusticia social y frivolidad gubernamental no sólo prevalecen, sino que se han multiplicado.
En este contexto, sobran argumentos para decir que Vicente Fox fracasó, pero esto no necesariamente es cierto, porque la única meta política que se propuso alcanzar fue sacar al PRI de Los Pinos y eso sí lo logró, además de que, en 6 años de “trabajo”, logró que su familia política acumulara una considerable fortuna que, seguramente, compartirá con él.
Además, Vicente Fox consiguió que las mismas oligarquías que lo llevaron al poder a él, una vez que se dieron cuenta de que el membrete del PRI ya no les garantizaba victorias electorales, se mantengan ahí, aunque haya sido a costa de una elección cuestionada, de una sociedad dividida y un país convulsionado.
Vicente Fox jamás quiso ser un buen presidente para la mayoría de los mexicanos, intentó serlo para la jerarquía católica, para su patria (Estados Unidos), para su familia, para las televisoras, para las cúpulas empresariales…y lo consiguió, en detrimento de todos y todo lo demás.
> Columnas anteriores
|