Entre mariniñas y escupitajos
Domingo soleado y las pasiones futbolísticas se respiraban en el estadio Cuauhtémoc. Un partido del torneo interno del Gobierno del estado se jugaba. Aquel día demostraban sus habilidades deportivas trabajadores de la Secretaría de Desarrollo, Evaluación y Control de la Administración Pública (Sedecap) contra los agentes de la Policía Judicial del Estado.
Todo iba muy bien.
Goles por acá.
Sudores por allá.
Pero los ánimos se calentaron.
¡Hasta llegar a los golpes!
Enrique Marín Torres —el brother del góber Mario Marín Torres— controlaba el balón, iba por la banda directo a donde las arañas hacen su nido… Enrique está en el área chica, hace dos driblings, dejando atrás a tres judíos… Permanece solo frente al portero con la mira en el objetivo, dos segundos más, una mariniña y haría el gol de la victoria… Ágil y veloz un judicial le hizo tremenda barrida que frustró el anhelado golazo.
Pero el brody del góber se enojó… ¡Vaya que se enojó!
Sacó las garras, pues.
Enrique Marín haciendo uso de su fuero familiar lanzó golpes contra el judicial.
Pero el judicial esquivó los golpes.
—Dicen los jugadores de Sedecap que influyeron las estaturas de ambos personajes.
Enrique Marín lanzó un derechazo, y el judicial se inclinó hacia la izquierda
Enrique Marín lanzó un izquierdazo, y el judicial se inclinó hacia la derecha
Enrique Marín saltó con golpes contra el judicial, y éste se echó hacia atrás.
El hermano del gobernador no soportó su ineptitud.
Sus golpes eran en vano.
Quería venganza.
Y sin más… ¡escupió la cara del judicial!
Grrrr tuff —entiéndase como la onomatopeya del escupitajo.
Saliva espumosa, blancuzca, con destellos verdosos resbalando por la cara del judicial.
El judicial ardió, pero nada podía hacer contra el hermano del jefe.
El árbitro se percató del zafarrancho y sacó la tarjeta roja, y sin más expulsó a Enrique Marín.
Desde los palcos siguió mentando madres.
Mientras él yacía expulsado, el judicial, con todo y escupitajo, seguía jugando.
Pero la historia no finaliza ahí.
Al término del partido, una patrulla de la policía “levantó” al judicial que osó robarle el balón al deportista de Enrique Marín.
Lo subió a la patrulla.
Aunque el jefe de la Policía Judicial, Hugo Isaac Arzola, no hizo nada por su empleado y jugador.
Se quedó mirando cómo se llevaban a su empleado.
Al interior de la patrulla, los policías le dijeron al judicial:
—Aguántate tantito, en lo que se le baja el berrinche al hermano del señor gobernador.
Con un cruce de brazos, el judicial respondió:
—Está bueno.
Después dio tres vueltas en la patrulla y lo dejaron libre.
Sucede que por más que buscaron no existe el delito de “robo de balón a medio partido de fútbol contra un hermano del gobernador”.
¡Legíslalo Enrique!
La sociedad lo demanda.
Duda: ¿Qué cargo tiene el hermano del gobernador en Sedecap?
Enrique Marín y sus aires de don Juan
El Sportbilly de Enrique Marín —sí, el mismo hermano del gobernador que escupe judiciales cuando le roban el balón— no sólo es asiduo al deporte, sino a las mujeres que hacen ejercicio.
El pasado 7 de noviembre, Enrique Marín observó detalladamente a una hermosa mujer que corría en el circuito del parque de Las Ninfas, frente a la Comisión Federal de Electricidad.
La mujer es una reportera de un medio local —rubia, por cierto— y al terminar su rutina diaria de ejercicio —la cual consta en trotar 10 vueltas al circuito— encontró bajo su botella de agua una jocosa tarjeta de presentación del licenciado José Enrique Marín Torres, con una coqueta invitación: “¿Gustas hacer ejercicio con compañía?”
Don Juan agrega un número de celular, el cual en efecto corresponde al del hermano del gobernador.
Para culminar, una maravillosa firma signada con lápiz de punta de carbón.
Enrique Marín nunca recibió una llamada de la reportera para atender la invitación.
Ni hablar, tu apellido le dio náuseas.
Además no es nice ligar en el parque.
Pie de foto: Proposición indecorosa. Les recomiendo marcar el número porque contesta directamente el lic. José Enrique Marín Torres o al menos hasta ayer a eso de las 19 horas sí respondió él.
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