En el último trago nos vamos
¡Ay Bobby!
¡Ay Toñito!
¡Qué oso…!
Ayer, Antonio Juárez Acevedo, comisionado de la CAIP, advirtió a sus trabajadores que si algún reportero se presentaba en las oficinas para entrevistarlo por los despidos injustificados, hicieran uso de la estrategia marinista.
Aventarles —a esos perros— la policía.
A la mismísima policía.
Sacaste el cobre, comisionado.
¡Qué cosas!
Creo que Antonio Juárez y Roberto Díaz olvidaron su dulce discurso pronunciado el 3 de abril de 2005 —que neta yo sí les creí—, donde ambos alegaron que defenderían la libertad de expresión, protegerían a los periodistas e impedirían que los reporteros revelaran sus fuentes de información.
Sin embargo, Roberto Díaz exigió un culpable el viernes pasado.
Y lo consiguió.
Ésta es la historia:
El viernes pasado, Roberto Díaz Sáenz, titular de la Comisión para el Acceso a la Información Pública (CAIP), propuso durante la última sesión del año despedir a Darío Delgado, responsable de Comunicación Social, y a Luis Piza, asistente personal de la comisionada Josefina Buxadé.
Dos votos a favor y uno contra —obvio el de Josefina Buxadé, quien argumentó falta de pruebas versus los dos personajes ahora desempleados.
¿La razón?
Venganza y nada más.
Resulta que a Bobby todo le salió mal:
No resultó electo como magistrado del Tribunal Electoral del Estado de Puebla.
Su amigo, compadre, cómplice, compinche o cómo quieran llamarle, Francisco Fierro, fue vilmente bateado por los diputados priistas para ser el nuevo comisionado de la CAIP.
Dios nos ampare si hubiera quedado Francisco Fierro, quien ha sido el intermediario entre Bobby Díaz y Antonio Juárez con los secretarios Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar para que las solicitudes de información sobre temas escabrosos —léase el caso Axtel o los gastos de la administración marinista para resarcir la imagen del gobernador y defenderlo ante la Suprema Corte de Justicia y la Procuraduría General de la República por el Caso Cacho— sean sobreseídas, maquilladas o de plano mal entregadas.
¿Pero por qué los priistas batearon al compadrito de Bobby?
Fácil: los secretarios ya mencionados estaban hartos de los chantajes de Roberto Díaz y de Antonio Juárez, quienes pedían beneficios económicos a cambio de opacar la Comisión de Transparencia.
Aunque es paradójico y casi enfermizo que Bobby despida de la Comisión de Acceso a la Información a dos “sospechosos” de proporcionar información.
¿Realmente Bobby despidió a quienes filtraron sus negocios?
Mmm, creo que no.
Roberto Díaz decidió despedir a Darío Delgado sólo porque el señor es muy amigo de dos reporteros de Cambio.
Porque de vez en cuando sale a comer con ellos.
Porque de vez en vez chupa con ellos.
Ése fue el pecado de Darío Delgado: sus amistades —aunque yo sí le recomiendo que busque a personas más decentes.
¿Y Luis Piza?
Ah, pues ese señor es asistente de Josefina Buxadé, quien, según la torcida imaginación de Bobby, es responsable de la campaña negra que sufrió en distintos medios de comunicación.
¿Y para qué?
El objetivo es que Josefina Buxadé no sea la próxima comisionada presidente.
Ni Dios lo quiera, piensa Bobby, y le sigue Toñito Acevedo.
No pueden permitir que Toñito quede pobre, sin sus comisiones que recibe del gobierno, que pierda su influencia política —ja, ja, ja, ése fue mal chiste, pero eso piensa él—, y que por fin exista una verdadera Comisión de Acceso a la Información Pública.
¡Chale, Bobby!
Me das vergüenza.
Para ilustrar mejor el cotorreo que se trae Bobby en la CAIP, ahí les dejo un correo bastante interesante. (Respeto la redacción original de éste):
“Lo ocurrido la semana pasada en la Comisión para el Acceso a la Información Pública comprueba que la institucionalidad y la poca seriedad en el trabajo de la mayoría de sus integrantes dejará para este año su reputación plenamente por lo suelos, y es que su presupuesto asignado de casi 12 millones sólo ha servido y servirá para los intereses personales de quien integran, lo que se ha dado en llamar ‛pleno’.
Roberto Díaz se encargó de hacer uso de la imagen de la institución para sus fallidas intenciones, tanto de ser magistrado como de querer imponer a Francisco Fierro Sosa como nuevo comisionado propietario, el ‛uno dos’ decía este par. Díaz Sáenz, al enterarse de que la promesa o ‛atole con el dedo’, que le había dado algunos integrantes del Congreso para su frustrada magistratura en el TEE, se iba a bajo, aseguraba al interior de la Comisión que ‛el Congreso se la tenían debida’ y que su casi hermano Fierro Sosa sería el nuevo integrante de la comisión, con la intención de salvarle la chamba. Pues qué doloroso es dejar de ganar casi 80 mil pesos, sueldo que él se impuso cuando logró convencer a los otros dos comisionados de que deberían de percibir un salario como ‛secretarios de estados’. ¿Sabe usted cuál es el sueldo de los integrantes de los institutos de la transparencia en el país? Hasta o casi menos de 50 mil pesos, en Puebla se sirvieron con la cuchara grande. El despido injustificado o ‛renuncia voluntaria’ de dos trabajadores la semana pasada no habla más que de la prepotencia y la altanería con que este personaje, que se dice prócer de la transparencia, se movió en los últimos meses. Estos dos trabajadores, Darío Delgado, comunicólogo con amplia experiencia y profesor de periodismo de la UIA así como Luis Piza, ex Udla y analista de la Comisionada Josefina Buxadé tuvieron un único fatal delito, ser colaboradores cercanos y amigos personales precisamente de Josefina Buxadé, la única de los integrantes del Pleno que piensa con la cabeza y no desalinea con las deslealtades políticas de sus compañeros Antonio Juárez y Roberto Díaz. Este último los acusó de filtrar información que atentaba a sus intereses personales…’ el león cree que todos son de su condición” Se imagina usted la cara de Díaz Sáenz al enterarse que su propio secretario particular era quién filtraba toda la información de sus prebendas, acciones y cabildeo político a los círculos más cercanos del poder y a los propios medios de comunicación. El despido de los colaboradores de Josefina Buxadé fue solo el pretexto para amarrar todos los conflictos que se traen estos personajes con su vida personal y sus intereses, queriendo tomar a la CAIP como rehén. Por lo visto, Buxadé no será presidenta y la CAIP se acabó. Díaz Sáenz va con todo en estos Díaz que le quedan de vida Después de todo lo que hemos visto, ¿creerán que esa Comisión será útil al servicio del estado? De querer ser la mejor, es la peor de las instituciones, nunca habíamos visto tal nivel de tráfico de influencias y prepotencia, bueno ni en el escándalo Lydia Cacho ¿Dónde está señor secretario de Gobernación?
Cuentan las malas lenguas que el propio gobernador Marín lo esta pensando seriamente. Roberto Díaz, que debió procurar que la transparencia por lo menos contribuyera a mermar la difícil imagen a la que se enfrentó la administración estatal hizo exactamente lo contrario, se ensoberbeció y reto prácticamente al ejecutivo queriendo comprar favores y tramitando resoluciones a los casi escasos recursos de revisión y así al poner en jaque a sus instituciones. Pero hay que tener cuidado, el temible Francisco Fierro, que a su paso por las instituciones, ha dejado un lastre irritable y costoso para los ciudadanos, desde Ciudad Juárez hasta la propia CAIP, será el enemigo acérrimo de Josefina Buxadé y el aliado incondicional de Díaz Sáenz, ese que por cierto fue a pedir ‛hasta’ un juzgado al poder judicial, como última alternativa para no quedarse sin chamba. Finalmente quiero agradecer a los diputados por no dejarnos en manos de estos bandidos, ni en el Tribunal Electoral con Díaz Sáenz ni en la propia CAIP con Francisco Fierro. El desprecio y los adjetivos con que Díaz Sáenz se expresa de los medios de comunicación finalmente victimaron su vida profesional, que lamentable que su prestigio este por los suelos”.
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