Herencia Maldita
En lo poco que va de su administración, Felipe Calderón Hinojosa ha demostrado una singular capacidad de hacer suyas varias “taras malditas” del sistema político prianista poniendo en práctica diversos vicios heredados, no sólo propios de su ideología yunquista, sino también de la corrupción implícita en los gobiernos priístas.
Me explicó: poco antes de asumir la gerencia de la república, Calderón Hinojosa recurrió al viejo vicio priísta de asumirse como líder de partido y de exigirles a sus correligionarios una total obediencia a sus mandatos, algo que – hasta el momento – parece haber obtenido. Con ello, Calderón Hinojosa envió al cesto de la basura la exigencia panista de separar las actividades gubernamentales de las partidistas.
Otra “herencia maldita” del sistema priísta asumida con singular alegría y rapidez por Calderón Hinojosa es la de manipular el aparato de justicia, como hizo al tenderle una celada al dirigente de la APPO, Flavio Sosa. Cabe recordar que, en su momento, el gobierno estatal del PRI hizo lo mismo con Rubén Sarabia Sánchez, Simitrio, y demás dirigentes de la UPVA 28 de octubre.
Es una tradición priísta manipular a la supuesta justicia, para beneficiar a los cercanos y fregar a los enemigos. Mario Marín Torres se dio vuelo haciéndolo el año pasado contra Lydia Cacho y Martín Barios, luchadores sociales a los que metió a la cárcel por instrucciones de algunos de sus amigos empresarios
Así, mientras Marín Torres no dudó un minuto en poner a disposición de sus benefactores de campaña a una periodista y a un dirigente social incómodos; Calderón Hinojosa le cumplió el “capricho” a sus aliados priístas no sólo sosteniendo en el cargo a Ulises Ruiz, sino reprimiendo al movimiento social que desnudó las tropelías del oaxaqueño.
Ambos se basaron en argumentos legaloides, para cumplir las encomiendas de sus aliados, pero ninguno llegó al fondo del asunto. Marín Torres no ha mostrado un interés real en combatir la pederastia, pese a los continuos señalamientos de la existencia de ese problema y tampoco ha investigado la moralidad o legalidad de los negocios de Kamel Nacif.
La misma actitud facciosa y fascista muestra Calderrón Hinojosa, que sigue sin investigar los crímenes y abusos de los seguidores de Ulises Ruiz Ortiz. Ni siquiera la plena identificación de los homicidas del camarógrafo americano llevó a la detención de los funcionarios ulisistas que intentaron (e intentan) aplacar a los oaxaqueños a golpes.
Algunos analistas piensan que Calderón Hinojosa forzará la salida de Ulises Ruiz en enero, una vez que el PRI haya accedido a aprobarle su presupuesto de Ingresos y Egresos y, aunque esto es posible y deseable, se ve poco probable que lo haga, ya que ha demostrado una gran intención de fortalecer el amasiato prianista y de pagar generosamente a quienes le hicieron el favor de reconocerlo como “presidente”.
Estas similitudes en sus maneras de ejercer el poder permiten entender claramente por qué son tan profundas las relaciones de complicidad y contubernio entre el PRI y el PAN. Queda claro que mal gobiernan igual, abusan igual, manipulan, tuercen las leyes y reprimen de la misma manera.
Taras económicas
Pero Calderón Hinojosa no sólo reproduce las taras del PRI, sino también las del PAN. Enemigos de los indígenas y de la educación pública, el gobierno panista siguió con la tradición foxista de reducir las partidas a los pueblos autóctonos y las universidades públicas, como recientemente lo denunciaron el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, y diversos analistas económicos.
Así, mientras el rector de la UAP, Enrique Agüera Ibáñez, fue uno de los primeros en sumarse a la cargada priísta poniéndose al servicio de Calderón Hinojosa; el panista retribuyó el favor enviando a la Cámara de Diputados una propuesta de presupuesto de Egresos que lesiona a las instituciones públicas de educación superior, algo que – hasta el momento – nadie de la universidad poblana ha denunciado, quizá, para no salirse de la línea entreguista impuesta por Marín Torres.
Pero el proyecto económico calderonista no sólo golpea a las universidades públicas – y con ello a las clases populares del país, a los jóvenes que aspiran a un mejor futuro basados en el estudio -, sino también a los pueblos indios, a quienes pretende reducir el presupuesto y a los que dejó en indefensión al forzar la renuncia de Xóchitl Gálvez.
En el área social, una de las pocas funcionarias foxistas que, a diferencia de Ana teresa Aranda Orozco, terminó bien evaluada fue Xóchitl Gálvez; sin embargo, Calderón Hinojosa antepuso sus fobias personales y partidistas y la obligó a dimitir al presentar un proyecto económico que claramente demuestra que entre sus prioridades no se encuentran los indígenas.
Con ello, los pueblos autóctonos del país no solamente dejarán de recibir una buena parte del escaso apoyo que recibían en el foxismo, sino que perdieron a una de sus pocas defensoras reales y, seguramente, ahora tendrán que soportar como supuesto “enlace” con el gobierno federal a un burócrata panista que poco hará por defenderlos y que solamente los utilizará para promoverse políticamente y para intentar legitimar a una administración que – de suyo – los desprecia al considerarlos menos importantes.
Estocada
Y hablando de educación superior, es notorio que los rectores de la UAP y UPAEP se mimeticen usando el discurso de la “calidad, los logros y el reconocimiento”, cuando resulta que ninguna de las dos instituciones se encuentra entre las primeras 10 del país, como lo refleja la Guía Universitaria 2006, que pone a la cabeza a la UNAM, en segundo lugar al Tec de Monterrey, en tercero al IPN y en cuarto a la UIA.
El quinto sitio es para la Universidad Autónoma de Guadalajara, seguida de la de Monterrey, La Salle, la UAM, la de Baja California y Chapingo. Ni modo, la simulación ha dejado de ser exclusiva de los políticos poblanos y se extiende al ámbito académico
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