“Qué asquerosidad es esto”
La semana pasada, se especuló mucho con la posibilidad de que el gobernador habría negociado su permanencia en el poder con la derecha representada por el PAN, la cúpula empresarial y el gobierno federal. Este rumor fue tan fuerte que el gobierno estatal tuvo que salir a atajarlo.
Nada extraño sería que quien ha tomado al estado de Puebla como rehén de su permanencia política traicione al partido que lo llevó al poder. Tampoco puede descartarse que los mismos panistas que han obtenido varias gubernaturas y alcaldías por medio de la negociación, insistan en concretar una nueva “concertacesión” que sumiría a Puebla en un mayor atraso político, ya que implicaría retroceder a los tiempos del salinato.
Los resultados electorales de este domingo permitieron corroborar la certeza del rumor: sí se concretó la negociación, ya que la derrota del PRI en la contienda por la presidencia, por las senadurías y varios distritos del interior de la entidad comprobaron que la estructura gubernamental operó contra el partido que le dio origen.
La historia electoral del estado de Puebla marca claramente que, mientras en la capital se vive una cerrada competencia electoral entre el PRI y el PAN desde hace más de 20 años, en los distritos del interior (con excepción permanente de Atlixco y ocasional de Tehuacán y San Martín Texmelucan) el tricolor mantenía su hegemonía.
Por ende, al perder el priísmo las cuatro demarcaciones electorales de la capital, puede ser interpretado como algo lógico tomando en cuenta que en los procesos del 2000 y 2003 ocurrió lo mismo, porque el votante en la ciudad es más exigente que el del interior y el PAN tiene una presencia fuerte que, en ocasiones, no le alcanza para ganar, pero que siempre le garantiza un número importante de adhesiones.
Sin embargo, en el resto de la entidad el contexto electoral es (o era, antes del caso Cacho) muy diferente, ya que solamente en Atlixco el panismo tiene una influencia importante y permanente, mientras que en los demás sus triunfos han sido escasos, esporádicos y coyunturales.
Además, la escasa fuerza individual en la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa le impedirá al gobierno (a través del PRI estatal) autojustificarse diciendo que los venció “el carisma” o la “buena imagen” del aspirante del PAN.
Por ello, una vez pasado el 2 de julio y después de la debacle electoral del PRI en Puebla, será interesante escuchar al grupo político estatal dando explicaciones acerca de su fracaso.
En el estado de Puebla, perder la presidencia, las senadurías y entre 8 y 10 diputaciones significa, simplemente, la peor derrota del PRI en su historia, sobre todo si se toma en cuenta que se sufrió una debacle en distritos considerados priístas. Ni en 1995, ni en el 2000, 2001 o 2003 el tricolor perdió como este domingo en que se convirtió en segunda fuerza política en la entidad.
Las imposiciones de candidatos, la exclusión a priístas importantes (Rafael Moreno Valle y Benita Villa Huerta), las traiciones y disputas al interior del PRI le cobraron al partido y a sus militantes una factura muy cara, que no se sabe si se pagó ayer o seguirá vigente hasta las elecciones del 2007 y 2010.
También será curioso ver a los diputados federales del PAN defender a Mario Marín Torres en el siguiente Congreso de la Unión, cuando se plantee la posibilidad de juicio político.
Incluso, se puede especular con qué pensarán los muchos panistas que viven en la ciudad de Puebla y que salieron a marchar contra el gobernador las veces que su partido los convocó, cuando vean que el albiazul sigue haciendo mutis ante el resolutivo de la SCJN que, posiblemente, sea adverso al mandatario.
Claro, tampoco se puede descartar la posibilidad de que la derecha traicione al góber que, a su vez, traicionó al PRI, a Roberto Madrazo Pintado y a los demás candidatos priístas sacrificados, para que él se mantenga en el poder los cuatro años y medios que le restan a su gestión.
¿Y si el supuesto pacto de Mario Marín con el PAN incluye la gubernatura?. Esta opciónno puede descartarse del todo, ya que su sola permanencia le da al panismo elementos permanentes de descalificación, de críticas y genera irritación en un sector representativo de la sociedad.
¿Qué harían los priístas con el mandatario que está dispuesto a encabezar la “transición” y concretar la alternancia?. ¿Se atreverán a rebelarse, a oponerse a la concertacesión y al entreguismo o seguirán plegados a su llamado líder moral?. Son cuestionamientos importantes, porque de su respuesta depende el futuro político, económico y social de la entidad.
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