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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com

 

 

 


 

 
MMT; tan cerca del PAN y tan lejos de MBD

El fin de semana pasado, dos políticos importantes estuvieron de visita en  Puebla.  Ambos tienen en común ser damnificados del 2 de julio, ya que tanto Andrés Manuel López Obrador como Manuel Bartlett Díaz fueron  derrotados por la extrema derecha en las pasadas elecciones presidenciales.


En su visita, López Obrador no dijo nada nuevo, solamente confirmó que  Mario Marín Torres concertacesionó con el PAN el resultado de la contienda  presidencial en los distritos de la entidad, a cambio de su permanencia en  el cargo. La aplastante derrota del PRI, el silencio cómplice panista en
torno al Maríngate, el entreguismo priísta en el Congreso local y el predominio empresarial en las decisiones gubernamentales le dan la razón al ex jefe de Gobierno del DF.


La presencia de Bartlett Díaz en la entidad permite efectuar algunas  reflexiones, comparaciones entre su papel como gobernador y el que está ejerciendo Mario Marín Torres. Al respecto, queda claro que, pese a que ambos emanaron del PRI, sus administraciones son cada vez más divergentes, contrastantes.


Veamos: mientras Bartlett Díaz es una figura política nacional por su  trayectoria, su rol como gobernador, senador y defensor del PRI; Marín Torres solamente alcanzó notoriedad en el país por la difusión de su  participación en el complot contra Lydia Cacho, ya que es un personaje eminentemente local (sin que ello sea negativo cuestionable).


Mientras el ex senador es un férreo crítico de la ultraderecha y se ha opuesto a ella desde hace 10 años; el ex presidente municipal de Puebla está coludido con el Yunque para mantenerse en el poder a cambio de
legitimar a Felipe Calderón Hinojosa.


En su momento, a Bartlett Díaz le reprocharon sus muchos detractores ser demasiado priísta y usar el gobierno para fortalecer a su partido y hostigar al PAN. En contraste, no son pocos los priístas que se quejan (desde luego en corto, no se atreven a hacerlo públicamente) del olvido en que el actual mandatario dejó a su partido durante las pasadas elecciones federales.


Manuel Bartlett le quitó a la derecha los recursos públicos que manejaba con el membrete de la Junta de Mejoramiento Material, Cívico y Moral de Puebla, mientras Mario Marín le dio a la cúpula empresarial (y con ello al PAN) el control del dinero recabado con el ISN.


Como gobernador, Bartlett Díaz reconoció públicamente que designaría como  dirigente estatal de su partido a quien – en ese momento – consideraba su mejor operador político, el entonces secretario de Gobernación, Mario Marín Torres, quien años después ha usado al PRI como cementerio de elefantes,
donde sus amigos sin experiencia, capacidad ni vocación juegan a la política.


En una acción condenable, el ex mandatario utilizó la estructura estatal y  el Congreso local, para hostigar al ayuntamiento panista de Puebla, solamente por provenir de un partido diferente al suyo. Hace 10 años fueron históricos los pleitos mediáticos y económicos entre Manuel Bartlett Díaz y Gabriel Hinojosa Rivero, quienes llegaron a dirimir sus controversias hasta en la SCJN.


En una actitud igualmente deleznable, funcionarios estatales (como Javier López Zavala, Gerardo Pérez y Darío Carmona) mantienen una campaña permanente de activismo y descalificación contra el gobierno municipal de Puebla, con la diferencia de que el actual ayuntamiento emanó del PRI.


En 10 años más, seguramente, las disputas entre los gobiernos estatal y municipal actuales llamarán la atención de una manera más notoria que las de Hinojosa Rivero vs Manuel Bartlett. Incluso, se usarán como muestra de que las administraciones emanadas del mismo partido no necesariamente pueden trabajar de manera conjunta y respetuosa.


Hace 10 años, el congreso local modificó la ley Estatal de Aguas y creó la llamada “ley Bartlett”, para quitarle atribuciones legales y recursos a la administración municipal panista. Hoy, diputados locales como Juan de Dios Bravo, Raymundo Atanasio Luna, Miguel Ángel Cevallos López, entre otros, se
han erigido como los principales detractores del gobierno de la capital.


Uno reconocido y otro abucheado

Siguen las diferencias: mientras Manuel Bartlett Díaz usó el gobierno para beneficiar a su partido, Marín Torres utiliza su investidura para maniatar al PRI. En la segunda parte de su sexenio, el ex gobernador rompió con la IP propanista y le declaró la guerra mediática, política y electoral; en tanto que el actual mandatario tardó poco más de un año en cederles al PAN y a la derecha una buena parte del control político, económico de la entidad y todo indica que está más que dispuesto a cederles la plaza sin
luchar.
Cuando acabó su sexenio, Bartlett Díaz todavía tenía un futuro político al interior del PRI. No le alcanzó para ser candidato presidencial, pero sí para ser senador y jugar un papel importante como contrapeso del foxismo y el PAN, porque entre los priístas tradicionales tiene un importante liderazgo moral y política. 


En contraste, menos de dos años después de asumir el cargo, el actual gobernador sólo aspira a terminar su sexenio gracias a una componenda con el panismo y, por lo menos en el futuro cercano y mediano, nadie en su sano juicio apostaría a que podrá permanecer en la vida pública de la entidad o el país, una vez que concluya su gestión, ya que acarrea un severo cuestionamiento social.


 Entre los priístas tradicionales, incluyendo algunos muy desprestigiados como el ex gobernador de Quintana Roo, Mario Villanueva Madrid, Bartlett Díaz finalizó su sexenio siendo calificado como una “fortaleza” para su partido. Después del 2 de julio y hasta ahora, ningún dirigente o representante nacional del PRI le ha dado el mismo distintivo al actual mandatario.


Ya fuera del poder gubernamental, Manuel Bartlett es aplaudido cuando visita la capital del estado, mientras que – todavía en el cargo – Marín Torres sufre abucheos y rechazo en muchas de sus presentaciones públicas.


Medios nacionales como Azteca o Proceso entrevistaban frecuentemente al ex gobernador, para contrapuntearlo con Ernesto Zedillo y cuestionarlo sobre la situación difícil que vivía el PRI nacional. El actual gobernador tiene que darle 20 mdp a Televisa, para que efectúe un evento populachero y lo
ayude a limpiar su imagen. 


En vista de todo lo anterior, queda claro que ni siquiera hay puntos de comparación entre el ex gobernador y el ex edil de Puebla que, en la contienda interna por la candidatura presidencial del PRI en el 2000, hizo que su ex maestro arrasara en la ciudad.

 

 

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