Saldos del foxismo, corrupción e inseguridad
Hace poco más de 6 años, en su campaña electoral, Vicente Fox Quesada y el PAN deshicieron al PRI con un solo elemento: la corrupción inherente al sistema que, supuestamente, sería erradicada por el supuesto gobierno del cambio y, con ello, se abatirían la inseguridad pública, la pobreza y muchos de los problemas nacionales que – sin duda – son alimentados por la impunidad.
Hoy, lamentablemente para los mexicanos, se ha comprobado que la corrupción está tan arraigada en la sangre, en la mente y en el actuar de los políticos mexicanos que se ha extendido a todos ellos y a sus familiares, sin importar su partido o su posición en la administración pública.
En el rubro de la corrupción, el legado foxista es claro: basta con asumir un cargo en el gobierno, para que la porquería individual se imponga en la colectividad, como lo demostró el hecho de que el hoy ex presidente y su esposa encabezaron uno de los sexenios más corruptos en la historia del país.
Con los hijos postizos de Fox haciendo negocios con los gobiernos de varios estados y el Fobaproa, con el gobernador panista de Morelos, Sergio Estrada Cajigal ligado al narcotráfico y protegido por la SCJN, con la hoy legisladora por el PAN Carmen Segura dando un manejo clientelar a los recursos del Fonden, con Luis Pazos regalando dinero público para comprar tangas.
Y con Guido Belasso e hijo repartiendo el territorio nacional y ganando jugosas comisiones, con la Lotería Nacional financiando a empresas privadas, como Banamex y Televisa y con el propio presidente y el CCE evidenciados como delincuentes electorales sin sanción por el tribunal electoral federal, el foxiato solamente puede pasar a la historia como uno de los periodos más oscuros en la historia nacional en lo que se refiere al ejercicio moral y ético del poder.
Y las cifras y organizaciones internaciones así lo marcan: en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, México descendió del lugar número 51 que ocupaba en 2001 al 75 en 2006 (de un total de 163 naciones), lo que quiere decir que la administración foxista fue más corrupta que la de Ernesto Zedillo y que la alternancia en el poder no generó mejora alguna en ese sentido.
Para ejemplo un botón: la “fundación” Vamos México, que no existía en 2000, admite haber recibido ingresos por 492 millones de pesos entre 2001 y 2005, de los que el Financial Times estima que destinó a diversos apoyos sociales apenas un 30%. La ex vicepresidenta Martha Sahagún ha declarado que ella seguirá controlando absolutamente el organismo en el sexenio que hoy inicia, algo que genera sospechas y que refleja que pretende seguir medrando con la asistencia a sectores necesitados.
Según el Índice Mexicano de Corrupción y Buen Gobierno, el año pasado se cometieron unos 115 millones de actos de corrupción relacionados con la prestación de 35 trámites, regulaciones o servicios públicos. Ronnén Waisser, analista de la revista iberoamericana Inter-Forum, estimó que los actos de corrupción le cuestan a México 30 mil millones de dólares anuales (no sólo en compras y obras públicas), lo que representa el 9.5% del PIB y el 15% de los impuestos anuales recaudados.
La corrupción foxista no solamente se basó en lo que los Bribiesca, Martha Sahagún y otros destacados panistas hicieron, sino en sus aliados políticos. Sus acuerdos con lo más desprestigiado del PRI, como Elba Esther Gordillo Morales, Ulises Ruiz Ortiz y Mario Marín Torres, les permitieron a ambos gobernadores y la representante sindical cuestionados mantener sus respectivos cotos de poder, a costa de más de 10 muertos en Oaxaca, del desarrollo económico y social de Puebla y de la peor debacle de la
educación en la historia del país.
Inseguridad, consecuencia de la corrupción e impunidad
Si en la pasada entrega de Duelo de Espadas se había dejado en claro que las cifras oficiales reflejan el fracaso foxista en los rubros de combate a la pobreza, desarrollo económico y generación de empleos y de respeto a los derechos humanos, en ésta también se demuestra que el gobierno del cambio falló en el tema de la seguridad pública.
Cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública retomadas ayer por Diario Monitor señalan que en la administración que ayer acabó (oficialmente, porque extraoficialmente Fox dejó de gobernar desde que se casó con Martha Sahagún) el índice anual de delitos se incrementó más de 20 por ciento respecto al sexenio zedillista.
Así es: en el gobierno del cambio la cifra anual de delitos se ubicó en 89 mil, mientras que con Ernesto Zedillo era de 73 mil. El predominio del narco alcanzó su máximo histórico con 8 mil ejecuciones en 20 estados del país, cuando en el zedillato hubo 3 mil 500 acciones de este tipo de la delincuencia organizada.
El incremento en el consumo de drogas alcanzó el 20 por ciento anual, de diciembre de 2002 a junio de 2006 la población penitenciaria del país pasó de 154 mil a 212 mil 774 presos, lo que significa un aumento del 37.5 por ciento. Esto no implica que las agencias de seguridad sean más eficaces para combatir el crimen, sino que hoy se cometen más delitos que hace 6 años, porque la delincuencia común y la organizada siguen actuando con total impunidad, sin freno, como lo reflejan los múltiples hechos de
violencia que todos los días se recogen en los medios informativos.
Pero la inseguridad pública no solamente se resume al crimen organizado. Los delitos del fueron común también están a la orden del día, ya que la irritación social causada por un gobierno federal frívolo e insensible, el desempleo, la marginación y la impunidad alentada desde las esferas más altas del poder nacional han generado un clima de inseguridad generalizada y, por ende, de zozobra ciudadana.
En resumen, Vicente Fox pasará a la historia como un excelente candidato, un abnegado esposo, un católico fanático de sus obligaciones religiosas, un panista férreo ocultador de las sinvergûenzadas de sus correligionarios; pero también como un presidente pésimo, como un hombre que cedió el poder a su esposa, como un delincuente electoral, un corrupto, alguien que fracasó como mandatario y que se convirtió en uno más de los errores históricos de los mexicanos a los que decepcionó.
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