Precioso y caro
Ayer (lunes), Reforma publicó una investigación que comprueba lo que todos los ciudadanos ya sabíamos: la rapacidad de los gobernantes mexicanos no tiene límites y se demuestra con sus jugosos y no devengados salarios.
El texto de Reforma deja muy claro que 19 de los 32 gobernadores mexicanos, incluido desde luego el de Puebla, reciben salarios superiores al ingreso promedio de los 50 mandatarios estatales estadounidenses. En pocas palabras se confirma que mientras el pueblo mexicano es pobre, su clase gobernante es rica, insultantemente rica.
Entre los cinco gobernadores mexicanos mejor pagados hay dos panistas, dos priístas y un perredista. Mario Marín Torres tiene un salario de 156 mil dólares anuales, que lo ubican en el top ten de los gobernantes sobreremunerados; para ser más precisos, en el noveno sitio, pese a que ni de chiste la entidad es la novena más desarrollada o con menos marginación.
El sueldo de Marín Torres es más del 50 por ciento superior al promedio salarial de los mandatarios estatales americanos (101 mil 420 dólares). Gana mil dólares anuales menos que el gobernador de Pensilvania y 20 mil dólares menos que los de Nueva York y California.
¿Se pueden comparar los niveles productivos, económicos y sociales de Nueva York, California y Pensilvania con el de Puebla?. Es evidente que no, que las condiciones de pobreza y marginación del estado convierten el sueldo gubernamental en algo injustificable, en un insulto para los poblanos.
Pero el salario del gobernador de Puebla no solamente resulta estratosférico en comparación con los sueldos estadounidenses, sino también con los mexicanos. Veamos: el DF tiene una población de 8 millones 720 mil 916 personas - según el INEGI - y Alejandro Encinas tiene un sueldo 86 mil 367 dólares anuales.
En Jalisco viven 6 millones 752 mil 113 mexicanos y su mandatario, el criticado Francisco Ramírez Acuña, recibe 64 mil 215 dólares anuales. La población de Veracruz es de 7 millones 110 mil 214 personas y el sueldo de su gobernador, Fidel Herrera Beltrán, es de 99 mil 790 dólares.
En contraste, Puebla cuenta con 5 millones 383 mil habitantes y Mario Marín gana 155 mil 928 dólares cada año, lo que quiere decir que cobra más por gobernar a menos ciudadanos. En su defensa, alguien podrá esgrimir que el estado se encuentra entre los cinco más poblados del país y tendrá razón, pero también es uno de los siete con mayor nivel de marginación, sólo superado por Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Veracruz y Veracruz.
La conclusión es clara: el sexto estado con mayor marginalidad del país se da el lujo de tener al noveno gobernador mejor pagado. La indignación crece si se toma en cuenta que entidades con mucho mayor nivel de desarrollo, como Nuevo León o Jalisco, cuentan con gobernadores que les cuestan menos a sus ciudadanos.
Y en este contexto es necesario hacerse varias preguntas: ¿la eficiencia, eficacia y los resultados de Mario Marín superan por el doble a lo realizado por Alejandro Encinas? ¿Por qué el tercer estado más rico de México, Nuevo León, “sólo” le paga a su gobernador 122 mil 059 dólares anuales y Puebla le da al suyo casi 30 por ciento más?, ¿habrá alguna relación causal y directa entre los pueblos pobres con gobiernos ricos y viceversa?.
Rapacidad injustificable
La voracidad de la clase gobernante mexica no solamente se refleja en sus elevados y desproporcionados sueldos, sino también en que no desquitan lo que cobran; es decir, sus resultados a favor de la ciudadanía son ínfimos en comparación a lo que cuestan.
En el caso de Puebla, a poco menos de dos años de gestión, los resultados reales, concretos de la administración marinista son discretos e irrelevantes, por decirlo de manera amable. Lejos del autoengaño en que frecuentemente caen los altos funcionarios, las cifras son preocupantes, como lo señaló el delegado en Puebla de la Secretaría de Desarrollo Social, Pedro Plaza Montaño, al asegurar que 154 de los 217 municipios de la entidad son de alta marginación.
Además, datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO) ubican a Puebla como una de las entidades con alta marginación, al mismo nivel de San Luis Potosí, Yucatán, Tabasco, Campeche, Nayarit, Zacatecas, Michoacán y Guanajuato.
Números oficiales marcan que el 24 por ciento de la población en Puebla ocupa vivienda con piso de tierra, mientras que el 64 por ciento de la población ocupada gana hasta dos salarios mínimos, cuando el promedio nacional es de 51 por ciento. Como se puede constatar claramente, la situación social y económica de Puebla no justifica el salario primer mundista de su gobernador.
En contraste, estados que el CONAPO ubica en la marginación media, como Tlaxcala, Morelos, Sinaloa, Durango, padecen a mandatarios que reciben salarios menores al de Mario Marín Torres. Peor aún: varios estados con marginalidad baja (Colima, Jalisco, Sonora, Chihuahua y Baja California Sur) también pagan a sus mandatarios menos de que en Puebla.
Cuatro de las entidades del país tienen niveles muy bajos de marginación: DF, Coahuila, Baja California y Nuevo León. En tres de ellas (DF, Coahuila y Nuevo León) los mandatarios estatales tienen salarios menores al de Mario Marín, pese a que – en teoría - las condiciones económicas de sus gobernados les permitirían ganar más.
En pocas palabras, la clase política de Puebla es un ejemplo nítido de lo que sucede en el país: un pueblo pobre, paupérrimo, con un gobierno rico, insultantemente rico. ¿Hasta cuándo aguantará la mayoría de la gente y qué hará para cobrarse la afrenta?, son las preguntas que definirán el futuro político y social del país.
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