¿QUÉ PASÓ?
¿Qué pasó? Es lo que se pregunta la mayoría de los poblanos y en particular uno, que habita en Los Fuertes, y que desde hace más de siete meses no duerme bien. Ahora nuevamente ha pegado el grito en el cielo por la ineptitud de sus funcionarios. Un poblano que desde pequeño soñó con gobernar este estado y cuando lo logró se dio cuenta que su sueño se convirtió en pesadilla. Aquel que pensó que por ser rey, los vasallos (léase: TODOS los demás) serían incapaces de atreverse si quiera a cuestionar su enorme poder y mucho menos desafiarlo. Acertó, se trata del gobernador Mario Marín, el góber precioso, como diría Carlos Loret de Mola, “el señor gobernador”, como diría Zavala, “Marín” (a secas) como lo conocen la mayoría de los poblanos.
Lamentablemente para la causa marinista, “El rey de los fuertes” regresó esta semana a los primeros lugares de popularidad del “top ten” de los escándalos políticos nacionales, y todo cuando se creía (o creía él) que la pesadilla había terminado.
Hace apenas ocho días dábamos cuenta del impresionante dispositivo de seguridad que se preparaba para cuidar a Marín durante la tradicional ceremonia del Grito del 15 de septiembre en el Palacio Municipal. El operativo fue todo un éxito. Zavala (quien estuvo al frente en todo momento de la organización del operativo) demostró que también puede con las encomiendas importantes, que no solamente sabe “hacer chambitas sucias” (como la absurda operación de llevarle “vecinos molestos” a Doger para arruinarle su evento, ¿lo recuerda?), sino que también es capaz de realizar trabajos de logística, seguridad e inteligencia de mayor nivel...
Hubo de todo: priistas apoderándose de las primeras filas, tres grupos musicales para opacar los chiflidos y mentadas, gente de Gobernación “monitoreando”, policías vestidos de civil, civiles vestidos de policías, bomberos “por cualquier contingencia”, escoltas del gobernador disfrazados de “organizadores” (esos tipos mal encarados con facha de rudos que pertenecen al “Estado Menor Confidencial” marinista) ,en fin, no se les fue ni un sólo detalle, es más, imagínese qué tanto cuidaron al gobernador, que hasta francotiradores hubo en la azotea del Palacio Municipal, y no precisamente con resorteras. ¿Esa es la confianza y la seguridad que el gobernador dice tener del afecto de los poblanos? ¿Así o más protegido?
Pero bueno, al final, mal que bien, la libró el gobernador. ¡Una vez más!, al igual que en el desfile del 5 de mayo, al igual que en la ceremonia del CENHCH, al igual que cuando va al fútbol, al igual, al igual, al igual... al igual que todos los eventos en los que se presenta desde el 14 de febrero, su equipo de seguridad se encarga de que existan las condiciones óptimas.
Así pasó el gobernador el fin de semana, esperando ansiosamente a que llegara el lunes para celebrar con sus incondicionales (que no su burbuja, porque no es lo mismo) el mítico fallo de la Suprema Corte de Justicia, y que, según le habían hecho creer, sería favorable para su causa.
Todo estaba listo: el lugar (casa Puebla), la champaña (Moet Chandón), los invitados (Marín, familia, Zavala, Valentín, y Ricardo Velázquez), la estrategia (preparar el mensaje de agradecimiento a los poblanos que confiaron en él).
Para ese momento, todo era júbilo y alegría en el campamento marinista. Los integrantes de la “burbuja” (los nuevos, los viejos y los expulsados) no cabían de emoción. Los lamebotas periodistas del marinismo (léase Enrique Núñez, Ricardo Morales y compañía) sobra decirlo, prestos daban cuenta a los poblanos del poderío de Marín que había terminado por imponerse a los débiles argumentos de los ilusos ministros, además claro que se apresuraban a cobrar la factura por su apoyo “incondicional” mostrado en sus prostituidas columnas.
Todos se frotaban las manos imaginando el futuro promisorio que (suponían) estaba por llegar. Las “chaquetas mentales” estaban a la orden del día. La soberbia empezaba a despertar, y en la mente de más de un marinista se confabulaba el plan de contraataque: “Ahora sí van a ver esos pinches dogeristas ojetees, creían que nos íbamos a ir pero se la pelaron. Y el jefe se las va a cobrar una por una, igual que a los pinches azules, ahora sí van a ver...”
De pronto algo pasó, algo que ninguno de los soñadores marinistas imaginó, algo que terminó con tan peculiar escenario de jolgorio, algo que no estaba previsto en el guión que había preparado el flamante consejero jurídico: Marín recibió con enfado la noticia de que los ministros de la Suprema Corte habían desechado la propuesta de dictamen que declaraba la falta de pruebas contundentes en la violación de los derechos humanos de la periodista Lydia Cacho, y con el cual se pretendía exonerar a Marín. ¿Qué pasó entonces? Eso es justamente lo que se preguntó Marín y les preguntó a sus ineficientes operadores jurídicos, que ante el enojo de su jefe, no pudieron más que callar y poner cara de regañados.
¿Cómo entender este “fallo” de la Corte? ¿No que ya estaba todo arreglado? ¿No que Marín saldría absuelto? ¿No que no habían elementos jurídicos? ¿Entonces porqué otra investigación? De no haber elementos, ¿no cree que la Corte hubiera desechado este asunto desde el principio? ¿Entonces? Vayamos por partes:
Evidentemente hubo irregularidades en la detención y posterior traslado a la ciudad de Puebla de la periodista Lydia Cacho; irregularidades ya sea por parte de quien giró la orden de aprensión, de los propios elementos de la policía judicial, o bien de quien los mandó a detenerla, es decir, o la Procuradora o Adolfo Karam, no lo sé (de hecho es parte de lo que se está investigando), pero de que hubo irregularidades, claro que las hubo, eso no está a discusión, simplemente a investigación. Ahora, el asunto detonó a partir de la nefasta conversación entre el gobernador Marín y el empresario Kamel Nacif, porque de que hablaron, hablaron, y de que dijeron lo que dijeron, claro que lo dijeron ¡No me chinguen!
Ahora bien, hasta aquí el asunto se encuentra trabado por dos aspectos, uno jurídico y otro político:
1.- El problema jurídico.
El gran dilema que tienen los ministros de la Corte es si toman en cuenta la nefasta llamada entre Marín y el empresario para determinar la participación del gobernador de Puebla en la detención de la periodista, y de ahí se desprendería el delito en el que habría incurrido: Abuso de autoridad y tráfico de influencias (en caso de que le haya ordenado a la procuradora que detuviera a la periodista en Cancún), o bien, usurpación de funciones e invasión de poderes (en caso de que le haya “ordenado” a la juez girar la orden de aprensión) que sería lo más grave.
Decía que es el gran dilema que tienen los ministros porque si toman como válida la famosa llamada, estarían sentando un antecedente para futuros casos (jurisprudencia dirían los abogados), es decir, sabemos que en México salvo casos muy especiales (como la investigación de delincuencia organizada por ejemplo, y con la aprobación de la SCJN precisamente), el espionaje telefónico está prohibido, y si partimos del criterio que la justicia debe ser equitativa para todos los ciudadanos (gobernadores, campesinos, obreros, etc), el día de mañana una mujer que sospeche que su esposo le es infiel, recurrirá a la intervención telefónica para cerciorar su sospecha, y no sólo eso, sino que presentará las grabaciones telefónicas del infiel marido como prueba dentro del juicio de divorcio necesario, fundamentándose para ello en la jurisprudencia que dejó el caso Marín-Cacho, en la que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación consideraron como válido un elemento de naturaleza ilegal (la intervención telefónica). ¿Se imagina el desorden jurídico que se armaría?
2.- El factor político.
Para nadie es un secreto que en nuestro país desde hace mucho tiempo, lo jurídico se ve supeditado ante lo político, y este ejemplo (parece que) no es la excepción. Veamos.
El caso del góber precioso es un asunto al que se le puede sacar muchísimo “jugo” (político). Es el ejemplo vivo del viejo gobernante priista corrupto, que vende la justicia a cualquier precio, que mueve sus influencias para favorecer a su amigo empresario que financió su campaña, y que además es intolerante ante la crítica de los pinches medios de comunicación que se sienten “Dios en el poder”. Justamente el prototipo de gobernante que tiene cansada a la ciudadanía, y del cual no quieren volver a saber mas nada. Y si a este patético ejemplo del priismo antiguo lo contrastamos con un “político joven, honesto, firme, de manos limpias y sin nada que esconder”, que nos ofrece castigar a los pocos especimenes del pasado que se niegan a morir, y continúan mientras tanto haciendo negocios oscuros, favoreciendo a poderosos industriales, seguramente nos inclinaremos más por la segunda opción en caso de tener que votar para escoger a nuestro gobernante, ¿no cree? Pues ese fue precisamente el “jugo” que le sacó el PAN al asunto Marín-Kamel durante el pasado proceso electoral, sin embargo, como he dicho en otras ocasiones, el maringate todavía tiene muchísimo “jugo” que exprimir, por lo tanto, sería una tontería acabar con la gallina de los huevos de oro que tanto le redituó (y le redituará) a los intereses de quienes hoy por hoy gobiernan este país.
Felipe Calderón sabía (desde que era candidato) que el balón estaba de su lado, y con esa seguridad le ofreció un pacto a Marín: “me apoyas, te apoyo”. Marín sabía que no estaba en condiciones de exigir, es más, ni de negociar, sólo de aceptar: “Es eso o la destitución, y eso si quieres, eh” —debieron ser las palabras que le hiciera el operador de Calderón a Marín—.
El acuerdo se dio, incluso trascendió en los medios como “El pacto de Atlixco”. El tiempo pasó, Marín traicionó (a su partido), Felipe ganó. Marín, sonriente y aliviado, confiaba únicamente en el cumplimiento de la palabra de “su amigo”. De pronto llegó lo que todos conocemos: la publicación de unas llamadas de Kamel Nacif (¿otras?, se preguntó Marín alarmado), sólo que ahora con el coordinador de los diputados priistas, Emilio Gamboa Patrón, y todo, justo antes de conocerse el fallo de la SCJN, lo cual, sobra decirlo, alteraba el ambiente de tranquilidad que Marín vivía en esos días. ¿Qué pasó?, se preguntó Marín sorprendido. Nada, sólo que quienes toman las decisiones importantes en este país, aquellos que detentan el poder real y que tienen en sus manos el destino de Marín, decidieron mantener vivo el asunto para “cualquier cosa que se llegara a necesitar”.
El fallo de la SCJN (desfavorable a todas luces para Marín, por más que se intente disfrazarlo), puede ser entendido como un mensaje dirigido a Marín, de que su destino y futuro político (desde hace mucho tiempo) no depende de él, por más que “cabildee” con los ministros, por más espots que lance, por más mensajes que mande es los periódicos, su destino está en las manos de Calderón, de nadie más. O quizá pueda ser entendido como el pago que le hiciera Calderón a Marín por “su apoyo mostrado”, y que él (Calderón) en reciprocidad decidió pagarle aplazando simplemente su agonía, digo, seis meses son seis meses, ¿no?, con todos los contratos de obra pública que se puedan dar, con todas las licitaciones, con todos los diezmos, nada despreciables, ¿no? De ser así, sería tanto como el pago despectivo que le hicieran los fariseos a Judas cuando éste traicionó a su maestro que le dio todo, y a quienes él (Judas) consideraba “sus amigos”.
En fin, intentar predecir el futuro del gobernador Marín es muy complejo. Hay elementos para creer que pueda quedarse, el más fuerte de ellos es que Calderón tiene verdaderamente sometido a Marín, y eso, para un presidente con problemas de legitimidad como Calderón, el contar con 3 gobernadores “controladitos” que no son de su Partido (Ulises Ruiz, Marín y Fidel Herrera), es sin duda un capital fuerte. Por otro lado, precisamente la falta de legitimidad de Calderón lo pueda llevar a emprender una acción importante, de grandes dimensiones, para demostrarle a los mexicanos que su gobierno es diferente y así elevar sus niveles de confianza y aceptación, en tal virtud, podría realizar una cacería en contra del góber precioso, tal y como lo hiciera Salinas con el líder petrolero conocido como “La Quina” (muy poderoso y fuerte en su tiempo) con los resultados que usted conoce. ¿Difícil no?
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