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Poder y política
Manuel Cuadras

man_cuadras@hotmail.com



RUIZ VS. LÓPEZ

 

Falta poco tiempo para conocer al candidato del PRI a la presidencia municipal de Puebla. Los finalistas son solo dos: el ex futbolista  Ruiz Esparza y el funcionario mas poderoso en la historia reciente de Puebla: Javier López Zavala.

 

En el camino quedaron las aspiraciones de otros quienes -al no contar con la gracia divina del gobernador- no tuvieron mas remedio que disciplinarse y aguantar. Algunos con posibilidades y con proyecto definido (Blanca Alcalá) y otros simplemente con chaquetas en la cabeza (Oscar Aguilar).

 

La decisión, al final de cuentas, recae en una sola persona, nadie más: el gobernador del estado. Así ha sido siempre, así es ahora y así seguirá siendo por un buen tiempo. Así de claro y así de simple. Quienes cuenten con el buen ánimo del señor gobernador pueden participar (lo cual no es suficiente para ser el bueno eh), quienes no, de plano quedarán relegados de las decisiones importantes.

 

Mucho se ha hablado de esta mítica fecha que poco a poco se aproxima, y en ese sentido tooooodos hemos hablado (unos de más, otros de menos, unos con fundamentos y otros con disparates) de lo que será la elección intermedia del sexenio marinista.


Quienes afirmaban prematuramente que no había nada que pelear para el PRI y que el PAN arrasaría fácilmente la capital poblana, hoy se dan cuenta que quizá no le sea tan fácil a los azules ganar como pensaban; quienes pensaban que el efecto precioso iba a sepultar el proyecto político de Marín, hoy se dan cuenta que el gobernador tiene mas vidas que el propio Silvestre y quienes afirmábamos (e incluso apostábamos) que Zavala regresaría al Congreso vía pluri, hoy nos damos cuenta que tiene buenas cartas en su baraja y que también sabe jugar a distraer a los ingenuos medios de comunicación.

 

En efecto, la política es cambiante y dinámica, y más en un estado como el nuestro en el que los políticos han tenido que ajustar sus planes de acuerdo al escándalo del momento.


Un ejemplo de lo anterior es precisamente el del delfín del actual gobierno. Veamos.

 

Javier López Zavala inició el sexenio con un poder impresionante, más que ninguno de sus antecesores en los últimos tiempos, no pocos fueron los analistas que lo llamaron vicegobernador y no estaban nada alejados de la realidad. Nadie quería tener de enemigo a Zavala y muchos se rebajaban vilmente para convertirse en sus “amigos”. Así, desde subordinados, secretarios, diputados y hasta empresarios se apostaban a las afueras de su oficina esperando horas para ser recibidos y besarle la mano a “Don Zavala”.

Lo mismo priístas decentes (Stamattio) que priístas nefastos (Rojas Flores), lo mismo melquiadistas (René Lechuga y Victor Giorgana que alcanzaron la mano bendita de Zavala para vivir en el presupuesto), que priístas sin más padrino que el erario (Hernández y Genis y Oscar Aguilar, quienes suplicaban por no salir de la nómina).

 

Fue así como comenzó la idea de convertirse en el próximo jefe de la familia. Sabedor de su incomparable poder y sobre todo de su total cercanía con el gran tlatoani, Zavala fue madurando la idea que para ese momento todos sus falsos amigos ya tenían en mente: Zavala gobernador.


Para ello necesitaban una estrategia, un plan, un proyecto, y surgió entonces el famoso “PROYECTO Z”, aquel que tanto ocultaron y tanto negaron sus creadores cuando éste columnista lo hizo público, pero de que existe, existe y de que está documentado, lo está.

 

El proyecto tenía como primer meta la presidencia municipal de Puebla en el 2008, para de ahí alcanzar la gubernatura en el 2011. ¿Quién sino Zavala podría lograr lo que los melquiadistas no pudieron?


El motor estaba encendido, los amarres listos y los líderes apalabrados, sin embargo, el primer gran escándalo del sexenio llegó y con él un viraje a los planes marinistas (y por ende a los zavalistas). Con la debacle que sufrió la imagen del gobierno estatal, resultaba ilógico mandar a pelear al mejor gallo (por bueno que éste fuera) frente a un doberman hambriento que en ese momento representaba el lydiagate. Fueron meses de shock y de parálisis en la administración de Marín, que para ese momento se caracterizaba más por los errores y escándalos que por las acciones y beneficios.


El tiempo pasó y las heridas se fueron sanando, los errores olvidando y Marín se volvió a sentir un gobernador poderoso; con ello, recordó que tenía una jugada lista para ejecutar antes de que todo terremoto tirara sus piezas del tablero, una jugada que coronaría a un peón (al mas fiel de todos los que ha tenido) para consolidar el poder de la corona y recompensar así los años de servicio y lealtad de aquel noble escudero. ¿Su nombre? Javier López Zavala.

 

Evidentemente las circunstancias ya no eran las mismas. El terremoto –aunque superado- dejó secuelas, una de ellas son los 13 puntos que tiene el PRI de desventaja frente al PAN para la alcaldía de Puebla, otra es que su delfín –debido a la atención que requería el manejo de la crisis- dejó de promocionarse, por lo tanto de crecer, por lo tanto de acercarse a su objetivo. Otra secuela (quizá la más importante de todas) es que su alumno más destacado, se volvió también el más odiado por sus demás compañeritos de gabinete, quienes cansados de tanta humillación, de tanta soberbia y tanto desprecio, vieron a Zavala como alguien vulnerable al que se le podía derrotar si se unían contra él. ¿Recuerda usted la famosa reunión del Chimichurri? Fue la expresión mas elevada del antizavalismo al interior del gabinete. Sin embargo, a pesar de ello el “PROYECTO Z” siguió en pie, a pesar de las grillas, a pesar de las enemistades, a pesar de los 13 puntos abajo, a pesar de todo, en el corazoncito del Secretario de Gobernación, sigue latiendo fuerte la idea de seguir la ruta trazada por su mentor años atrás: SEGOB – PRESIDENCIA MPAL – CASA PUEBLA.


Obvio, todo con la buena venia del señor gobernador. ¿No me cree? Analice usted esto: Primero hay que partir del hecho de que nada en este Estado se mueve sin la autorización del gobernador, luego entonces, el hecho de que actualmente sean solo dos aspirantes a la Presidencia Municipal por el PRI no es casualidad, fue producto de una estrategia de polarización muy sencilla: generar en la mente de la ciudadanía (en este caso los priístas) que el abanico de posibilidades para postular a un candidato se reduce únicamente a dos (Roberto Ruiz Esparza y Javier López Zavala), nadie mas, de ahí la reunión (hecha pública cuando debería ser algo en corto) de Ruiz Esparza, Kawaghi y Meneses, de ahí las recientes declaraciones de Zavala y de ahí el jalón de orejas a Don Max por intentar abrir el abanico a otra carta más (cuando dijo que los dos candidatos que al él le agradarían serían o Ruiz Esparza o Blanca Alcalá, ¿lo recuerda?) ¿Lo ve? Como dirían en mi pueblo, “Aquí solo hay de dos sopas, y una ya se acabó...”

 

Ahora bien, una cosa es que el PROYECTO Z continúe, que cuente con la bendición del gobernador y otra muy distinta es qué pueda ganar. Como lo hemos analizado en este mismo espacio con anterioridad, ¿no fue lo mismo que le pasó a Nacer en 2001? ¿No existía el proyecto de hacerlo gobernador (haciendo escala en la Presidencia Municipal)? ¿No contaba igual con el apoyo del gobernador? ¿Entonces? ¿Qué le haría pensar a Zavala que las cosas pueden ser distintas con él?


Esa es justamente la duda máxima que alberga el aún Secretario en su mente, motivo de todos sus insomnios y temores.


También hay -en efecto- cosas que se diferencian del anterior proceso que pudieran beneficiar a Zavala, veamos:

 

PRIMERO.- MARÍN NO ES MELQUÍADES. Una de las causas por las cuales perdió Carlos Alberto Julián y Nacer (quizá la principal) fue porque el entonces responsable de sacar adelante la elección en el municipio (Marín) no operó a favor del candidato del PRI, y no lo hizo por una sencilla razón, porque no era su candidato. Marín, el Marín de hoy, el que es gobernador hoy en día se sabe muy bien esa historia y no está dispuesto a jugar el papel de perdedor que le tocó a Melquíades (ni Zavala el de Nacer), para ello se blindaron desde el principio creando una estructura MUNICIPAL para que en caso de que el hoy encargado de sacar adelante la elección el municipio, es decir Doger, decida no operar a favor del candidato del hoy gobernador, el proyecto continúe a pesar del bloqueo (cosa que no hicieron los anteriores).

 

SEGUNDO.- RUIZ ESPARZA NO ES MONTERO. A pesar de que al paso del tiempo Montero se desprestigió enormemente, en su momento el delfín de Marín para sucederlo en la presidencia municipal, su poderoso Secretario General del Ayuntamiento, gozaba de buena imagen y aceptación entre la militancia, quienes preferían al funcionario municipal como abanderado, sobre la imposición del gobernador Melquíades, el gris Julián y Nacer.
Actualmente el Presidente Municipal no tiene una carta propia (como Montero lo era de Marín) para apostar en la interna, lo cual aminora los riesgos de una posible fractura pre electoral entre ambos mandatarios, y con ello disminuyen las posibilidades de que Doger se quede cruzado de brazos al más puro estilo marinista.

 

TERCERO.-  A diferencia de hace seis años en que, Acción Nacional postuló un candidato fuerte, que se impuso en la interna a un débil Pancho Emelhainz, para esta ocasión todo indica que el débil Toño Sánchez Díaz de Rivera, se impondrá a la candidata fuerte Ana Teresa Aranda, y es que con todo respeto y guardando las proporciones, no es lo mismo mandar a pelear al dubitativo Nacer contra el feroz Luis Paredes, que al Secretario de Gobernación más poderoso de los últimos años, frente a un gris candidato, sin discurso definido y  de torpe dicción.

 

Menuda decisión tiene Zavala frente a sí, por un lado, arriesgarse en una elección donde puede perder TODO: proyecto, trayectoria, imagen etc (como Montero) o ganar el partido más importante y clasificar de manera directa a la final (como Marín).

 

 

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