Última Oportunidad y desaire
En los hechos, la definición de la lista de candidatos del PRI a regidores representa la última oportunidad de alcanzar la unidad y el consenso internos, ya que en política los compromisos deben ser concretos, con nombres, apellidos y tiempos. De lo contrario, prevalece la simulación, que en muchos casos le ha pasado una factura importante al PRI, como en el 2001, cuando la imposición cupular de Carlos Alberto Julián Nácer generó una fractura intestina priísta que permitió el triunfo del yunquista Luís Paredes Moctezuma.
Tres años después, los acuerdos internos entre los grupos más importantes permitieron al PRI postular buenos candidatos, para retener la gubernatura, recuperar la alcaldía de Puebla y mantener una cómoda mayoría en el Congreso local, que – a su vez – cobijó legal y políticamente al mandatario durante el caso Cacho.
En este 2007, la postulación de una aspirante supuestamente externa a las dos corrientes más importantes del partido, el marinismo y el dogerismo, abrió la puerta de los acuerdos básicos que, de ser reales, le permitirían al tricolor ser competitivo y tener una oportunidad de revertir un panorama preelectoral francamente negativo.
Sin embargo, en política es difícil llegar a acuerdos y resulta contradictoriamente fácil deshacerlos, por ende, cualquier movimiento erróneo o incumplimiento se puede traducir en una nueva ruptura que termine de sepultar al PRI, no sólo en el 2007, sino también en el 2010.
En este contexto y una vez elegidos los candidatos a la presidencia municipal y a las diputaciones locales, resulta claro que el paso siguiente es la lista de aspirantes a regidores. Y el problema no es que todos quieran y se sientan con derecho de presionar y meter mano, sino que algunos ven el listado como una oportunidad de concretar revanchas, exclusiones y abusos de poder.
En consecuencia, siempre está latente el riesgo de que la candidatura de Alcalá Ruiz sea secuestrada por algún grupo, que la utilizaría para apuntalar sus intereses futuros y aniquilar a los demás. Dependerá de la propia nominada ser rehén de alguna tribu o ponerse por encima de ellas, conciliar con todas y dar a cada una el peso específico que le corresponda.
De lo contrario, la inclusión simulada provocará una cohesión interna simulada, que sería la última piedra en el ataúd del partido. Y como lo reconoció la propia Blanca Alcalá el domingo, una derrota - sobre todo si es aplastante - en la contienda intermedia dejaría al partido en condiciones muy adversas para la disputa por la gubernatura, porque no solamente deberá enfrentar el desgaste natural y/o exacerbado de un gobierno saliente, el propio desprestigio del PRI y de toda la clase política, sino que también jugarán en su contra el ejecutivo federal, el alcalde de la capital y, posiblemente, un Congreso local con mayoría panista.
Estocada
Llama la atención el desaire que importantes funcionarios estatales le hicieron el domingo al evento de su partido. Parece que aprovecharon la ausencia obligada y justificada de su jefe, que estuvo en un evento nacional del PRI, para hacer un deslinde público de lo que suceda en la elección.
Pese a que era domingo y a que todos los candidatos que competirán por el PRI en la ciudad recibieron su constancia formal, ningún funcionario del gobierno estatal con influencia política y/o partidista se dignó a acudir al evento. Esto envía una mala señal en lo referente a la unidad interna.
Llama la atención, sobre todo, el desaire del secretario de Gobernación, Javier López Zavala, porque ya colocó a sus allegados en el equipo de la candidata y postuló a varios aspirantes a diputados locales. En consecuencia, debería aprovechar el día de descanso apoyando a sus enviados.
También fue notoria la inasistencia del titular de Sedesol, Alejandro Armenta Mier, porque se supone que aspira a la primera diputación plurinominal del PRI para encabezar a la próxima fracción parlamentaria priísta. Por ende, su presencia le hubiera permitido comenzar a ganar un liderazgo que, por lo visto y de concretarse, será más por imposición que por aceptación de los encabezados.
De continuar, estedeslinde zavalista podría generar un contexto político bastante curioso, en el que un grupo priísta impone candidatos y operadores electorales, a los que después no apoya y abandona a su suerte, a menos que la ausencia generalizada de ayer se haya debido a que había cosas más importantes qué hacer o a alguna negativa de acudir al Teatro de la Ciudad.
El hecho concreto es que el gobierno estatal, la actual mayoría priísta del Congreso local y hasta la supuesta representación tricolor en el Tribunal Superior de Justicia desairaron un evento importante de su partido. Las razones se conocerán en el mediano plazo.
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