Ladran, otra vez
Envalentonado por un nombramiento que lo recluye en el mismo lugar en que estaba hace más de tres años, Omar Álvarez Arronte retomó su activismo propanista arremetiendo contra uno de los pocos activos que le quedan al PRI en el municipio, la gestión del ayuntamiento y, en especial, del edil Enrique Doger Guerrero.
Aunque la dirigencia y candidata del PRI tienen razón en señalar que los problemas entre ambos son de origen personal, lo cierto es que el alcalde no cuestionó el nombramiento de Álvarez Arronte y se limitó a decir que respetaba las decisiones del gobernador, sin entrar al tema.
Entonces, ¿por qué Álvarez Arronte se suma a la campaña de Antonio Sánchez Díaz de Rivera, del cuñado incómodo Juan José Rodríguez Posada y del PAN contra el ayuntamiento de Puebla?, ¿hay alguna relación entre las mordidas del titular del Cobach con el llamado a la “unidad” que ayer hiciera el coordinador general de todas las campañas habidas y por haber del PRI, Javier López Zavala, y con el fallo ambiguo de la SCJN en el caso Cacho?.
Queda claro que en política no hay casualidades y que el encargado del COBACH no se manda sólo y, por el contrario, recibe línea. También es cierto que la embestida solamente beneficia al blanquiazul y que se da, precisamente, cuando en la opinión pública y publicada comenzaba a permear que el PRI repunta en las intenciones del voto recogidas en encuestas y la confirmación de que el panismo eligió a un pésimo candidato.
Como se advirtió hace algunos meses en este mismo espacio, en el entorno político hay elementos reales, señales claras, que generan sospechas fundadas de que un sector importante del PRI estatal le apuesta a la derrota al utilizar el resultado de la campaña como moneda de cambio con el hoy líder real del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, en el caso Cacho.
El activismo propanista de Álvarez Arronte confirma esta versión, pero no es el único elemento que lo hace, sino que también el permanente intento de excluir a dogeristas reales (no a un saltimbanqui como Humberto Vázquez Arroyo) de los primeros lugares en la lista de candidatos del PRI a regidores demuestra que no existe la intención real de generar la unidad interna necesaria, para que el priísmo tenga alguna posibilidad de competir por la ciudad de Puebla.
Además, la insistencia del priísmo estatal en torno a que lo importante en la elección es mantener la mayoría en el Congreso local, parece llevar el mensaje implícito de que no importa perder en la capital, porque “solamente” tiene 6 de los 26 distritos. Esto explicaría que el supercoordinador de todas las campañas orqueste las descalificaciones contra una administración priísta usando a uno de sus títeres.
El abierto desinterés de la dirigencia municipal del PRI por fortalecer lo poco que queda de la estructura partidaria es otra señal de que o no se intenta ganar o no se cree que se pueda triunfar, pese a que el PAN da señales claras de vulnerabilidad. Pero el tricolor no podrá aprovecharlas, con un “líder” obsesionado con una regiduría plurinominal.
El debilitamiento crónico de Díaz de Rivera, reconocido incluso por panistas como Jorge Ehlinger, Francisco Fraile y Violeta Lagunes, encendió las voces de alerta entre los priístas que le apuestan a la derrota de su propio partido. Por ello, decidieron darle oxígeno a la campaña del blanquiazul sometiendo a la administración municipal a una dosis de fuego amigo, para que la ciudadanía recuerde las miserias y contradicciones del priíismo tradicional que representa el propio Álvarez Arronte.
Estocada
Dos semanas atrás, toda la cúpula patronal – encabezada por Juan José Rodríguez Posada – se lanzaba contra el proyecto de los parquímetros satanizándolo. Hoy, el contexto es bastante diferente, una vez que, pronto, los otrora seguidores del “cuñado incómodo” se dieron cuenta de que los estaba usando en beneficio de la campaña del cada vez más debilitado Antonio Sánchez Díaz de Rivera.
A esto se debe que el cuñado incómodo se esté quedando solo en su campaña contra el ayuntamiento y el gobierno del estado, ya que lo mismo arremete contra los parquímetros que contra las medidas con que la Secretaría de Desarrollo Económico intenta atraer a nuevos inversionistas.
Lo malo para él es que su guerra privada-electoral no es apoyada – al menos abiertamente – por los demás organismos empresariales con representatividad, cuyos líderes evaden la manipulación política y optan por asumir una actitud prudente e institucional ante los proyectos gubernamentales.
El aislamiento en que paulatinamente cae Rodríguez Posada lo sufrió en el 2004 Rogelio Sierra Michelena (¿quién se acuerda de él?), cuando usó a la Coparmex, para justificar los recursos que le dio a la campaña del panista Francisco Fraile García por la organización de un seudo debate.
Es común que el cuñado incómodo siembre divisionismo y discordias a su paso, incluso, entre las filas empresariales, como ocurrió cuando se autoimpuso como presidente del CCE cometiendo un fraude electoral contra Arturo García Migoya y varios ex representantes más del propio organismo, a quienes “venció” con el voto de “afiliados” inexistentes o desaparecidos y obligó a conformar el COE en protesta por la antidemocracia y exclusión de que fueron víctimas.
Incluso, Rodríguez Posada es un contumaz e impune violador de las leyes electorales nacionales, locales y empresariales, lo hizo al autoadjudicarse el usufructo del CCE, lo repitió en el 2006 haciendo campaña claramente ilegal contra el candidato de la Alianza por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, y ahora lo repite al efectuar un claro proselitismo a favor de su debilitado familiar, Antonio Sánchez Díaz de Rivera.
Lo que llama la atención es la permisividad de IFE y del IEE, que supuestamente tiene la obligación de castigar las campañas ilegales. También es notorio que los demás miembros del CCE consientan el uso político que el cuñado incómodo da al organismo, pese a que – supuestamente – no debería tener fines electorales.
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