¿A quién incomoda Blanca Alcalá?
Las señales son claras y preocupantes: candidatos priístas a diputados por la capital desperdigados, sin identidad partidaria, sin unidad discursiva, propuestas concretas ni compromisos claros con los diversos sectores sociales, pese a que las encuestas les dan posibilidades reales de no sólo de competir, sino también de ganar.
Al mismo tiempo, el fuego amigo daña las campañas de algunos contendientes del PRI, como hace la funcionaria estatal Libertad Aguirre Junco en el distrito V contra Mallinali García, como lo informó este lunes el respetado columnista de El Sol de Puebla, Jorge Rodríguez Corona.
En este contexto cabe preguntarse ¿a quién incomoda Blanca Alcalá?, ¿quién puede estar interesado en boicotear internamente su campaña y por qué?. La respuesta es que varios priístas podrían hacerlo, empezando por los que aspiran a la candidatura a gobernador y no quieren competir con alguien que podría ser la alcaldesa en funciones y con recursos.
Sin embargo, no todos los precandidatos del PRI a la gubernatura se encuentran en posición de tirotear la campaña de su partido, ya que la mayoría intenta hacer frente a los ataques o críticas cotidianas inherentes a su función pública y al fuego amigo, que ha sido una constante en los años recientes. Veamos:
Jorge Estefan Chidiac trata de recuperar la confianza y legitimidad entree los demás diputados federales priístas, después de que los analistas locales y nacionales lo ubican más cercano a Felipe Calderón Hinojosa que a la justicia social pregonada por su partido.
Ocupado por un buen cierre de gestión que le permita mantener vivas sus aspiraciones futuras y seguir dejando una imagen favorable en la ciudadanía, Enrique Doger Guerrero también deberá capotear los ataques del fuego amigo y las traiciones de ex allegados.
Pese a su plurinominal asegurada, Valentín Meneses Rojas también enfrenta un panorama complicado por las disputas internas, ya que no sólo debe luchar por mantener el liderazgo partidista, sino que los resultados del 11 de noviembre serán un referéndum directo a su trabajo como operador político. Ese día se definirá si sigue a la zaga del zavalismo o si toma el liderazgo interno en la llamada “burbuja”.
A punto de concluir su beca legislativa y sin conflictos políticos o laborales graves qué resolver, Pericles Olivares Flores podría ser el precandidato más tranquilo, pero su bajo perfil, la falta de resultados como diputado y el hecho de que parece no haber lugar para él en el gabinete son carencias importantes.
No se puede negar que Javier López Zavala también enfrenta un contexto interno difícil ante su pérdida de poder y de interlocución ante el gobernador, porque no es lo mismo ser secretario de Gobernación que candidato a diputado y/o presidente del Congreso local. Existe una diferencia notoria en recursos económicos, humanos, materiales y margen de maniobra política entre estas posiciones.
Y a pesar de que queda claro que los precandidatos naturales del PRI al gobierno viven situaciones políticas y coyunturales complicadas, solamente uno de ellos puede dañar internamente la candidatura de su partido: López Zavala, que como coordinador de todas las campañas de su partido al Congreso local, ha sido incapaz de darles coherencia, rumbo y unidad.
Las fallas del “supercoordinador general” pueden deberse a incapacidad o boicot. No hay otra: o no puede ser el operador que le garantice a su partido y al mandatario estatal la mayoría en el Congreso local o no quiere apoyar a la candidata priísta reforzando su campaña con una buena cobertura distrital, que le sume votos a la planilla municipal.
Las sospechas de que el ex funcionario boicotea a su partido – al menos en la ciudad - están plenamente fundadas en su manera personal de hacer “política”, porque lleva dos años y medio promoviendo el fuego amigo contra quien considera que puede disputarle una candidatura priísta a la que él es el único autodestapado: Rafael Moreno Valle Rosas, Mario Montero Serrano, Enrique Doger Guerrero, Valentín Meneses Rojas y muchos más.
No puede descartarse que López Zavala le apueste a una debacle del tricolor en la Angelópolis, para impedir que Blanca Alcalá le dispute la nominación y, al mismo tiempo, culpar al edil y al dirigente estatal del partido actuales de la derrota. Incluso, según su perspectiva y conveniencia políticas, el ex funcionario podría esgrimir que él sí habría ganado y que no pudo competir por cuestiones intestinas.
Bajo la lógica zavalista de querer ganar la candidatura no por ser el mejor, sino por el exterminio de los adversarios internos, él sería uno de los “beneficiados” de la derrota. Por ende, su olvido y desinterés hacia los aspirantes a diputados son parte del llamado “proyecto Z”.
Lo que esta visión miope de la política no quiere aceptar es que el 2010 pasa necesariamente por el 2007, porque una debacle en la elección intermedia dejaría a todo el priísmo cercado por un presidente de la república y edil panistas y le reduciría severamente el margen de maniobra político – electoral, debido a que confirmaría que el actual régimen es el de la entrega del poder.
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