Brindis…
Con absoluta admiración me encontré con que ya se inauguro el Distribuidor vial 475.
Mucho se va a decir sobre la obra.
Será cuestión de unos días para saberlo.
Por lo pronto, se retrasó la inauguración.
Se dijo que estaría listo el año pasado.
Pero bueno, no es para espantarse. En la política hay muchas cosas que son inexplicables.
Veamos:
Cuando escucha el amable lector que alguien renunció por motivos de salud, lo que menos debe creer es que el involucrado se irá directo a un hospital.
Cuando alguien diga que no va, invariablemente irá.
Cuando alguien dice que hay que esperar los tiempos del partido, su declaración irá acompañada del “destape” como candidato.
Cuando dicen que son institucionales y que están en el partido correcto, será hora de buscar a qué siglas estarán representando.
Que si el grupo musical hace la gira del adiós, es que no se retira.
Que si el “Pana” realiza su última faena en la Plaza México, es que seguro lo veremos de vuelta. Por cierto, el famoso torero aparece cada cinco minutos en distintos programas de televisión.
Ya que entramos al mundo taurino, mención aparte para el brindis del “Pana”.
Memorable, me dejó sin palabras.
Era el segundo toro de esa tarde tan exitosa.
El “Pana” se acerca al micrófono en la transmisión de televisión y dice:
“Quiero brindar este toro a todas las daifas, mesalinas, meretrices, prostitutas, suripantas, putas, todas aquellas que saciaron mi hambre y mitigaron mi sed cuando “el Pana” no era nadie, que me dieron protección y abrigo en su pecho y en sus muslos”.
Ni el brindis del bohemio ha logrado llenar de lágrimas mis ojos.
Ese es brindis y no pedazos.
Seguramente, el brindis de millones.
Con todo esto, el “Pana” es mi ídolo.
¡Salud!
En resumen, todo lo anterior es como las grandes mentiras del mexicano: la última y nos vamos, llego en 5 minutos y nomás la puntita.
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Este lunes escucharemos el Segundo Informe de Gobierno de Mario Marín. Será como una boda de esas que, cuando la novia ya tiene siete meses de embarazo y no quieren que “se note”, realizan la ceremonia en tres cuartos de hora y sólo se invita a papá, mamá y hermanos (sin novias o novios, porque luego andan opinando) y nadie más. Así cumples, pero no le haces mucho ruido.
Es decir, en “corto”.
Nomás los cercanos.
Pero eso es lo de menos.
Lo importante será escuchar.
Y una vez que escuchemos, establecer un juicio sobre la labor de la autoridad.
Será en la próxima entrega.
Manuel Frausto Urízar
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