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Dios en el Poder

Selene Ríos Andraca / Héctor Hugo Cruz Salazar

diosenelpoder@hotmail.com

 


 

 

A Betty del Castillo, por todo lo que llevas dentro.

 

 

Porque el convenio no es amor.

 

A comprar a comprar, todo el mundo va comprar. ¿Recuerdan que el periódico Cambio y la revista Contralínea desaparecieron de los puestos de revistas justo cuando se hacía pública la fortuna del rector de la Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Agüera Ibáñez?
En la edición de enero, Contralínea publicó las excentricidades de Agüera: su avión de millones de dólares, sus caballos de colección, su maravillosa hacienda y sus múltiples viajes al extranjero. Y la revista desapareció aquel lunes 8 de enero. Y cuando Cambio tomó el texto de la revista también desapareció de todos los puestos de periódicos. Pero Cambio sufrió más: desde el 9 hasta el 12 de enero, prácticamente no existió, más que en las síntesis que paga el Gobierno del estado.
Y el truco de magia, digno de Beto “El Boticario”, fue orquestado por José Manuel Alonso Orozco, director de la Coordinación de Apoyo Estudiantil, alias “El Oso”.


Crónica de un operativo. Es miércoles, jueves o viernes —del 9 al 12 de enero—, son las seis de la mañana, camionetas blancas de la UAP arriban a Ciudad Universitaria. Un gordito moreno gira instrucciones a los choferes, mientras arriban cerca de 50 estudiantes de la universidad al punto establecido.
Cada jefe de camioneta recibe una lista de los puestos de periódicos que debe de visitar antes de las siete de la mañana.
Recibe el dinero con el que deberá de comprar cada ejemplar de Cambio y si aún hay cada ejemplar de Contralínea.
Suben a sus camionetas, el jefe junto al chofer, los subordinados en la parte de atrás.
Son las 10 de la mañana en Puebla, es miércoles, jueves o viernes: “ya no hay Cambio, joven, se lo llevaros desde temprano”.

—¿Y si quiero mandarle a mi mamá un ejemplar del 12 de enero?— preguntó un reportero de Cambio a otro.
—Háblale a Damián (Hernández) o al “Oso”, diles que te manden uno.
Señor rector, con todo respeto, ¿en serio cree que sus actos de corrupción desaparecerán como desapareció Cambio y Contralínea?
Jajaja.
Buen chiste, ¡eh!

 

Las bohemias de don Henry o mis reporteros son unos pendejos. A don Enrique Montero Ponce el espíritu navideño y el aniversario de su estación le valen un carajo. El lector número tres de esta seudocolumna nos envió un mail para platicarnos de cómo don Henry abrió fuego contra sus reporteros y los acusó de ser unos “pendejos” en pleno aniversario de Tribuna… ora qué.
(Respetamos la redacción original).
¡Ya ni la jode! —eso lo dijimos nosotros, no el mail—.
 “Un velo de misterio envuelve a los trabajadores de Tribuna Radiofónica, los altos directivos no sólo disfrutan el hecho de comprar a sus reporteros las notas hasta en 20 pesos y los reportajes en 500 pesitos. Lo grave del caso es que a todos los trabajadores de los espacios noticiosos les quitaron las prestaciones del Seguro Social, esas que les corresponden por ley. Ante esta medida, la calidad informativa bajó considerablemente, usted lo puede juzgar escuchando la frecuencia radiofónica 98.7 FM, principalmente en su emisión vespertina. Y es preciso recordar cómo en la fiesta navideña del equipo de Tribuna, celebrada en casa de Jaime García Calderón, socio de Tribuna Radiofónica, don Enrique se destrampó y con tanto alcohol en la sangre gritó: todos mis reporteros son unos pendejos”. Fin del correo.
Óraleeeeee, qué fuerte.
Y es que viéndolo bien, don Henry, ¿qué calidad moral tiene para insultar a sus reporteros si usted les paga 20 pesos por nota, 500 varos por reportaje y no tienen seguro ni prestaciones?
Pos también no se ponga exigente.
Por 20 pesos, señor, cualquiera le mienta la madre.
Agradezca que sus reporteros que no le han mentado la madre al aire.
Pues como usted diría, son unos “pendejos”.

 

Alarma pirata. La historia es simple y empezó con un operativo que hizo la Secretaría de Seguridad Pública y Vialidad Municipal al mercado “Jorge Murad Macluf”, alias la “Fayuca”, famosa por amplia gama de piratería, hasta en calzones de Kitty, pues.
Fue el año pasado. Avisaron a medios de comunicación y a policías que el operativo sería en la noche, que sería sorpresa y que decomisarían cualquier artículo “pirata”.
Para fortuna y desgracia de los comerciantes de la “Fayuca” brotó —desde el departamento de prensa de la secretaría— una alarma humana, encargada de avisarles hora y modo del operativo.
Pero nada es gratis en esta pinche vida. Que no que no.
La alarma humana, alias Mónica Rojas, cobraba 5 mil varos para dar el “pitazo” y que los comerciantes pudieran sacar sus artículos no regularizados antes de que la policía llegara.
Pero un día la alarma no cumplió con su tarea.
Y los comerciantes fueron decomisados.
Uno de ellos, desperado, le dijo a los elementos de la policía municipal que no era justo que le quitaran sus cosas, pues él ya había pagado sus 5 mil mensuales.
—¿De qué habla? —le preguntaron.
—Pos vino Mónica Rojas a cobrarme sus 5 mil pesos, yo ya pagué.
Eso ocurrió hace unos ayeres ya, sin embargo, dice el comerciante que Mónica aún se da sus vueltas por la “Fayuca” y aún cobra 5 mil pesos para avisar.
Hay distintas fuentes de dónde surgió el chisme este.
Unos dicen que fue de la boca de un viejo amor malogrado de la actual reportera de una televisora bien famosa.
Pero a nosotros nos lo platicó el comerciante, molesto, porque desde que Mónica dejó la secretaría, ya no le atina a las horas de los operativos.

 

Bienvenido, nene. Está de regreso Héctor Hugo, quien abandonó la columna sin ninguna explicación. Llegó un día de noviembre y me dijo: “Voy por unos cigarros”. Pensé que no lo volvería ver, me dijo lo mismo que le dijo mi tío Pedro a mi tía Estela, hace unos 15 años. Mi tío aún no regresa, pero Héctor Hugo ya está aquí y dice que viene con todo y con varios pendientes. A ver si es cierto.

 

 

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