PURA CALENTURA
Al fin, uno de los cerebros más “brillantes” del gobierno estatal ha iluminado al resto de los poblanos con una explicación de a qué se deben los severos problemas de inseguridad e ineficiencia en la impartición de justicia que han prevalecido en la actual administración.
Fue Hugo Isaac Arzola, el alterego de Legalita en la PGJ, quien ya determinó que en la entidad no existen conflictos de narcotráfico, ejecuciones, corrupción o de delincuencia organizada. No, en Puebla lo que hay es un ¡problema de temperatura, de calentura!, que ha provocado un sin fin de homicidios, la impunidad de un cura pederasta y, desde luego, el intento de complot institucional contra una luchadora social.
Pero empecemos por el principio. Como lo hemos visto a través de los medios informativos, en los meses recientes la entidad ha sufrido una ola de ejecuciones que en cualquier otro estado son consideradas como acciones claras de la delincuencia organizada, pero que en Puebla son, simplemente, manifestaciones de calentura pasional o política.
Así tenemos que en diciembre pasado, según notas difundidas en varios espacios, incluyendo La Quintacolumna, un comando de cinco personas "levantó" al empresario exportador de hortalizas Teodoro Castillo y lo acribilló después en la carretera federal México-Tuxpan, en Xicotepec de Juárez, en la Sierra Norte poblana, Castillo jugaba fútbol en la comunidad de Apapantilla, Jalpan, cuando de repente ingresó al campo de juego una camioneta guinda, de la cual bajaron cinco sujetos que portaban rifles R-15 y pistolas Clock calibre .9, además de granadas de fragmentación.
Los individuos subieron al comerciante al vehículo y salieron del lugar con rumbo a Xicotepec de Juárez. Los familiares que atestiguaron el incidente dieron aviso a la Policía Federal Preventiva que a su vez solicitó el respaldo de la Policía municipal de Xicotepec.
Gregorio Vargas, subdirector de la Policía local, informó que las patrullas 04 y 05 acudieron en busca del comando y una de éstas logró interceptarlo en el kilómetro 111+800 de la carretera federal México-Tuxpan. Sin embargo, en el lugar, los uniformados municipales fueron amagados por los agresores y obligados a recostarse boca abajo a un costado de la carretera, mientras los delincuentes abrieron la camioneta en la que llevaban a Castillo y le dispararon en seis ocasiones.
Por esas mismas fechas, en la ciudad de Puebla fue encontrado el cuerpo de un hombre con un impacto de arma de fuego en la garganta, sentado en su camioneta, en la intersección de las calles 99 Oriente y Privada 16-bis Sur, Colonia Granjas de San Isidro.
En el interior de la camioneta, elementos de la policía municipal ubicaron el cuerpo de un individuo de 45 años de edad, que identificaron como Francisco Martínez Alonso, y quien tenía un impacto de bala en la garganta.
También el mes pasado, de varios impactos de bala fue asesinado el ganadero Alejandro Hernández Amador por dos sicarios, quienes luego de cometer el crimen, dentro de una taquería ubicada en la avenida Lázaro Cárdenas, en el municipio de La Ceiba, se fugaron con rumbo a la colonia Cerro del Tepeyac.
El ejecutado era hijo del ex presidente municipal de Xicotepec, Marco Antonio Hernández de Vega. Alejandro Hernández Amador, de 32 años, originario de Xicotepec y vecino del rancho El Rincón, ubicado en la recta de Zoquiapan del municipio de Jalpan, salió de su finca —a bordo de una camioneta marca Ford tipo Lobo de color vino y gris, modelo 2007, sin placas de circulación— la mañana de este lunes para dejar a sus dos hijos en la escuela Niños Héroes en Villa Ávila Camacho.
Posteriormente, se trasladó a la gasolinera en la salida sur de la población, y antes de ir a su rancho, pasó a una taquería. Fue en ese momento cuando llegaron los sicarios y descargaron sus armas sobre él, por lo que cayó debido a más de una decena de disparos.
Pura calentura pasional y política
Siguiendo con la ola de crímenes, Genaro Téllez Lobato de 26 años de edad, quien era empleado de un rancho propiedad de la familia Islas, fue ejecutado con armas de grueso calibre. Los hechos sucedieron cerca del camino real Pantepec-Vista Hermosa, a unos 600 metros de distancia del río Pantepec, rumbo a la comunidad Vista Hermosa de Jalpan, Puebla.
Después de las 17:00 horas, Genaro Téllez Lobato iba a caballo en compañía de su padre Paulino Téllez Márquez de 50 años de edad, junto a ellos cabalgaban dos personas más, una que era padrino del hoy occiso; y otro era un compañero de trabajo.
Al pasar por un pastizal propiedad de Miguel Cruz Clemente, con domicilio en Pantepec, se escucharon algunas detonaciones y casi en forma inmediata cayó sin vida Genaro Téllez Lobato, quien recibió 21 impactos de arma de fuego y, de acuerdo a la autopsia de rigor, murió por traumatismo craneoencefálico
Y como las notas policiacas lo han informado hasta el cansancio, esta semana fueron ultimados un empleado del SNTE, Sabino Silia; y un espía de Gobernación, Hugo Zárate, el primer asesinato ocurrió en la capital y el segundo en San Andrés Cholula. Los anteriores son algunos de los crímenes que se han cometido y que, por el modus operando, podrían ser considerados como consecuencias del narcotráfico.
Sin embargo, siguiendo la “estrategia” del “aquí no pasa nada”, las autoridades del estado y de los municipios donde ocurrieron los asesinatos han negado una y otra vez que la ola de ejecuciones se relacione con la delincuencia organizada, como si la negación bastara para resolver los conflictos y como si los poblanos fuéramos tan tontos como para creerles a ellos más que a la realidad que vivimos.
Para Puebla, es trágico que el director de la Policía Judicial intente explicar los homicidios y “tranquilizar” a la ciudadanía, diciendo que tienen motivos políticos y/o pasionales, ya que refleja que la dependencia encargada de “solucionarlos” no conoce la realidad o intenta engañar a la misma sociedad a la que debiera proteger, servir e informar con la verdad.
No obstante, ese “razonamiento” oficioso de que la calentura política o sexual ha provocado la ola de ejecuciones, explica a la perfección la ineficiencia con que la PGJ ha solapado al cura pederasta y el cinismo con que se abusó de Lydia Cacho, ya que – según ellas - las autoridades judiciales poblanas no tienen por qué proceder contra un sacerdote que sólo dio rinda suelta a sus instintos carnales.
Mientras, el “coscorrón” que el gobernador y Kamel Nacif dieron a la periodista únicamente se debió a los compromisos que ambos asumieron durante la campaña y a un simple intento de revancha de dos hombres poderosos, que en un momento se “calentaron” contra ella y los demás representantes de la prensa por los supuestos agravios de la misma.
Como puede verse, en la Puebla preciosa de hoy, todos los homicidios, omisiones, fallas y complots gubernamentales son fácilmente atribuibles a un simple problema de temperatura.
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