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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com

 

 

 


 

 

Fortalezas y debilidades del PRI

 

En los próximos días, me permitiré hacer un somero análisis político de los diferentes partidos, para detectar sus fortalezas, debilidades y posibilidades de cara a las elecciones locales del 2007.
Obviamente, las circunstancias electorales y partidistas pueden cambiar (y seguramente lo harán), ya que todavía es pronto para proyectar qué sucederá en noviembre; sin embargo, desde este momento es posible tener una perspectiva y prospectiva que permitan vislumbrar cómo se dará la contienda de este año.

En el caso del PRI, cualquier observador político bisoño puede darse cuenta de que su presunta fortaleza es su principal debilidad, porque tiene a su favor el hecho de que son priístas las principales instancias de poder en Puebla (el gobierno, la capital, la mayoría legislativa y la administración central de la universidad pública), aunque las divisiones internas merman severamente sus posibilidades de triunfo y constituyen su más grande obstáculo electoral.


Como todo mundo sabe, la principal división intestina que el PRI tendría que superar para contar con posibilidades reales de triunfar se da entre los marinistas y dogeristas. Cabe recordar que esta rivalidad surgió en el 2004, cuando el hoy edil Enrique Doger Guerrero insistió en dejar como su sucesor en la BUAP a Enrique Agüera Ibáñez y el actual gobernador Mario Marín Torres quería colocar a Armando Valerdi Rojas.
Es curioso que, menos de tres años después, Agüera Ibáñez se haya convertido en un ariete gubernamental de golpeteo contra quien le cedió la rectoría. También llama la atención que el más importante escollo para que el tricolor retenga el gobierno de la ciudad y la mayoría en el Congreso local sean las confrontaciones internas de los grupos de poder del PRI.


Además de unidad, el tricolor necesita postular a contendientes que no estén plenamente identificados como priístas, para que puedan ser aceptados por una ciudadanía que – pese a las malas administraciones panistas – sigue harta del priísmo tradicional. Aunque el blanquiazul comienza a compartir el desgaste y desprestigio inherentes a los malos gobiernos, el antipriísmo sigue como el partido predominante en la sociedad.


Para revertir el desprestigio del PRI, del “góber precioso” y de candidaturas fracasadas, como la de Roberto Madrazo Pintado, los priístas tendrían que nominar a personajes con buen prestigio social, cuyos antecedentes personales y profesionales soporten la campaña negra que, seguramente, el PAN y la cúpula empresarial y yunquista implementarán.   


En este sentido y pese a la existencia de supuestas encuestas que colocan a Melquíades Morales como el “único” priísta con posibilidad de triunfar en la ciudad, lo cierto es que el 2 de julio pasado quedó más que demostrado que una buena parte de la sociedad ve al ex gobernador como un cartucho quemado, un dinosaurio a quien se le podrían revivir muchas cuestiones malas de su administración, como el hoyo financiero, la quiebra económica en que dejó la entidad, la inutilidad de Ciudad Judicial y la complacencia (o franca complicidad) con Luis Paredes Moctezuma.

 

 

 Aprovechar la atomización panista

No se puede negar que el priísmo va cuesta arriba en la disputa de este año; sin embargo, parece que los panistas están empeñados en descomponerse el panorama a sí mismos, como lo permiten entrever su cada vez más cercana y previsible confrontación interna, el regreso de Paredes Moctezuma, el desgobierno de Felipe Calderón Hinojosa, entre otros factores.


A finales del 2003 y principios del 2004, las circunstancias políticas predominantes permitían proyectar que el PAN no sólo retendría la alcaldía de Puebla, sino que – por primera vez en la historia – podría aspirar realmente a la gubernatura. Sin embargo, las imposiciones de las candidaturas de Francisco Fraile García y Pablo Rodríguez Regordosa y las exclusiones contra Ana Teresa Aranda, Humberto Aguilar Coronado, Luis Paredes Moctezuma y Roberto Ruiz Esparza le descompusieron el panorama.


En esta ocasión, todo apunta a que Francisco Fraile García y el Yunque continuarán adueñándose de las nominaciones y tomando decisiones cupulares, lo que podría ser aprovechado por el PRI, para capitalizar el descontento de los panistas excluidos y llegar a acuerdos con ellos.


Y como ya está más que probado que a los priístas no les alcanza su voto duro para ganar, también deberían analizar seriamente la posibilidad de conformar una verdadera alianza electoral con el PRD, PT, Convergencia y PVEM, porque sólo así podrían enfrentar a un panismo que es la primera fuerza política en la entidad y que, seguramente, contará con el apoyo incondicional (y con los recursos, desde luego) de Felipe Calderón Hinojosa.


Finalmente, es necesario que los grupos de poder priístas encabezados por el gobernador, el edil de Puebla, el rector de la BUAP, entre otros, definan si realmente les interesa que el PRI obtenga un buen resultado en los comicios de este año, debido a que sus continuas controversias internas permiten entrever que algunos (en especial los marinistas) le apuestan a una derrota para continuar entregando el poder a la derecha yunquista.

 

 

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