¡Ah, qué tiempos señor don Simón!
En los años del bartlismo en Puebla, la relación entre Miguel Quirós Pérez y Mario Marín Torres era pésima, malísima. Se miraban feo y se ofendían más. Ahora es distinto con las carretadas de dinero que ofrece Mario Marín y los puestos en la administración pública para que no le sigan correteando con el mote de “precioso”; ahora don Miguelito y Marín son amigos, y se sonríen ampliamente cada que se ven.
Hay que mirar la foto donde ambos personajes aparecen en la inauguración del edificio que alberga el Poder Judicial de la Federación, hasta parece que se llevan de piquete de ombligo.
Usted sabía, por ejemplo, que cuando Miguel Quirós Pérez fue presidente estatal del PRI, se refería a Mario Marín Torres como “un indito”.
Una mejor ofensa que profería don Miguelito al ver el lunar en la frente del ahora gobernador del estado: “La pinche mosca que trae ahí no lo deja pensar… es su interruptor”, y remataba con un tono de preocupación: “Algo tiene que hacer el señor secretario de Gobernación (Mario Marín) para quitarse el pinche lunarcito, su interruptor”.
Miguel Quirós detestaba a Mario Marín por la sencilla razón de que éste era hechura de don Alberto Jiménez Morales en tiempos de Mariano Piña Olaya. Don Miguel y don Alberto nunca se llevaron, pues ambos son ambiciosos de poder, ambos inteligentes y perversos. Nada más que don Miguel sigue disfrutando de las mieles del presupuesto federal, y don Alberto vive de sus viejas glorias del poder.
Miguel Quirós le entregó la dirigencia estatal del PRI a Mario Marín en 1997, y desde esa época hasta hace un año pudieron limar muchas asperezas.
Quirós logró colarse a la Judicatura federal por sus buenos oficios y su relación de amistad que sostuvo —y sostiene— con Enrique Jackson, cuando era líder del Senado, además de su relación con Santiago Creel.
Quirós arropó en ese momento al hijo de don Urbano Deloya: Guillermo Deloya.
Deloya llama “mi maestro” a don Miguel, pues éste encontró en Deloya a un ahijado político.
Lo publicado por el joven MAM —Mario Alberto Mejía— es cierto, ya que develó la neta al asegurar que desde la oscuridad Miguel Quirós es el principal operador de Mario Marín en el tema de la Corte. Nadie se puede chupar el dedo, cuando nieguen la relación entre ambos.
Según fuentes gubernamentales, el año pasado, cuando estalló el escándalo de las grabaciones telefónicas, Miguel Quirós Pérez mandó un mensaje, a través de su sobrino Juan Carlos Lastiri Quirós, al grupo marinista para que se reunieran y así ofrecerse como “su amigo”.
Quirós Pérez buscó que la reunión se realizara en su natal Zacatlán, en casa de su mamá, para ser exactos.
Y ahí, en un encuentro entre Quirós y Marín, se logró que don Miguel impusiera a su ahijado político en el Gobierno estatal. Además de que se aprovecharon las ausencias de Roberto López en la Secretaría particular.
De hecho, don Miguel tiene a dos operadores e interlocutores en Puebla: Guillermo Deloya y su sobrino Juan Carlos Lastiri.
El primero más inteligente que el segundo, pues a Lastiri su imagen de campesino holandés, actitud agachona y arrastrada, no le ayudan en nada.
Para entender las ambiciones de don Miguel
Vale la pena saber que don Miguel Quirós es alguien que vive bien y gusta de vivir bien. Don Miguel ha hecho una fortuna a través de los años. Dicen las malas lenguas que es un fanático de los autos deportivos. Además fue socio de Martin Josephi, ex director de Volkswagen México, en el negocio de los autos de escudería mundial y principal importador de Alfa Romeo.
Miguel Quirós es titular de una notaría de la cual hizo muchos dividendos y en la cual, por cierto, alguna ocasión se vio inmersa en un escándalo fiscal.
Aquí viene la idea de que es preferible que te madreen en la prensa a que Lolita te persiga. Total a la prensa le aceitas el hocico y ya.
Resulta que don Miguel dejó como titular de su notaría al esposo de Blanca Louvier, Juan Manuel Martínez, quien se hizo pato y no pagó sus impuestos, por lo que estuvo en aprietos la notaría que ostenta Miguel Quirós.
Nuestro personaje movió cielo, mar y tierra para no meterse en más problemas legales y financieros. Hábil y cabildero como es, logró detener cualquier acción penal que iniciara la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Además, don Miguel es dueño de una finca de café en Xicotepec, junto a la de su socio Martin Josephi. Quirós, por tanto, es un terrateniente en el estado, con dos ahijados políticos incrustados en el marinismo, y se da el lujo de invitar a Mario Marín y a los ministros de la Corte a la boda de su hija.
Don Miguel es uno de los hombres más ricos de Puebla y todo lo ha logrado gracias a sus cargos públicos.
En 1996, un grupo de empresarios buscó ser el cuarto sector del PRI, La Jornada publicó un cartón donde el entonces presidente nacional Santiago Oñate Laborde decía: “No queremos empresarios para el PRI, queremos al PRI para volvernos empresarios”. Ése es el caso de don Miguel, quien empezó con el mote de “El Tepaches” y terminó convertido en un hombre poderoso en el Poder Judicial federal.
Ya lo dijo don Miguel en otro tiempo al calificarse como jabalí europeo: “Siempre solo, buscando el mejor momento para atacar a su presa”.
Los resabios del Segundo Informe
Qué se tiene que decir del Segundo Informe del góber.
Nada, todo lo dicho fue pura y vulgar pipitilla.
Basura, pues.
Después de saber cuántos estéreos recobraron, me imagine al “Cabo Chocorrol” y a “Mike Goodnes” —personajes del cartonista Helguera— reportando al jefe de la Judicial sus hazañas policíacas.
Imagínese a Mario Marín con gafas oscuras de lente de gota, camisa blanca, corbata delgada que le llega arriba del ombligo, pantalón gris, botita negra, reportando en su informe: “Con la novedá, pareja, que ya recuperamos unos estéreos bien chidos; unos 250, a huéleme los prietos, parejita, en este sexenio somos bien chingones”.
A esa imagen tan grotesca póngale de fondo el tema de “Mágnum” o “Misión Imposible”, o “Miami Vice”; piense en una serie de televisión de los años 80. Y ahora sí verá el cuadro completo. Aunque el estilo de Marín va más para una pieza de música de Chico Che y la Crisis.
Algo claro es que el góber fue honesto, pues no informó nada importante, y eso fue porque no hizo nada importante; es decir, dijo la peritita verdá, me ca´i de madres que sí.
Ya que vimos que se apoyó el cultivo de la papaya maradol y las cebollitas de cambray y que el jitomate que se produce en Puebla es gordo y colorado, es más rico echar la güeva como el gobernador y sus secretarios del gabinete, pues ahí sí todos se hicieron pendejos.
Pobre gobernador, víctima de sus funcionarios, sus empresarios, sus columnistas y sus creadores de imagen pública, quienes lo han convertido en un mecenas, y cada que lo ven le piden que abra su chequera para que le sigan bajando la lana.
Ahora, si se quiere reír un rato, lea otra vez el informe del gobernador Marín y entérese a cuánto está el kilo de cebolla, y vea cómo se recuperan los rines robados y los espejos.
“Pareja, pareja, ya nos chingamos otra lanita pareja”.
Por cierto, el “Cabo chocorrol” no tiene nada que ver con Javier Sánchez Galicia, ése es otro personaje más gracioso.
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