Las Cuitas del Juárez Poblano. El 2006 significó, pese al optimismo marinista, uno de los peores años políticos en la historia reciente de Puebla.
(La verdad es que ha sido el más catastrófico y el más costoso para gobierno alguno).
Veamos.
El arranque del segundo año de su gobierno sorprendió a Guillermo Jiménez Morales con un año electoral marcado por el triunfo de su candidato: Miguel de la Madrid Hurtado.
Cercano como era de José López Portillo, don Guillermo supo entender los mensajes del presidente de la República y vio antes que muchos que su verdadero caballo negro era el muy discreto secretario de Programación y Presupuesto.
Fiel a su estilo, don Guillermo se la jugó por él y le tocó operar electoralmente con los hombres más cercanos al candidato: en particular con Carlos Salinas de Gortari, quien a la postre lo haría líder de la Cámara de Diputados, secretario de Pesca y embajador de México en El Vaticano.
En ese sentido, durante su segundo año de gobierno vivió una auténtica luna de miel con los empresarios poblanos, quienes no dudaron en apoyar a De la Madrid frente al inocente Pablo Emilio Madero, candidato del PAN a la Presidencia.
Eso le trajo a Puebla los mejores dividendos en materia económica y política, por lo que pronto los reflectores nacionales iluminaron a su gobernador.
Seis años después, Manuel Bartlett inició su segundo año con toda la fuerza de la que era capaz y en circunstancias óptimas en materia de inversiones, pues a sus buenas relaciones nacionales sumó sus buenas relaciones con los empresarios poblanos.
Uno por encima de todos: Jorge Espina Reyes, líder por entonces del Consejo Coordinador Empresarial.
Y pese a lo agitado del año político en el país (el surgimiento del EZLN en Chiapas y el asesinato de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas), Bartlett logró sostener a Puebla en niveles de excelencia y pronto llenó los vacíos que en el tema de liderazgo empezaron a proliferar en el país.
Estamos en el año 2000.
Melquíades Morales arranca su segundo año con buenas expectativas pese a los desastres naturales de 1999, cuando tuvo que meterse de lleno en dos tareas fundamentales: la restauración de los edificios históricos dañados por el temblor y la reconstrucción de viviendas afectadas por las inundaciones.
No obstante, Morales Flores logró presentar buenos resultados, lo que le fue reconocido por el propio presidente Ernesto Zedillo en varios foros nacionales.
Eso le dio pie al gobernador par volverse un personaje con atributos políticos excepcionales.
Y así llegamos al 15 de enero de 2006, fecha en la que inició el segundo año de gobierno de Mario Marín Torres.
Conocido como el Benito Juárez de por aquí cerquita gracias a los muchos dineros invertidos en su imagen pública, Marín se presentó a su informe con todo su favor.
Los empresarios, desde entonces, ya le lamían los pies.
Y qué decir de los periodistas y de los políticos locales.
Todos, sin excepción, estaban maravillados del Juárez de la Mixteca poblana.
Vaya: incluso se dio el lujo de invitar a su informe a Sergio Mayer, quien a decir de la periodista Anabel Hernández, autora del libro Fin de Fiesta en Los Pinos, se ha convertido en un facilitador de mujeres bellas y jóvenes para gobernadores y empresarios, incluidos los polémicos hijos de Marta Sahún de Fox.
Y es que Marín estaba en su momento.
Todo le sonreía.
Tanto así que ya casi no estaba en Puebla.
Todo lo atendía, faltaba más, Javier López Zavala, secretario de Gobernación.
Y qué decir de las giras.
Eran tan escasas como las audiencias que daba.
Pero vino la difusión pública de una conversación telefónica privada entre Marín y Kamel Nacif.
Entonces todo se vino abajo.
Y ya nada estuvo bien.
Lo peor es que la figura del Benito Juárez del Siglo XXI se quedó sin muñones, igual que la estatua del Benemérito dañada por el propio gobernador en su natal Nativitas Cuatempan cuando se desempeñaba como subsecretario de Gobernación.
Aunque, hay que decirlo, el pasado de los políticos es como el pasado de las putas y puede ser olvidado con buenas pacas de dinero.
Y a eso es a lo que le apuesta por todos lados Mario Marín.
El problema es que sus operadores de medios (léase Juan Bustillos, Miguel Lerma Candelaria, el Príncipe Xochimilca y Sánchez Galicia) no han sido capaces de borrar de la memoria pública el desaguisado que el gobernador tuvo con Lydia Cacho y menos aún la charla de antología que sostuvo con Kamel Nacif.
Y ahí están dos ejemplos como muestra de ello: el domingo pasado, el caso del Góber Precioso apareció en los resúmenes anuales de Televisa y Televisión Azteca.
En el primer caso el tema fue tratado en cuatro minutos.
En el segundo caso, en ocho.
En las dos televisoras apareció la conversación en la que Kamel le dice a nuestro Benito Juárez “mi góber precioso”.
Y en los dos casos el tema fue objeto –faltaba más- de risa loca.
Es el precio de la fama que tienen que pagar quienes se burlan de la justicia y la manejan a su antojo.
***El Notario de Cancún. El ex gobernador Guillermo Jiménez Morales es un notario feliz.
Y cómo no si su oficina está en Cancún, Quintana Roo.
¿Quién le dio el regalito?
¿Hendrix, el actual gobernador o Roberto Madrazo?
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