Del Teatro del Absurdo al Absurdo Marinista.
Escena Primera: El gobernador se levanta con la noticia de que su vida privada ya es tema de los lavaderos públicos. De inmediato ordena que recojan toda la edición del periódico Cambio para que la gente no se entere. Demasiado tarde: el chisme ya anda de boca en boca y hasta sus chóferes y guaruras lo comentan. Entonces pide que sean convocados a una junta urgente sus más cercanos colaboradores.
Escena Segunda: Mientras el secretario particular cita a los cerebros marinistas, Jessica se comunica con el mandatario y le dice las siguientes palabras: “Mi amor, ¿ya viste todo lo que dicen de nosotros? ¿Qué dijo tu esposa?”. Nuestro personaje le responde con un lacónico “¡No me digas esas cosas por teléfono, pendeja!”.
Escena Tercera: Furiosa, Madame Prada –también conocida como “La Maestra”- habla con una de sus esclavas a sueldo: “Esto es injusto. Yo que tanto le he dado a Puebla… No merezco ser tratada de esa manera”. La esclava responde “sí, maestra” y agrega: “¿No ha pensado en mandarlo a matar?”, en alusión al columnista.
Escena Cuarta: Los cerebros se reúnen en el Salón de Cerebros y dan sus puntos de vista. Un abogado conocido como “cara de pito” opina que se debe instrumentar toda l fuerza del estado para acallar a quien osó tocar a la Familia Real. Otro abogado propone que a través de un grupo de pandilleros se le dé una lección al infeliz “hijo de puta”. Otro cerebro sugiere que se interpongan veinte denuncias por difamación y calumnia, y por extorsión, amenaza y chantaje. Uno cerebro más, el menor de la familia, plantea que los priistas de Puebla hagan un acto de desagravio para limpiar la imagen de su jefe. Al finalizar la reunión, los cerebros salen a la calle y van dejando a su paso un líquido amarillento parecido a la bilis.
Escena Quinta: La seño Rosario habla con nuestro personaje y lo conmina a hacer algo para limpiar su buen nombre: “No te dejes, mi amor. Dale un escarmiento al hijo de la chingada”. Su galán la interrumpe: “¡No me digas esas cosas por teléfono, pendeja!”.
Escena Sexta: El más humilde de los hermanos, Robertito, se queja del lenguaje usado en la columna de marras y niega que tenga “putas personales”. Dice: “Es falso. Todas mis putas son para el uso del pueblo”.
Escena Séptima: Don Chencho le comenta a un compadre: “Mis hijos están pendejos si creen que voy a dejar mi novia. Ni madres. Que se chinguen. Yo de ese palo no me bajo”.
De repente, cae el telón.
El Góber Precioso
La Película de Hoy es Patrocinada por el H. Gobierno del Estado. El domingo 31 de diciembre, Televisión Azteca presentó en uno de sus canales la película “El Padre de la Novia”, con el comediante Steve Martin.
Esto como tal no es trascendente.
Lo que sí lo es es que el patrocinador del churro fue nada menos que el Gobierno del Estado de Puebla.
Sí.
En efecto.
En cada corte aparecía la leyenda: “Usted está viendo esta película por cortesía del Gobierno del Estado de Puebla”.
La duda mata: ¿De qué les sirve a los poblanos que el gobierno de Mario Marín Torres pague millones de pesos para patrocinar la exhibición de una película?
¿Acaso esa acción le beneficia en algo a Puebla y a sus habitantes?
¿Los cerebros del gobernador de veras creen que así lavarán la imagen que le debemos al Góber de marras?
Pero eso no fue todo.
Ese mismo día en ese canal el mismo gobierno patrocinó un programa de chismes y entrevistas.
¿Cuánto se gastó la administración Marín en esos chistecitos?
Lo malo para los felices patrocinadores es que poco después, durante la exhibición del resumen anual de noticias, Javier Alatorre le dedicó ocho minutos –eso sí: gratis- al caso del Góber Precioso.
Lástima de patrocinio.
¿O no, cerebritos?
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