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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


Señales Cruzadas.

Dos personajes destacaron ayer en la visita del presidente Felipe Calderón a Hueytlalpan, Puebla: Humberto Aguilar Coronado y Jorge Estefan Chidiac.
El primero fue el único influyente político que viajó —a invitación de Calderón— con el presidente desde la ciudad de México, vía aérea.
Dicen que aprovecharon para dialogar sobre el interesante futuro político de Puebla y la situación de ingobernabilidad generada por los escándalos de Mario Marín.
El segundo —Jorge Estefan— fue mencionado y reconocido por Felipe Calderón en su discurso por haber impulsado un Presupuesto de consenso.
Ahí están: dos políticos —Humberto Aguilar Coronado y Jorge Estefan Chidiac— que brillaron con luz propia en la primera incursión de Calderón a la entidad.
Qué diferencia de nuestro Góber Precioso, quien tuvo que resistir heroicamente —eso sí— el ninguneo al que lo sometió el presidente Calderón.
Y aunque hoy en varias columnas a modo se dirá lo contrario —del tamaño del elogio es el tamaño del embute—, lo cierto es que Calderón ni siquiera se dirigió por su nombre a Marín.
Vaya: prefirió conversar con el presidente municipal de Hueytlalpan que quemarse con nuestro alicaído gobernador.

 


Aniversarios. El próximo jueves 1 de febrero la Secretaría de Cultura cumplirá veinticuatro años de haber sido creada.  
Cumplirá el que tal vez sea su penúltimo año de vida antes de la muerte prematura que le espera en el 2007, si continúa al frente de la misma ese simulador institucional llamado Alejandro Montiel Bonilla.  
Pero hagamos historia.
Fue el martes 1 de febrero del 1983, en el Salón de Gobernadores y ante el titular del Ejecutivo de ese entonces, Guillermo Jiménez Morales, cuando rindió protesta como primer secretario de cultura del estado de Puebla el profesor Pedro Ángel Palou Pérez. En esa misma ceremonia asumieron sus respectivos cargos, también, Francisco López Hoyos —como responsable de la Comisión de Desarrollo Social y del Consejo Estatal de las Comunidades Indígenas— y el Dr. Guillermo Ruiz Reyes —como titular del Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología.  
La edición de El Sol de Puebla del miércoles 2 de febrero del 1983 reproducía el boletín oficial: “Rindieron ayer su protesta los titulares de nuevas dependencias.
Y más abajo, en el cuerpo de la nota: Tres renovados y modernizados organismos para buscar la transformación integral de la Entidad, en base a la distribución con equidad y justicia de los mínimos de bienestar”.
En esta misma edición apareció una inserción pagada por el Seminario de Cultura Mexicana y firmada por Salvador Lobato y Rodolfo Pacheco Pulido en la que se celebraba el nacimiento de la Secretaria de Cultura de Puebla.   
Por su parte, El Heraldo de México en Puebla, en una nota de Rebeca Romero Pérez, decía: “Cultura, ciencia, tecnología y justicia social para eliminar contradicciones sociales en la Entidad, expresó el Gobernador Guillermo Jiménez Morales durante la toma de protesta de los titulares de los cuatro nuevos organismos creados por la actual administración.
Y mas abajo, una fotografía en la que aparece don Pedro Ángel Palou Pérez con elegante traje gris, corbata guinda, el abundante cabello cano peinado cuidadosamente y el bigote recortado.  
Como dato interesante habría que consignar que cuatro días después de la creación de la Secretaría de Cultura, el rector Alfonso Vélez Pliego rindió, en el auditorio Salvador Allende de la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales de la UAP, su primer informe de labores: “La universidad pública debe ser una palanca eficaz para transformar al país, en este momento histórico debe manifestar sus opiniones y actuar a fin de buscar una salida a la crisis que corresponda al interés mayoritario de la población”.  
En 1983, Alejandro Montiel Bonilla estaba en la escuela  secundaria y seguramente no imaginaba que algún día trataría inútilmente de ser uno de los sucesores de talentos culturales y de la administración pública de la talla de Palou Pérez, Efraín Castro Morales, Héctor Azar y Palou García.  
Nunca, en el curso de su historia, la Secretaría de Cultura vivió días de simulación institucional, desprestigio social y escándalo sexual —y no soy homofóbico— como ahora.  
Por su origen social y cultural, por su falta de mundo y relaciones personales, por su ausencia de sensibilidad social y artística, por sus inexistentes publicaciones, por su exigua formación académica (su currículo es obra de ficción) y por su falta de militancia política, Alejandro Montiel estaba condenado de antemano a hacer el ridículo como supuesto secretario de cultura.  
Es evidente que el gobernador no evaluó correctamente las posibilidades de Montiel quien desde que pretendidamente asumió el cargo de secretario se ha dedicado únicamente a la  simulación institucional y a la Biblioteca Palafoxiana, abandonando el programa cultural del Plan Estatal de Desarrollo.  
Además, su incontinente torpeza verbal es de antología y es causa de continua sorpresa entre los reporteros de la fuente cultural. 
Dicen que basta con ponerle una grabadora frente a la boca para que se convierta en el peor enemigo de sí mismo.  
El próximo 1 de febrero, la Secretaría de Cultura en su cumpleaños número 24 se merece como regalo —faltaba más— otro secretario.  
Vaya: hasta Miguel Campos, el Charro Negro de la cultura, haría mejor papel.
Porque viéndolo bien: “La vida es bien bonita…. Por vida de Dios que sí”.


 

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