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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


El Ejército que Cuida al Gobernador.

Los antiguos déspotas buscaban siempre cobijarse con el mayor número de guardias.
En ese sentido, tenían un guardia para bañarse.
Otro para secarse.
Y uno más para sus necesidades más íntimas.
En otras palabras: entre más guardias tuviera el déspota, más era respetado o temido en la comarca.
En las democracias modernas ese ritual ya no existe.
Y esa cortesanía quedó sólo como atributo de los pequeños caciques de los pueblos bananeros.
Un ejemplo cercano: el estado de Puebla.
Según una fuente de primer nivel, nuestro gobernador está rodeado de una seguridad que el propio Primer Ministro inglés envidiaría.
Juzgue el lector.
La guardia de la Familia Real está integrada de la siguiente forma (únicamente en Casa Puebla):
65 efectivos de la Policía Estatal.
48 elementos en activo de la Policía Judicial.
26 elementos de Seguridad Vial.
72 elementos de la Policía Estatal identificados como Delfines y Cisnes, cuyo trabajo es desplazarse discretamente en círculos concéntricos —vestidos de civil y armados — en torno de algún miembro de la realeza mixteca.
Como equipo vehicular están "comisionados" en Casa Puebla al menos 65
vehículos
, siete de los cuales están blindados.
A estos números hay que agregar a los efectivos que cuidan a las novias y amantes de nuestros personajes.
Un ejemplo: se dice que a Jessica Zamitis la cuidan ocho gatos armados, uno de los cuales va a Superama por las compras menores.
¿Y qué decir de Rosario Gutiérrez?
¿O Madame Prada?
Viva la democracia bananera.

 


Omar Vergara, en la Pista de Calderón y de la Función Pública. El quintacolumnista ya lo había escrito allá por junio del año pasado.
Hoy el tema regresa a la agenda política gracias a que Salomón Jauli, titular del Instituto Poblano del Deporte, puso el dedo en la llaga.
Va de nuevo:
Uno de los mayores conflictos del sexenio melquiadista está ubicado sobre la vía Angelópolis.
Justo donde se ubican el Instituto Tecnológico de Monterrey y el cementerio de elefantes conocido como Valle Fantástico.
Y es que a través del tristemente célebre Carlos Omar Vergara, ex titular del fideicomiso Atlixcáyotl, el entonces gobernador Melquiades Morales Flores ordenó la donación de 25 hectáreas a favor del Tec y el comodato a favor de Ricardo Henaine de otras modestas 25 hectáreas.
El problema mayúsculo es que dentro del terreno donado al Tecnológico de Monterrey está —hoy en ruinas— una obra construida con recursos federales: el velódromo de Puebla, inaugurado por su creador, Manuel Bartlett Díaz, al final de su sexenio.
Y es que Bartlett planteó que en esas 50 hectáreas se fundara un nuevo Parque Ecológico.
Y así lo dice el decreto de creación que se pasaron por el arco del triunfo Morales Flores y su empleado —¿o gato?— Omar Vergara.
Dicen los que saben —que son muchos y variados— que el Congreso del Estado no autorizó dicha donación.
Y si lo hizo, los diputados que la aprobaron tendrán que ser vistos como cómplices de una aberración jurídica, pues las obras federales no pueden ser incluidas en donación alguna.
¿Cómo olvidar el velódromo inaugurado por Bartlett?
¿Cómo olvidar que era la punta de lanza del fallido Parque Ecológico?
¿Cómo describir la depresión en la que cayeron los ciclistas poblanos cuando un mal día los dueños del Tec, a través de sus empleados, les prohibieron la entrada al velódromo con el argumento de que ya era propiedad de la institución educativa?
La mala obra autorizada por el gobierno anterior provocó que la selección ciclista de Puebla se tuviera que trasladar inevitablemente —con los gastos que eso implica— a los velódromos de la ciudad de México, donde nadie podía correrlos.
Pero el destino a veces es cruel y alcanza a todos.
Resulta que el velódromo poblano no fue de interés para los dueños del Tec y hoy yace en el olvido pleno, cubierto por la hierba y por mantas enormes para evitar la mirada entrometida de los curiosos.
Y es que ahí, en ese espacio, se planea construir un edificio más.
Por lo pronto, el velódromo ya fue destruido.
Y hay un personaje metido en un tremendo lío: el empresario inmobiliario —¿de dónde salió el dinero?— Carlos Omar Vergara.
Y es que nunca pidió la aprobación de la Secretaría de la Función Pública para donar a instituciones privadas obras que fueron construidas con recursos federales.
Y éste es el caso del hoy inexistente velódromo, mismo que fue hecho a partes iguales: el estado puso el 50 por ciento y la Federación se mochó con la otra parte.
Pronto, se sabe, intervendrá el gobierno de Felipe Calderón en este asunto que la verdad apesta.
Tanto como la adrenalina que fluye todos los días por el mini cuerpo del principal involucrado.

***¿Quién Confiscó? Dos días seguidos el periódico Cambio ha sido recogido por manos anónimas con la severa intención de evitar que circule entre nuestros lectores habituales.
Esta acción, condenable a todas luces, nos habla de tiempos ya superados en los que desde el Poder Omnímodo se determinaba lo que el Pueblo debía de leer.
Para desgracia de esos déspotas, la Puebla de hoy es más contestataria y crítica de lo que se imaginan.
En lo particular, el quintacolumnista culpa desde aquí a los esbirros del gobernador, una vez que fueron ellos, y no otros, los que tienen como sana costumbre censurar y acallar las críticas a partir de prácticas violentas.
Un caso: desde el gobierno estatal se fraguó la censura a La Quintacolumna, versión radio.
Por lo visto, la etapa de los “pinches coscorrones” sigue vigente en la Puebla Preciosa.
 

 

 


 

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