El Informe de Marín (o de Cómo un Precioso Jamás dejará de ser Precioso).
No vi el informe en vivo.
Resulta que Ismael Ríos, quien en corto —siempre en corto— me ha venido diciendo que es mi amigo pese a trabajar con el gobernador —son sus palabras— se comprometió a conseguirme una acreditación para el mini-informe.
Lejos de intentar cumplir con su palabra, Ismael —nada que ver con el personaje principal de Moby Dick— hizo hasta lo imposible para que la dichosa acreditación fuese negada.
Y dicen que su bilis fue tan grande que no cupo en su Mercedes del año cuando se enteró que Javier Sánchez Galicia —su jefe— había tenido a bien —qué gran favor—invitarnos a Arturo Rueda y al que esto escribe al informe más enano de los que se tengan memoria.
(Y aquí hago un paréntesis: qué bien se vio Xavier Gutiérrez Téllez, director de Comunicación del Congreso del estado, cuando me envió un mensaje en el sentido de que tenía en sus manos mi acreditación. Gracias, Xavier, por no contaminarte de la estupidez poblana).
En pocas palabras, y como no escuché a tiempo el mensaje de Xavier, no tuve otro remedio que ver el informe desde un televisor.
De entrada, el Canal 26 —el canal del SICOM— no existe.
Y si existe habita en el canal 9 de Megacable.
Hay que decirlo: cuando encendí el aparato —o la caja idiota, como la bautizó José Luis Cuevas— entendí el verdadero sentido de las palabras entrecomilladas.
Nunca como ayer la caja idiota se vio como una caja idiota.
Vaya: ni con la telenovela La Fea Más Bella.
Ni con Bailando por un Sueño.
Ni con La Academia.
Ayer, el canal 9 —no 26— de SICOM transmitió ininterrumpidamente y durante casi dos horas el rostro demacrado de un gobernador que, gracias a sus encuestas pagadas, cree que el tema Lydia Cacho no le ha perjudicada para nada.
(Así también lo creen sus voceros a sueldo).
N obstante, y pese a tantos millones de pesos gastados en el tema —en México han visto a Sánchez Galicia con un maletín cargado de morralla para repartirlo entre un tal Cacho (¿será pariente de Lydia?) y un tal Ramírez—, nuestro maltrecho gobernador no tuvo más remedio que mencionar a la periodista y escritora en su informe para ganarse las notas nacionales.
Y pese a los buenos oficios de don Miguel Quirós Pérez, de Memito Deloya (¿qué pensará de él don Urbano, cómo soportará la pena?) y de Sánchez Galicia, el muy odiado tema volvió a ganar los titulares.
Y esos cincuenta segundos pudieron más que la carretera Teziutlán-La Preciosita —qué ojos. ¿Quién le puso así?— y que los gallineros que se obsequiaron a los más jodidos del estado en aras de contabilizarlos para éste que resultó, me cai, el informe más jodido —perdón por la redundancia— de que se tenga memoria.
Eso sí: Marín se quiso lucir cuando habló de la gobernabilidad y la paz social que se vive en el estado, pero eso —hay que decirlo— es obra de una dependencia que lleva por apellido Gobernación.
¿O alguien me va a decir que no?
Total que cuando ya me estaba durmiendo apareció a cuadro la súper maquillada Claudia Hernández para hacerle una felación verbal a su jefe, a su patrón.
Y sin rubor alguno.
¿No que el informe, pues, era para cualquier edad?
> Columnas anteriores
|