Inicio >> Columnistas >> La Quintacolumna

Columnistas

   

La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 

 

Alejandro Montiel le vio la cara a Mario Marín.    
Dice Julio Sherer en su texto “El periodismo es rudo por naturaleza” que los periodistas tienen el azar de su lado: tarde o temprano todo se sabe.
También, en ese mismo artículo, escribe que “en el ejercicio del periodismo como es, rudo por naturaleza, me estremecí al sentir el puño izquierdo hasta el fondo de la región hepática de un adversario irreconciliable. A la distancia de medio metro lo contemplé inerme y casi al instante se desplomó con un derechazo final en la quijada.”
Cito lo anterior como preámbulo al campanazo
Hay ciertas cosas que un jefe jamás perdona.
Una de ellas es que un subordinado que le debe todo (dinero, privilegios y posición social) le mienta: que le vea la cara y que con sus torpes invenciones lo exhiba como un mentiroso.  
El pasado 15 de enero, el selecto grupo de invitados al Congreso del Estado —entre ellos el representante presidencial, el subsecretario de Trabajo Álvaro Castro Estrada— recibió un ejemplar del texto del Segundo Informe de Gobierno de Mario Marín, el mismo documento que desde ese día distribuye Javier Sánchez Galicia entre los medios de comunicación.  
En la página 37 del Informe del autodenominado Gobierno de Resultados está plasmada, entre otras mentiras de las cuales en otra ocasión nos ocuparemos, que durante el año 2006 “se publicaron seis libros”.
Así nomás.
Seis libros sin títulos ni autores, a diferencia de la práctica informativa de otros años en los que se consignaban los datos completos de las publicaciones.   
Y es que la explicación es simple: esos seis libros no existen.  
Por eso, Alejandro Montiel, el pasado viernes 19, después de la ceremonia de premiación del PACMYC, no pudo responder a los reporteros de la fuente cuando le preguntaron cuáles eran los títulos de sus libros invisibles y huyó a paso veloz del Museo de San Pedro.
Adornado todavía con el collar y la corona de flores que para la ocasión le obsequiaron representantes de comunidades indígenas, se le vio correr temeroso por la calle 4 norte seguido de su séquito servicial.  
¿Qué pensará de esto el gobernador?  
¿Qué pasará si de repente de la oficina del secretario particular, Guillermo Deloya, le piden a Alejandro Montiel que  envíe inmediatamente a Casa Aguayo un paquete de libros?  
¿Cómo se disculpará, tartamudo y sudoroso, Alejandro Montiel ante Mario Marín por este fallido intento de verle la cara
Seguramente, pestañeante y tartajo al teléfono, le responderá al gobernador: “Fue un lamentable error que no se volverá a repetir, Señor… Sí, Señor… A sus órdenes… Cómo no, Señor, lo que usted diga… inmediatamente, Señor… Sin falta… No se preocupe, Señor…”.  
En fin, le prometerá que para el viernes 2 de febrero, día de la comparecencia del Secretario de Cultura ante el Congreso, estarán listos los seis libros para ser entregados a los diputados, en paquetitos de papel celofán con la tarjetita de “con los atentos saludos”, y acompañados de la delgadísima carpetita engargolada que contiene su exiguo y embustero informe del 2006. 
O sea que, a partir de hoy que recibirá la llamada de Casa Aguayo, Montiel tendrá, más o menos diez días para cumplir su promesa.   
Pero, independientemente de que medio cumpla su palabra el dos de febrero, nos asalta una pregunta:
¿Qué pensarán los ciudadanos, los contribuyentes, de este simulador institucional que percibe anualmente más de un  millón de pesos por sólo hacer el ridículo?  
Porque para poner en perspectiva la inmerecida y escandalosa vida privilegiada de Alejandro Montiel y sus 88 mil pesos mensuales debemos recordar que un trabajador de la Secretaría de Cultura percibe en promedio 4 mil mugres pesos, que un  becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes gana 3 mil quinientos y que el salario mínimo en Puebla es de mil 400 pesos mensuales.  
Esta mentira —los seis libros invisibles— finalmente es la cínica imagen que resume la “gestión” del secretario Alejandro Montiel, quien fomenta la cultura a través de la lectura de libros que no existen.    
Queda listo el espectáculo para la cuenta fatídica.
Los diez segundos (Sherer dixit).

Todos Contra Montiel. Pocas veces un secretario de Cultura había suscitado tantas burlas, tantos madrazos verbales.
El caso de Alejandro Montiel es elocuente: lo defienden todos aquellos que de cultura saben un carajo y uno que otro arribista profesional que son capaces de tragar sapos a cambio de cobrar quincenas que jamás imaginaron cobrar.
Por eso en este espacio son tan bien recibidas las cartas enviadas para exhibir a Montiel.
He aquí dos de éstas:
El primero:
“Quienes esto escribimos queremos compartir con usted nuestra molestia e inconformidad por la forma en que se han venido manejando los departamentos de la Secretaría de Cultura.
”Resulta que Alejandro Montiel Bonilla no es el único que toma decisiones en la Secretaría, encima de él está la flamante secretaria particular, Nora Elena Flores Muñoz, quien desde que el Dr. Pedro Ángel Palou García era titular del área, ocupó en los últimos años de la administración el cargo de secretaria particular.
“Cuando Palou se fue a la UDLA, una de las gentes más cercanas le cuestionó si se llevaría a todo su equipo, su respuesta fue
tajante: “A Nora Elena no me la llevo por chismosa y conflictiva”.
Desde entonces nos preguntamos: “¿Y nosotros qué culpa tenemos?
”Desde que Montiel Bonilla ocupa el cargo, Nora Elena Flores ha abusado de su puesto para favorecer sus intereses y a su familia; resulta que su hermano Miguel Angel flores Muñoz fue chofer de Montiel desde que era subsecretario, hasta que éste descubrió los abusos que cometió Miguel Angel Flores en contra de él y de su familia.
Montiel ordenó que este sujeto se incorporara al departamento de vehículos, donde lo esperaban quienes habían sufrido sus abusos y su prepotencia. Desde luego, Nora Elena hizo hasta lo imposible para que su hermanito no llegara a dicha área y lo incorporó al Museo Imagina donde a la fecha casi no se presenta más que a cobrar, claro con el beneplácito y protección de su hermana Nora.
”Otra persona que disfruta de la protección de la secretaria particular es
Claudia Alvarez Córdoba, "La Borrega", quién al igual que Nora Elena llega después de las 9:30 de la mañana a laborar. Además quienes recibimos documentación oficial de la Secretaría Particular, misma que elabora Claudia Alvarez, tenemos que soportar sus faltotas de ortografía y pésima redacción.
”Y cómo no, si la protegida de Nora Elena no tiene ni la preparatoria, pero
eso sí, disfruta de una jugosa compensación que Norita le concedió.
”Además Norita le consigue enemigos gratis a Alejandro Montiel, pues tiene una pésima relación con las demás áreas de gobierno, no es capaz de tomar una llamada a menos que sea de Casa Aguayo.
”Quienes hemos solicitado una audiencia para ver los asuntos de la
Secretaría, somos bloqueados por Nora Elena y tenemos que sostener acuerdos de "banqueta" con el secretario, pues la particular jamás nos permite la comunicación con Montiel ni por teléfono. Para ella todos somos "estúpidos" o "pobres pendejos". Eso sí para hablar con el secretario es complicado pues ella acostumbra andar pegada a él, luciendo su rechoncha humanidad, para que notemos la cercanía con Montiel; como si fuera un deleite apreciar su estética figura con los pantalones de mezclilla negros que se han de parar solos, pues los porta a diario. Y qué decir de sus "licras" y ropa ajustada. Nos recuerda a "Pistachón", todo enmarcado con sus aretes y collares de piedras preciosas de plástico, sus plumas de gallina de colores neón y sus singulares tatuajes, qué horror!!!...Y esa es la imagen del secretario de Cultura.
”Hasta Miguel Campos ha padecido los desplantes de Nora Elena. ¿Qué hará llega Campos como titular de Cultura?
”Quien no conozca a Nora Elena que la compre, sobre todo cuando finge su voz de niña tonta ocultando su intriga y frustrada personalidad. Pero hay más, ¿sabrá Alejandro Montiel que su particular firma documentos oficiales falsificando su firma? De eso y más acostumbra pregonar Miguel Ángel Flores, presumiendo la impunidad y prepotencia de él y su hermana.”
Y el segundo correo:
“Me encontré su columna acerca del secretario de Cultura, y déjeme decirle que como trabajador de más de 20 años en esa Secretaría usted ha explicado muy bien lo que la mayoría de nosotros los trabajadores pensamos y sentimos.
“Como usted bien lo dice, otros tiempos fueron con el maestro Azar (qepd) o con Don Pedro o el Dr. Palou, el respeto hacia ellos era incondicional no solo por que son alguien dentro de la historia de Puebla, sino por su don de gente y no precisamente su hambre insaciable de poder como la de Alejandro Montiel.
“Desde hace 8 años lo hemos literalmente sufrido, y por supuesto que sabemos que su aparente interés en nosotros la gente de base no es sincera sino solamente le sirve para sentirse seguro en esa silla que le queda grande, como grande la oficina que dejó el Dr.  ¿Usted cree que en la comida de fin de año pidió sentarse en la mesa con los trabajadores más viejos de la Secretaría? Por supuesto no sabía el nombre de ninguno de nosotros y mucho menos en qué departamento trabajamos… Como le digo, cree que haciendo esas cosas a nosotros nos tiene contentos. Somos humildes, señor Mejía, pero no tontos.
“Estos último años, en Cultura se vive un terror porque esa es la única manera en que Montiel puede hacer que se hagan las cosas, siempre intimidando, amenazando con la renuncia de sus trabajadores, humillando. Pero ni así se le ve rumbo al trabajo que hace. En 18 años no se había visto la cantidad de holgazanes que mantenemos, directores que no hacen su chamba, que llegan a medio día o ni llegan, gente que se contrata que no pone un pie en las oficinas o de plano están de viaje en el extranjero o son hijos de quien sabe quien.
“A finales de año, a punto de irnos a una huelga exigimos quitaran a la responsable de recursos humanos, y para calmarnos hizo reuniones en esa megaoficina con nosotros, con su pose de que sabe mucho, fumando puros que para nosotros significan la mitad de nuestro sueldo… A la fecha Ruth Becerra sigue de encargada, nos dio atole con el dedo.
“Yo trabajo 8 horas en la Secretaría y qué cree que se siente cuando uno pasa por alguna de las cafeterías del centro y ve en horas de trabajo al director de Imagina o a los que inventan enfermedades para incapacitarse. ¿Puede imaginar usted que la directora de diseño estuvo incapacitada un año? ¿Puede usted imaginar que el Lic. Omar González se dice que es alcóholico pero sigue siendo director aunque las borracheras no lo dejen ni llegar a la oficina?
Montiel es un intruso, acosador, según palabras de las mujeres y hombres de la Secretaría, ahora lo hemos visto con gente del Museo Amparo, seguro ya está asegurando su chamba ahí.
“No es justo, Sr. Mejía, y por eso me uno a lo que usted escribió. Necesitamos otro secretario, tal vez de los que ya no se hacen.”

 

> Columnas anteriores

 

 

 


       

 



     PUBLICIDAD


     PUBLICIDAD