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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


Todos Contra CAMBIO.

En realidad preocupa el mensaje enviado por Roberto Marín Torres en el sentido de que la agresión que sufrió el jueves pasado el reportero Mario Martell no era para él —pues Intolerancia Diario es un espacio excesivamente cómodo para el marinismo— sino para quienes se han dedicado a criticar en exceso a la familia Marín Torres.
La declaración —que lo fue desde el momento en que se lo dijo al cronista y a su pareja— es un fiel reflejo de lo que ocurre en la cabeza de los Marín.
Y más: fortalece la presunta conversación (Monsiváis dixit) que el presunto gobernador (Monsiváis dixit) sostuvo con el nada presunto Kamel Nacif en diciembre del año pasado, cuando Marín habló de los “pinches coscorrones “ que le había enviado a “esa vieja cabrona”, en referencia, clarísima, a la periodista Lydia Cacho.
Qué quiso decir Roberto Marín con eso de que los madrazos no eran para Martell sino para los críticos de su familia?
El mensaje, hay que decirlo, fue para CAMBIO y para quienes hacemos este periódico.
Y eso es preocupante.
Y es que si el reportero de un diario cómodo recibe ese trato en público —madrazos, patadas y coscorrones—, ¿qué será de quienes hacemos CAMBIO cuando nos tengamos que enfrentar a las hordas marinistas?
Lo bueno es que el Robert —hoy convertido en el autentico líder estatal del PRI— dijo lo que dijo frente a Martell y Celina Peña.
Y ya quedó constancia de eso.
Y no hay marcha atrás.
Pobre Roberto.
Cada vez que mueve un pie las cosas le salen mal.
¿Cómo olvidar su fiesta priista navideña en la que abundaron regalos de las más diversas dependencias del gobierno estatal?
¿Y qué decir de sus acosos sexuales?
¿O de sus pobres becarias a sueldo?
Y ése, y no Valentín Meneses, es el verdadero presidente del PRI estatal.
Pobre partido.
Pobre Valentín.
Pobre Roberto.

***En algo que sí tiene razón el célebre Robert es que el madrazo de su guarura no iba dirigido a Martell.


Y es que su diario ha sido de lo más cómodo para Mario Marín en este penoso proceso que está por cumplir un año el próximo 14 de febrero.
Sólo hay que recordar la crónica que escribió el hoy golpeado para entender que el coscorrón era para CAMBIO.

 

 

Legalita No es una Changa. Antes de la visita de los peritos de la Fiscalía de Derechos Humanos de la Procuraduría General de la República, en las oficinas de la Procuraduría General de Justicia cambiaron el libro en el que Lydia Cacho se registró cuando fue detenida.
Y es que según fuentes de la PGJ desaparecieron el libro y pusieron a cuatro personas a llenar uno nuevo.
En el original, al decir de la fuente, debe de haber muchas caligrafías.
En dicho libro hay tan solo cuatro caligrafías.
Lo anterior lo hicieron con el objetivo de desaparecer los nombres de las personas que fueron a ver a Lydia Cacho cuando estuvo detenida.
Estas personas, incluso, pueden ser cercanas a Kamel Nacif.
En otras palabras quitaron los nombres comprometedores.
Bonita historia.

 

 

Acapulco en la Azotea. El semidesconocido Luis Manuel González Ruíz, secretario General de la CNOP en Puebla, no le ha pagado su sueldo al personal que está a su mando desde la segunda quincena de diciembre.
Tampoco les ha hecho llegar su aguinaldo.
No obstante, hace unos días se fue de vacaciones a Acapulco durante una semana y con toda su familia.
El burócrata —trabaja para el PRI— argumenta que el dinero no les ha llegado.
Es más: dice que no les va a pagar el dinero y que se acabó.
Este personaje se ha peleado con todo mundo, tanto así que en la CNOP nacional no cuentan con él.
Veamos: se peleó con Javier López Zavala, secretario de Gobernación, y con Darío Carmona, secretario de Educación Pública.
Con López Zavala tuvo fricciones cuando se creó el Frente Magisterial Priista y no lo tomaron en cuenta para ser el titular.
Con Carmona, porque éste le quito algunos privilegios que tenía en la secretaría.
Casi todos los trabajadores de la CNOP tienen que chambear gratis y nuestro acapulqueño personaje sólo les ha pagado el sueldo a 5 ó 6 de sus incondicionales.
Además recibe una comisión de una empresa privada que les vende anteojos a los trabajadores.
Y es lógico: mientras más vende lentes esta empresa, González recibe más morralla de comisiones.
¿La fuente?
Faltaba más: los ofendidos de la CNOP.
Este es el PRI con todas sus letras.
Qué asco.

 

 

Mala Noche No. Ayer, de pronto, a la mitad del concierto, Juan Gabriel se quedó afónico.
Sin pizca de voz.
Sin nada que ofrecer al furioso público que fue a verlo al Complejo Cultural Siglo XXI, hoy administrado por Raymundo Alonso y un hermano de su jefe, Ricardo Salinas Pliego.
Ah: y y sin la firma de esa especia de Consejo de Administración que toca la corneta en el Fideicomiso Atlixcáyotl.
Pero volvamos a Juanga.
Cuentan que la gente se puso furiosa —y nerviosa— cuando al de Ciudad Juárez se le quebró la voz como al Consejo de Admnistración se le quebró el muy gallito Ricardo Velásquez, abogado de Mario Marín en el tema de Lydia Cacho.
Total que al tiempo en que esta columna se cerraba la gente pedía la devolución de las entradas al grito de “chinguen su madre, cabrones”.

Eso sí: el Juanga y Raymundo Alonso mejor se hicieron los desentendidos.

 

 

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