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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


La Ruta Crítica de Marín.

La más reciente decisión de los ministros de la Suprema Corte de Justicia, en el sentido de ampliar la investigación que se le sigue a Mario Marín Torres por el caso Lydia Cacho, lo ha convertido, en efecto, en un auténtico rehén de la Corte, como lo han venido diciendo los empresarios poblanos que tan serviles se han visto en el último año.
Todos los indicios marcan que el gobernador poblano estará sujeto a dicha investigación a lo largo de todo el 2007, lo que será aprovechado, sin duda, por el Partido Acción Nacional en las elecciones locales que habrán de efectuarse en noviembre próximo.
No podía ser de otra manera.
Y es que Marín sigue siendo un plato apetecible no sólo para los panistas locales, sino para el mismísimo presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien se colgaría una medalla de oro en caso de cortarle la cabeza al denominado Góber Precioso.
Veamos:
¿Qué le conviene más al panista Calderón: quitar a Marín o dejarlo agonizante a merced de un proceso electoral marcado por la trama macabra, tantas veces condenada, urdida entre el gobernador y Kamel Nacif?
El riesgo para los panistas si en estos momentos se tomara la decisión de sacrificar a Marín es enorme, pues en su relevo tendría que llegar otro priista, quien en una de ésas sacaría la casta y contaría con el tiempo suficiente para reposicionar a ese cadáver poblano llamado Partido Revolucionario Institucional.
El otro escenario es, sin duda más atractivo, pues alargar la agonía del gobernador provocará que el descrédito del PRI —hoy lidereado por Roberto Marín Torres, el nuevo Pancho Pistolas— vaya en aumento y que, además, la trama macabra pueda ser utilizada otra vez en las campañas políticas.
El resultado de esa estrategia le redituaría muchos, miles, de votos al PAN y en una de ésas terminaría por ganar la mayoría en el Congreso, pese a que los cálculos priistas hablan de que el ex partidazo ganará 18 distritos contra 8 de Acción Nacional.
Hay que decir que los panistas tienen los mismos números pero repartidos al revés.
De confirmarse la tendencia favorable al PAN, el Congreso pasará a manos de una oposición que detesta a Marín y que desde ahí podría articular, ahora sí, su tan comentada caída.
Y es que el Congreso —ya se sabe— es el único espacio —además del Senado— que podría destituir a Marín.
Imagínese el lector ese escenario.
Los panistas ya lo están haciendo.
Y lo comentan en las sobremesas poblanas.    
Vaya: hasta barajan los nombres de los posibles sucesores.
Pero ésa, diría el poeta, es otra historia.
Por cierto: este jueves seguramente habrá fiesta en Casa Puebla.
Y es que al contrario de lo que han dicho algunos columnistas locales, el 1 de febrero es cuando Marín cumplirá dos años de ser gobernador, lo que lo blinda por lo pronto en el sentido de que en caso de caer no habría elecciones extraordinarias.

 

 

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