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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


De Cómo la Chingada También es Nuestra Madre.

De pronto, ante la cursi Claudia Hernández y el resto de los diputados de la actual legislatura local, el enjundioso Francisco Castillo Montemayor, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, soltó un espontáneo y fresco “hijo de la chingada” que obnubiló a los timoratos de dentro y de fuera.
Dicha expresión evidenció, con una transparencia singular, el alto grado de provincianismo que vivimos en Puebla.
Vaya: hasta la entreguista Claudia Hernández llamó al orden al funcionario y le exigió un respeto que no le pidió al gobernador Mario Marín en su segundo informe de gobierno cuando insultó la inteligencia de los diputados al explicar el caso que lleva su nombre y que tiene que ver, ése sí, con la majadería y el insulto.
Lo que Castillo Montemayor hizo en su comparecencia fue recurrir a una figura típicamente mexicana que pertenece a lo mejor de nuestra tradición oral.
Y es que, como lo ha explicado sabiamente Octavio Paz, la Chingada es la madre de todos los mexicanos.
En otras palabras: es la Malinche, la mujer violada, la Mater Admirabilis.
Recordemos al poeta ido en homenaje a Castillo Montemayor: “Hay quienes chingan por chingones y quienes chingan por chingar. (…) Cuando decimos Vete a la Chingada, enviamos a nuestro interlocutor a un espacio lejano, vago e indeterminado... País gris que no está en ninguna parte. (…) Para el mexicano, la vida es la posibilidad de chingar o de ser chingado. (…) El poder mágico de la chingada se intensifica por su carácter prohibido. Nadie la dice en público. Solamente un exceso de cólera, una emoción o el entusiasmo delirante, justifican su expresión franca. (…) Es un palabra que sólo se oye entre hombres, o en grandes fiestas. (…) Al gritarla rompemos un velo de pudor, de silencio, de hipocresía. Nos manifestamos tal y como somos de verdad.”.
Hasta aquí la chingada cita.
Y desde aquí un abrazo a Paco Castillo Montemayor, quien evidenció, con su “hijo de la chingada”, a un Congreso que le ha faltado el respeto a los poblanos todos.
Yo desde aquí me sumo jubiloso al “hijo de la chingada” que todos llevamos dentro.

 


La Dignidad Tiene Nombre. Una de las figuras más sobresalientes del gabinete marinista ­–además de Javier López Zavala y Alejandro Armenta- es, sin duda, doña Margarita García de Marín.
Mujer inteligente, dueña de una prudencia a toda prueba, se ha consolidado en el marco de un equipo formado por traumados, acomplejados, mediocres y ladrones, por no decir lo menos.
Al frente del DIF, desde donde dará su segundo informe de labores en los días que vienen, ha realizado una labor sólo comparable con la que hizo en su momento doña Socorro Alfaro de Morales.
Lejos de las vulgaridades del actual gobierno, más allá del protagonismo de algunos funcionarios, doña Margarita viene trabajando con una humildad y con una sencillez que ya quisieran los marinistas para un domingo cualquiera.
No podía ser de otra manera.
Y es que nuestro personaje está muy por encima de los habituales rencores que impiden trabajar como Dios manda.
(En próximas columnas daremos ejemplos fehacientes de lo que desde el DIF ha hecho doña Margarita).
Por lo pronto, permítame el lector un arrebato: ayer, a través de una funcionaria muy cercana a ella, el quintacolumnista recibió una invitación personal para acudir al segundo informe de labores de la presidenta del DIF estatal.
Sin quererlo, sin poderlo evitar, quien esto escribe comparó la mezquindad del equipo de Comunicación Social del Gobierno del Estado –en particular la actitud ratonera del pequeño Ismael Ríos­- con la mostrada por doña Margarita y su excelente equipo.
Ante esa demostración sin artificios no me queda más que decir desde estas líneas que por supuesto, claro que asistiré a ese acto al que me convocó -lejos de cualquier prejuicio- quien ha sido huésped involuntaria de esta columna política.

 

 

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