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Poder y política
Manuel Cuadras

man_cuadras@hotmail.com



La FAMILIA MARÍN BORGIA

 

Rodrigo Borgia era un hombre poderoso, visionario, adelantado a su tiempo. Pocas mentes tan privilegiadas como la suya en el sutil arte de construir alianzas.

 

Su familia –sobra decirlo- la más poderosa de toda Europa, fue un verdadero soporte en la consecución de sus fines, aumentando así, con cada nuevo triunfo, el poder ilimitado que llegaron a poseer.  Su fama y dominio trascendieron rápidamente por toda la Europa medieval, así como las historias que se contaban acerca de la forma en que eliminaban a sus enemigos, a los pocos que se atrevían a desafiar su asfixiante poderío.

 

Cuando se convierte en Papa en 1492, recibiendo el nombre de Alejandro VI, comienza su verdadero dominio y dinastía, iniciando también la vida de lujos y excesos que caracterizaría a toda la familia Borgia.

Sus hijos: Lucrecia, César, Juan y Jofre fueron utilizados como alfiles para negociar distintas posiciones y territorios que expandieran el magnánimo poder de su padre, siempre bajo la idea de tener un miembro de la familia inmiscuido en las entrañas de los ducados más importantes de la época, garantizando así el control en la información y las acciones de los actores que pudiesen representar una amenaza para el Papa. ¿QUÉ MEJOR QUE ALGUIEN DE LA FAMILIA PARA CUIDAR LOS TERRITORIOS DE LA PROPIA FAMILIA, no cree?

 

Cinco siglos después, en un continente distinto y con la eterna lucha por el poder de por medio, un personaje de la política local parece evocar al temible Rodrigo Borgia y su afán desmedido por aumentar sus dominios. Se trata de Mario Marín Torres, quien al igual que el papa Alejandro VI, desde el primer día de su gobierno se trazó la idea no ser uno más como sus antecesores, sino convertirse en un gobernante innovador, reformista y como ningún otro, pero sobre todo PODEROSO. Ambos, Marín y Borgia, sabían de los peligros que representaba dejar vacíos de poder y ambos habían vivido de cerca la crueldad que provoca el ocaso del Poder. Por lo tanto, desde el más recóndito lugar de sus temores, ese lugar donde ni si quiera Doña Margarita o Vanozza Catanei tenían acceso (ni si quiera “Mario Chico” o César Borgia), desde ese oscuro lugar construyeron la idea de prolongar hasta el máximo la hora que marcara el momento de ceder el trono, y para ello se valieron de los mejores soldados con los que pudieran contar: su familia. 

 

De esa manera, Marín comenzó a mover sus piezas con la meticulosidad de quien planea alcanzar lo soñado por mucho tiempo. Era el génesis de SU gobierno, de SU Reinado, de SU monarquía. Habían pasado los años de servicio, lejos, muy lejos habían quedado. Ahora había llegado el momento de gobernar, de MANDAR. Fue –al igual que César Borgia- un buen Capitán de los Ejércitos Pontificios que le encargó su mentor Manuel Bartlett, quien siempre lo vio como un buen hijo, digno de sucederlo en el trono. Y así fue, sólo que no de inmediato, sino después de un necesario repliegue ante los ejércitos melquiadistas, quienes años más tarde optarían por la graciosa huída antes de entregarse apasionadamente a una batalla frente a un poderoso ejército marinista (que ya no bartlista para ese momento). 

 

Cuando Marín asumió el trono en Enero de 2005, sabía que era un gobernante poderoso pero con muchos compromisos, el más fuerte (quizá más que el económico y el político) era de tipo moral, y consistía en ayudar a su familia ahora que se encontraba en la cúspide de su carrera, ahora que podía hacerlo, el sueño que siempre tuvo de niño hecho realidad: ayudar a sus padres a hacerse cargo de sus demás hermanos.

 

Evidentemente no podía darles Secretarías a todos porque la ley no se le permitía (de lo contrario, no dudo que lo hubiera hecho), pero sí los fue ubicando en posiciones claves para que crecieran personalmente, en el entendido que al hacerlo, se fortalecía él mismo. Así, de pronto apareció su hermano Roberto en el PRI estatal, su hermana Hilda en el PRI Municipal, su hermana Julieta en algunas bardas que la posicionaban como precandidata a diputada por Ajalpan, su hermano Enrique haciendo de las suyas en la Sedecap, y por su puesto, la cereza en el pastel, su hermano René en la Promotora Universitaria para afianzar el compromiso recién adquirido con el fiel ahijado Enriquito Agüera (hoy conocido en los pasillos de las oficinas públicas como “El Güicho Domínguez de la BUAP”).

 

De ese modo y sin la menor contemplación, los hermanos Marín fueron beneficiados por la mano bendita de Mario I, obteniendo sus respectivas posiciones como verdaderas bulas papales tal y como lo hiciera Alejandro VI cinco siglos atrás cuando repartía (a su antojo) los territorios recién conquistados de la Nueva España.

 

Al igual que la Familia Borgia, que prontamente se enfermó de poder, la Familia Marín comenzó a enloquecer con el Poder excesivo que llegó súbitamente a sus manos, comenzando evidentemente, por la cabeza y pilar de dicha Familia: Mario Marín Borgia.

 

Las fotografías de los integrantes de la poderosa familia en las revistas más glamourosas de la entidad, así como su presencia en los eventos más importantes, se fueron volviendo costumbre entre la clase política y social de Puebla, pero también las constantes historias que narraban algún desplante o exceso por parte de la familia gubernamental.

 

Así, los Marín se convirtieron rápidamente en una familia envuelta  a menudo en escándalos sociales (y uno que otro político), y todos con una base en común: LA SOBERBIA.

 

Hoy los Marín ocupan los puestos más elevados de la administración pública local, de la estructura universitaria, del Partido Oficial y hasta de las Asociaciones Civiles en Puebla (¿recuerdan a la Asociación denominada “Todos los Jóvenes” que encabezaba “Mario Chico”, desde la cual se pretendía apuntalarlo para una diputación federal?)

 

En el estudio de los hombres del poder en México no es nuevo que algún personaje haya pasado a la historia por su apoyo desmedido a algún miembro de su familia, quizá los casos mas llamativos hayan sido el de los ex presidentes López Portillo (por su hijo y su hermana) y Carlos Salinas de Gortari (por su hermano Raúl), sin embargo, el caso de Marín sobrepasa los límites de lo imaginable y de lo tolerable. A cada nueva designación arbitraria pensamos que no puede haber otro más evidente y con sorpresa descubrimos que sí la hay. El reciente nombramiento de su hermano Roberto como Secretario de Organización del PRI estatal es otra muestra. 

 

¿Cuál va a ser el orgullo del nepotismo marinista? ¿Hilda, René, Enrique, Julieta, Roberto, Mario Chico? ¿O quizá alguno de sus nefastos cuñados como Humberto Hidalgo o Joaquín Sánchez Acevedo?

 

Los Marín y los marinistas gobiernan este estado bajo un régimen excluyente y totalitario que no da cabida a las expresiones y corrientes distintas. Hoy, al igual que en los años en que gobernaba el temible Rodrigo Borgia se acallan las voces que se pronuncian en contra de la voluntad del Santo Papa y que amenazan peligrosamente con abrirle los ojos a la comunidad en trance.


Muchos fueron los decapitados a causa de la espada Borgista por representar un contrapeso a sus intereses, como muchos han sido los antimarinistas que irremediablemente han caído al enfrentarse al poder absoluto del gobernador. Sin embargo, Marín debe tener en cuenta lo que la Familia Borgia aprendió cuando era demasiado tarde: que el poder no es para siempre y que no hay ejércitos invencibles;

 

Quizá el mayor error de Rodrigo Borgia fue no administrar el poder para cuando llegaran los tiempos de compartirlo y finalmente cederlo. Se dedicó a hacer enemigos y construir alianzas asfixiantes en las que dejó un hondo sentimiento de venganza entre sus “aliados” y la idea de traicionarlo a la primera oportunidad, lo mismo que hoy Mario Marín, quien a lo largo de sus dos primeros años de gobierno ha generado mas enemigos de los que formó durante toda su carrera antes de llegar a la gubernatura y que serán los mismos que terminen con sus sueños expansionistas.

 

Finalmente, la historia está llena de casos que dan cuenta de gobiernos y personajes poderosos que perdieron todo gracias a la ceguera que les provocó su soberbia, esa soberbia maldita que les impidió darse cuenta de cuando las cosas comenzaron a tornarse en su contra y sus opositores a convertirse mas fuerte que ellos.

 

La reciente reapertura del caso Marín-Cacho en los reflectores nacionales derivado de la nueva comisión que integró la SCJN para averiguar el caso del preciosogate, parecen ser una muestra mas antes de la debacle marinista, y que evidentemente sus protagonistas se niegan a ver.

 

De entrada, Marín tiene cerradas las puertas de la esfera nacional gracias a su desprestigio por todos conocido; vive una especie de arraigo domiciliario en Puebla ya que es el único lugar donde se siente seguro gracias a su impresionante equipo de seguridad que rompe narices a los reporteros incómodos. El estigma del “gober precioso” es una etiqueta con la que tendrá que aprender a vivir el resto de su vida y de manera más aguda cuando se acaben los escoltas, los columnistas a modo, los reporteros baratos y todas aquellas cosas que la comodidad del gobierno permite.

 

Por lo pronto su futuro inmediato depende (irónicamente), de unos señores de vestimenta larga, al igual que cuando Rodrigo Borgia fue investigado por un grupo de cardenales opositores que pretendían evidenciar sus excesos...


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