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Gabriel Sánchez Andraca

 

 

 


 


La política del avestruz
Todo parece indicar que los mexicanos nos entretenemos con chismes políticos, con rumores generalmente falsos, con pleitos entre miembros de un mismo partido, etc., para no darnos cuenta de la realidad que vive nuestro país.
Vicente Fox, el primer presidente panista de la historia, aplicó durante sus seis años de gobierno, la táctica del avestruz, para huír de la realidad. El creó su Foxilandia, un país mítico que según él gobernaba y en el que practicamente los problemas sociales, políticos y económicos, habían desaparecido gracias a sus programas de gobierno: los pobres no existían en foxilandia, la educación avanzaba vertiginosamente, el país era una potencia industrial, los campesinos eran felices y producían gran cantidad de alimentos, la criminalidad estaba bajo control y los obreros nunca habían estado mejor.
Ese mismo mal lo padeció el padre del neoliberalismo mexicano, Carlos Salinas de Gortari. En una ocasión en que se presentó a inaugurar un Congreso Nacional de la CTM, habló de los grandes avances que la clase trabajadora había logrado durante su gobierno. Tres días después, en el acto de clausura, el desaparecido líder Fidel Velázquez, al pronunciar el discurso oficial dijo lo contrario de lo afirmado por Salinas.
Los periodistas lo abordaron cuando terminó el acto y le preguntaron si su discurso constituía un desmentido a lo dicho por el Presidente Salinas. Su respuesta no pudo ser más contundente: «Yo no soy nadie para desmentir al señor Presidente. Al señor Presidente, lo desmienten, los hechos».


LA REALIDAD ES MUY TERCA
Nuestros medios de información nos atiborran diariamente con chismes políticos y del espectáculo. Que si fulanito anda de mano sudada con perenganita; que si fulano de tal, aspira a tal puesto, que este dijo y que el otro recontra dijo, que los diputados no se pusieron de acuerdo, que tal legislador, amenaza con cambiarse de partido; que tal presidente municipal quiere ser diputado, etc., etc., y etc.
Una frase que constantemente repetía nuestro amigo el desaparecido economista poblano don Angel Saucedo, era «pero la realidad es muy terca».
Y efectivamente, la realidad es terca: ya tiene varios años que nuestro país no avanza, por el contrario retrocede.
Y retrocede en todos los órdenes: en el político, en el económico y en el social.
Fox dejó foxilandia como país maravilla, pero dejó a México hecho un desastre.
El desastre se inició con el cambio de rumbo que impusieron los gobernantes tecnócratas priístas empezando por Miguel de la Madrid hasta Ernesto Zedillo, que entregó el poder al PAN para que continuara con el proyecto neoliberal, que ya era rechazado abiertamente por las bases priístas.
El resultado lo tenemos a la vista: un desempleo como nunca antes lo habíamos sentido y que abarca hasta las clases medias ilustradas; una delincuencia organizada y desorganizada en ascenso; la banca en manos extranjeras; una agricultura y una ganadería abandonadas (somos dependientes alimentarios del extranjero), una corrupción que va en aumento; un sistema educativo que deja mucho qué desear y que nos coloca en el último lugar de los países miembros de la OCD; una ley federal del trabajo que cada vez se cumple menos y que el gobierno es el primero en violarla, al contratar a trabajadores, muchos de ellos profesionistas, por temporadas, sin derecho a seguridad social, a basificación, a jubilación, ni a pago de retiro.
Partidos políticos desorganizados, sin estructura y con militantes sin ideología, que por cierto, cuestan muchos millones al erario público; una industria petrolera endeudada hasta el límite, no por falta de ingresos, sino por la mala fe de gobernantes que tienen la intención de venderla a extranjeros; una industria eléctrica que puede ser abierta en cualquier momento a la inversión privada, que ya sabemos que acabará, como los bancos, en manos extranjeras; un seguro social que se hunde economicamente y que no hay manera de salvar; cientos de miles de campesinos que huyen de la miseria del campo, tratando de cruzar la frontera norte para emplearse como peones o como lavaplatos, en fin....


¿HAY SALVACION PARA TODO ESTO?
Don Felipe Calderón, como buen actor, tiene que andarse disfrazando: de presidente, en la mañana; luego de general de cinco estrellas del Ejército; de futbolista, un poco más tarde y de vuelta a presidente a la hora de la comida.
Ha iniciado una campaña que parece poco pensada, contra el problema del nacotráfico, pero no se conoce un programa serio de gobierno que aborde los grandes problemas nacionales.
Su comida en Los Pinos, antier, con el ex presidente Ernesto Zedilo, no significa nada bueno. Indica que el proyecto neoliberal seguirá adelante con el consiguiente aumento de la pobreza, de la delincuencia, con el deterioro educativo cada vez mayor, con el abandono del medio rural cuando faltan meses para que entre en vigor la parte del TLC que permitirá la entrada libre de granos a este país, en fin, significa que nuestra dependencia de los Estados Unidos, seguirá adelante. El Presidente de México comió con un empleado de los gringos, el único ex presidente mexicano, que al terminar su periodo, cruzó la frontera norte para servir a las empresas yanquis. Y nosotros ocupados de chismitos.

 

 

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