El aumento al precio de la tortilla
Hay tres alimentos básicos en la dieta del mexicano que cuando incrementan su precio, provocan serios desajustes en la economía popular y consecuntemente descontento, inquietud y enojo entre la población: el maíz, el frijol y el azúcar. Es más, un incremento en cualquiera de ellos, tiene repercuciones en un gran número de productos con lo que se inicia una espiral inflacionaria de la que según los tecnócratas que manejan nuestra economía, estabamos ya a salvo.
Aumentar el precio de la tortilla hasta llegar a los 15 pesos el kilo, constituye el más rudo golpe que se haya dado a la economía de las clases pobres y medias populares en varias décadas. El porcentaje de aumento es elevadísimo.
¿Cuál es la razón de ésto?. En primer lugar que desde que se inició el neoliberalismo en este país, impuesto por los gobiernos tecnocráticos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, se ha venido desalentando el cultivo de ese grano, por considerar que no es redituable y porque se ha querido convertir a nuestros campesinos, sin la preparación adecuada para ello, en empresarios agropecuarios exportadores de frutas, legumbres y verduras, es decir, se ha venido sustituyendo el cultivo del maíz y del frijol, por otros cultivos más redituables economicamente, pero que exigen tecnología avanzada y desde luego, otra mentalidad de nuestros campesinos.
Muchas tierras dedicadas a esos cultivos (maíz y frijol) han sido abandonadas porque sus propietarios han tenido que dejar el país cruzando la frontera norte en busca del trabajo que aquí no encuentran.
EL MONOPOLIO LO CONTROLA TODO
Existe en nuestro país un monopolio que controla el comercio del maíz y es el que produce la harina «maseca». Adquiere gran parte de la producción nacional a razón de mil 200 pesos la tonelada (ya aumentó a mil ochocientos pesos, según se dice) y después de procesarla la vende a razón de 5 mil pesos la tonelada en números redondos.
Ante ésto, ¿qué hace el gobierno?. Fácil, somos vecinos del país más poderoso del mundo, que tiene una gran producción maicera subsidiada por su gobierno, pero además, mientras nosotros pregonamos a los cuatro vientos cuando en alguna región se logran cosechar cuatro o cinco toneladas por hectárea (lo normal en zonas indígenas es una productividad de 750 kilos por hectárea) ellos cosechan 11 toneladas por hectárea en promedio.
Alta productividad, con elevados subsidios gubernamentales, hacen atractivo el cultivo de ese grano que los gringos producen para forraje.
Entonces el gobierno federal, adelantando lo que al respecto establece el Tratado de Libre Comercio, permitirá la entrada de granos sin arancel, a fin de que haya maíz barato y consecuentemente la tortilla pueda bajar del elevado precio que ha alcanzado en lo que va de este año.
Comeremos pues tortillas hechas de maíz forrajero, pero a un precio que no afecte tanto a las familias más pobres del país y con la importanción de maíz barato, subsidiado y sin aranceles, ya nadie querra producir maíz en México y seremos totalmente dependientes alimentarios de los gringos. Nos podrán apretar las tuercas en cualquier momento y por cualquier motivo, pues como quien dice, estamos en sus manos.
PERO ESO NO ES TODO
Disparada la inflación, dificilmente podrá pararse y eso necesariamente provocará descontento e inquietud social, pues habrá más pobreza, más marginación, más delincuencia.
La delincuencia organizada no es producto de la casualidad, es consecuencia del abandono de las políticas sociales que fueron características de los llamados gobiernos revolucionarios.
Esas políticas se quisieron sustituir, como dijo Aquíles Córdova, líder de Antorcha Campesina, con instituciones de caridad, que historicamente está comprobado, que no pueden resolver los problemas de pobreza.
El gobierno, desde la llegada de los tecnócratas priístas hasta el actual gobierno panista, han querido desentenderse de la educación pública, pretendiendo que su obligación termina en la educación elemental o básica y la educación en todos sus grados es necesarísima para que un pueblo pueda superarse.
La salud es otro renglón que ha sido desatendido. Qué bueno que haya intentos de brindar una atención integral a todos los niños nacidos desde el primero de diciembre, pero hay millones que nacieron antes y que igualmente requieren atención médica y sanitaria para poder desarrollarse y llegar a ser hombres y mujeres útiles a la sociedad y a la patria.
Al dejar de lado el cumplimiento de la Ley Federal del Trabajo, en las mismas oficinas gubernamentales, se está condenando a los trabajadores a vivir en la inseguridad laboral, sin los servicios de seguridad social, sin la esperanza de la jubilación. Se está regresando a la condición que existía para ellos en los tiempos de la dictadura porfiriana.
El gobierno federal de Felipe Calderón ha iniciado en Puebla una lucha contra la pobreza y la marginación y para eso, cuenta con el gobierno estatal de Mario Marín y los gobiernos municipales, pero se requiere un proyecto económico humanitario y no tecnocrático, pues de lo contrario solo estaremos preparando a nuestros jóvenes para irse a emplear a los Estados Unidos, como mano de obra barata.
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