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Gabriel Sánchez Andraca

 

 

 


 


El PAN defiende los aumentos de precios


Don Rafael Micalco, flamante diputado del Partido Acción Nacional ante el Congreso local y dirigente estatal de su partido, salió en defensa del Presidente de la República, su correligionario Felipe Calderón, de quien dijo, no debe ser culpado de los aumentos de precio a las tortillas y a otros artículos de primera necesidad, pues no es algo de su responsabilidad, ya que él está ocupado en la seguridad al frente del Ejército.
Mal anda el señor diputado Micalco si cree que el señor presidente por atender una cosa, puede dejar de atender otra.
El dirigente panista es jóven y tal vez no recuerde que su partido fue el más severo crítico de los presidentes priístas, cuando subían de precio los artículos de primera necesidad.
Pero sí debe recordar algo de la campaña por la Presidencia de la República, del señor Felipe Calderón Hinojosa, sobre todo cuando dijo, que el populista de Andrés Manuel López Obrador, proponía una política económica que provocaría inflación, como en el pasado y empezaría por el aumento de precio de la tortilla, que es el alimento básico del mexicano. Lo dijo hace unos meses y lo que son las cosas, el propio don Felipe enfrenta ahora, a dos meses de su gestión, el incremento en el precio de la tortilla, del huevo, de la leche y de muchos otros artículos de la llamada canasta básica.
Hemos dicho aquí, que la derecha acostumbra darse baños de pureza, como en este caso, pretendiendo justificar un incremento en el precio de los artículos de primera necesidad, con la afirmación de que el culpable no es Felipe Calderón. Claro que no, es el mal gobierno panista que estuvo seis años en el poder y los mediocres funcionarios del segundo gobierno panista, que no han sabido qué hacer para frenar esas alzas que constituyen el principio de un proceso inflacionario, del que los tecnócratas priístas y panistas, decían que nos habían salvado.


LA DELICADEZA DE LOS DIPUTADOS
Premeditadamente hablamos en los dos últimos días, con personas de diferentes estratos sociales, la mayor parte sin pertenecer a ningún partido político, pero con marcado interés en lo que está pasando. En total fueron 20 nuestros entrevistados.
La pregunta fue solo una: su opinión sobre el desahogo que tuvo durante su comparecencia, el secretario del Medio Ambiente, licenciado Francisco Castillo Montemayor ante la Cámara de Diputados.
Tres dijeron que el funcionario se excedió y que estuvo bien que hubiera pedido disculpas, aunque los diputados no les merecen a ellos, el menor respeto, pues son unos chismosos de tiempo completo, que se la pasan pavoneándose frente a las cámaras de televisión y ante los fotógrafos de prensa, sin que los ciudadanos sepan realmente qué beneficios les reporta el trabajo que realizan.
Diecisiete, opinaron que si bien es cierto que el funcionario cometió un exabrupto, hay que tener en cuenta lo que cualquier ser humano siente cuando, después de esforzarse para presentar un buen trabajo ante quienes deben calificarlo, lo tiran a «Lucas» y lo dejan hablando solo.
Justifican el arranque del licenciado Castillo Montemayor y hacen duras críticas a los diputados a quienes se paga (varios dijeron que demasiado) para que atiendan los asuntos de su incumbencia, y escuchar los informes de los secretarios es parte de su trabajo, y no lo hacen y luego, cuando la natural indignación del funcionario estalló, se pusieron muy dignos, como si con su actitud ellos no hubieran ocasionado una ofensa al funcionario compareciente.
Una cosa nos quedó clara: el enojo de los ciudadanos contra la clase política, se manifiesta en un desprecio y en ocasiones hasta odio, contra los diputados de todos los partidos. Como que ven en ellos reflejada la corrupción, la prepotencia, la soberbia y el protagonismo de todos los políticos. Y pensar que son muchos los que quieren sacrificarse por «el bien del pueblo».

 


OSCAR AGUILAR, BAJO FUEGO AMIGO
Ultimamente han surgido ataques en varios medios de difusión contra el director del Instituto Poblano de la Vivienda, licenciado Oscar Aguilar González. Investigando las causas, nos encontramos con algo que siendo casi normal, no deja de ser absurdo: esos ataques provienen de gente del mismo gobierno.
Como dijo acertadamente el ahora apagado político panista Diego Fernández de Cevallos, es «fuego amigo».
Se pretende cansar, hacer la vida imposible a un funcionario del gobierno priísta, por no pertenecer al grupo priísta que llegó al poder y que por lo mismo piensa que hay que eliminarlo, para que no vaya a avanzar politicamente, realizando un buen trabajo.
Bien dijo recientemente don Rafael Rodríguez Barrera, el viejo político campechano que preside la comisión de procesos internos del PRI nacional: «Los priístas divididos, son los peores enemigos del PRI».
¿No entenderán todavía, que el horno no está para bollos?.

 

 

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