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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

artrueda@laquintacolumna.com.mx

 

 

 

 


 

 

El manotazo de Doger

 

Ayer por la noche, en el hotel Fiesta Americana, Enrique Doger se reunió con sus tres desbocados aspirantes a la candidatura a la alcaldía para leerles la cartilla. Después de las acres críticas que Omar Álvarez Arronte espetó a Jorge Ruiz, más las que Ignacio Mier a su vez lanzó contra los dos anteriores, la administración municipal amenazaba con paralizarse una vez que los titulares de las tres áreas principales del ayuntamiento –secretaría general, tesorería y seguridad pública- protagonizaban un conato de bronca.

 

Por supuesto quienes rieron a tambor batiente a lo largo del día fueron los marinistas, quienes constataron que en un de esas quizá ya no tendrían que obsesionarse en destruir al dogerismo, una vez que los propios dogeristas se mostraban dispuestos a destruirse entre ellos mismos.

 

Con tres destapados en los tres primeros días hábiles del año, y amenazando un enfrentamiento entre ellos, urgía un manotazo de su jefe. Y en efecto, Doger les dejó las cosas claras: antes que las aspiraciones personales, se encuentra la unidad en torno a la administración municipal. Ésa debe ser la única prioridad, porque sólo un buen gobierno es la única esperanza de que el tricolor retenga en su poder la alcaldía. Dos, que quiera poner por delante sus ambiciones personales, es mejor que presente su renuncia al cargo y ahora sí, se vaya a hacer proselitismo a la buena de Dios. Y tres, en un mensaje críptico, que si la desestabilización de la administración fue alentada por algún personaje ligado al marinismo, de igual forme se le invitaba a renunciar a todo aquel que escuche el canto de otras sirenas.

En resumen, la lealtad al alcalde y al ayuntamiento antes que nada.

 

¿Cómo empezó la bronca entre los dogeristas? Nadie lo sabe con exactitud, pero quizá viejas rencillas y la intervención de un tercero dieron el marco para el enfrentamiento. Al destapa de Omar Álvarez –ocurrido el primer día hábil de año- le siguió el de Jorge Ruiz ayer. Sin embargo, de golpe y porrazo el secretario de seguridad pública se le fue encima al tesorero municipal. Y otro destapado ayer, Ignacio Mier, se asumió como “heredero natural” de Enrique Doger, descalificando a los otros dos.

 

Queda claro que el menos responsable del conflicto es Jorge Ruiz, ya que ni siquiera tuvo oportunidad de responder las descalificaciones de Omar, quién acusó al tesorero de carecer de experiencia política y de ser simplemente un “buen muchacho”. Es cierto que la carrera de Omar es más amplia e incluye una diputación federal –de los últimos que ha ganado en un distrito de la capital-, la dirigencia municipal del tricolor y una aspiración frustrada a la alcaldía en 1998. Sin embargo, no es motivo de la agresión el tener una carrera más dilatada.

 

Para cerrar el cuadro, el ecuánime Nacho Mier perdió su ecuanimidad para autonombrarse el heredero del proyecto de Enrique Doger por ser el diseñador, desde el origen, del proyecto de gobierno municipal desde la campaña. Y aunque la aseveración es cierta, el conjunto de descalificaciones mutuas terminó por desestabilizar al ayuntamiento en la primera semana del año.

 

Algunas fuentes dogeristas no descartan la intervención de un tercero marinista para picar a Omar Álvarez Arronte. Ese tercero, por supuesto, podría ser Javier López Zavala. Pero su intervención –de ser real- no exculpa a los dogeristas por el triste espectáculo que dieron, mostrando la frágil unidad en torno al alcalde y al proyecto de gobierno municipal.

 

¿Tiene sentido el golpeteo y las descalificaciones entre los aspirantes, cuando apenas inicia el año electoral y todavía falta mucho para las definiciones? Por supuesto que no. ¿Tiene sentido que tres dogeristas se peleen entre ellos mismos? Tampoco. Lo más sabio sería que se pusieran de acuerdo al seno del equipo para apoyar como grupo a uno sólo de ellos. El mejor posicionado o el que más posibilidades tenga de hacer un buen papel.

 

Pero sobretodo, el manotazo de Doger a su equipo debe impedir que vuelva a producirse semejante espectáculo, que muestra a la ciudadanía un equipo de trabajo desunido. Y su grupo rival le muestra flancos débiles para atacar.

 

 

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