El compromiso de Calderón
Con una historia inconclusa de por medio, mañana se verán las caras el principal beneficiario y el gran perjudicado del escándalo Lydia Cacho. En su primera gira presidencial y sin que ningún funcionario federal de alto rango haya visitado la entidad, Felipe Calderón deberá interactuar con Mario Marín como gobernador de Puebla. Un encuentro institucional de morbo inusitado, ya que entre ambos personajes hay cuentas pendientes y facturas por cobrar de cara la sociedad. Desde la perspectiva del gobernador, Calderón fue el beneficiario de su desgracia; desde el lado del Presidente, se encuentra atado a su promesa de campaña de promover la caída de Marín. Con semejante fardo a cuestas, ¿cómo interactuarán ambos personajes? ¿Veremos a un Presidente de trato glacial, franqueado por un gobernador francamente sumiso? La duda mata.
Si como ha alegado Marín en varios foros, el escándalo fue armado por el gobierno foxista con el claro objetivo político-electoral de beneficiar al candidato panista a la Presidencia y disminuir la fortaleza tricolor en la entidad, mañana Felipe Calderón vendrá convertido en Presidente gracias a los 715 mil votos que obtuvo en Puebla el 2 de julio, superando por más de 100 mil votos a López Obrador y por casi 300 mil a Roberto Madrazo. No sólo eso: el panismo devastó a Marín ganándole doce de las dieciséis diputaciones federales y dejándole al grupo en el poder sin senador, ya que el aprecio entre Melquíades Morales y el gobernador no es precisamente mucho.
De esta forma, si el foxismo detonó el escándalo para ayudar a ganar a Calderón, queda claro que el hoy Presidente fue el mayor beneficiario de todo lo que trajo el tsunami. El saldo, más que electoral, también fue político: un gobernador sin influencia nacional y marcado por el desprestigio y la impunidad. Aun más: obligado por las circunstancias y sufriendo un verdadero estado de necesidad, Marín fue obligado a pactar la traición a su partido. Todavía peor: Marín fue una de las causas por las que Roberto Madrazo, el candidato presidencial, se hundió estrepitosamente y llevó al tricolor a ser la tercera fuerza nacional.
Pero no todo es miel sobre hojuelas: sobre Calderón pesa el compromiso de promover la destitución de Mario Marín. Un compromiso surgido en plena campaña y en los días más intensos del escándalo, pero que seguramente fortaleció su figura en la entidad y lo hicieron ganar más de 700 mil votos. ¿Qué les dirá hoy el Presidente a sus electores poblanos? ¿Cómo explicará a los medios nacionales la fotografía que el miércoles inundará los periódicos? ¿Cómo una más de sus incongruencias en el inicio de sexenio?
El dilema de Felipe Calderón respecto de su actitud con Marín es muy claro: una actitud amistosa con el gobernador que prometió destituir sería una incongruencia más de su larga lista. Como aquella de que iba a rebasar por la izquierda, cuando nombró un gabinete económico de perfil neoliberal y uno social de corte más que panista. O aquello de entregarle a Elba Esther Gordillo la subsecretaría de Educación Básica para que el SNTE sea juez y parte. O sus mega operativos contra el narcotráfico, anunciados con bombo y platillo para que los capos tengan tiempo de escapar. ¿Así qué, cómo actuar con Marín? ¿Qué trato dispensarle?
De esta forma, la gira presidencial no será grata para ninguno de los dos personajes. Quizá por eso sea tan breve –no más de hora y media-, pero será tiempo suficiente para calar a ambos. El único encuentro institucional conocido hasta ahora entre ambos fue la reunión de la Conago hace unos meses, y refieren las crónicas periodísticas que no terminó nada bien, cuando el Presidente electo se negó a despedirse de Marín.
La circunstancia ahora es diferente. Si en febrero Calderón era apenas un candidato que tenía medianas posibilidades para ganar, hoy ya es gobierno, al igual que Marín. El panista podrá alegar que en campaña se dicen y se prometen muchas tonterías que al final no se tiene necesidad de cumplir. Sin embargo, el problema es de congruencia. Los compromisos se cumplen, o se pierde la palabra.
*** Línea dura. Ante el problema con los pobladores de San Francisco Ocotlán, quienes primero manifestaron su queja en Casa Aguayo y como no obtuvieron respuesta decidieron cerrar la autopista México-Puebla por unas horas, el gobierno marinista decidió presentar rostro que los caracteriza: el de la represión. Javier López Zavala, desde Gobernación, también se quitó la careta de negociador.
Resultado, que al día de hoy la gente de Ocotlán de encuentra denunciada penalmente por el delito de ataque a las vías generales de comunicación. Lo más extraño de todo es que la denuncia se presentó en la Procuraduría General de Justicia, cuando al tratarse de una autopista federal, correspondía presentarla en la PGR por medio de CAPUFE.
¿Será que el marinismo y Zavala tienen preparada una usurpación de funciones? ¿O más represión? Diría el vetusto Mario Ayón: con mano dura tiene que aplicarse la ley.
*** Hubo advertencia. El mensaje de Enrique Doger en la reunión del jueves fue muy claro: Jorge Ruiz, Omar Álvarez e Ignacio Mier tenían que dar una rueda de prensa para mostrar unidad, y que quien no lo hiciera se iría del Ayuntamiento.
Como en toda Administración pública, siempre hay jerarquías. Omar Álvarez Arronte la retó y no llegó a la reunión con la prensa. La razón sólo la sabe el mismo Omar: si se calentó, si hay un tercero detrás de su actitud. El resultado es el mismo. Deja la Secretaría de Seguridad Pública municipal y por ende, deja también al dogerismo.
¿Es buena o mala la decisión? La jerarquía es la jerarquía.
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