El verdadero informe de Marín
Honorable Quincuagésima Sexta Legislatura del Congreso del Estado
Presente
En cumplimiento al mandato del Artículo 53 de la Carta Magna del Estado de Puebla, presento ante esta Legislatura el Informe de Gobierno correspondiente al segundo año de mi ejercicio constitucional, en el que doy cuenta de la situación general que guarda la Administración Pública Estatal.
Acudo ante esta soberanía en una circunstancia que no enfrentó ninguno de mis predecesores en el cargo. Soy sujeto de una investigación que ejercita la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a solicitud de las Cámaras de Diputados y Senadores, por mi participación en la irregular detención de la periodista Lydia Cacho. Además, también soy indagado por la Procuraduría General de la República por diversos delitos. Por si fuera poco, en sus manos se tramita una solicitud de juicio político para destituirme, avalada por el entonces candidato panista y hoy Presidente en funciones Felipe Calderón Hinojosa.
Mi penosa actuación como gobernador ha agraviado a los poblanos, a quienes en todo el país se les conoce como preciosos, haciendo referencia al mote con el que los medios de comunicación me han denigrado a lo largo del año. Mi carrera política fue destruida y solamente gracias al aparato institucional y a los cuantiosos recursos federales que la entidad ha recibido es que he podido sostenerme en el poder, aunque sé que los ciudadanos me repudian abiertamente, como me lo han hecho saber en muchas ocasiones.
El escándalo en que me vi inmerso a partir del 14 de febrero, el día en que se dio a conocer públicamente la ofensiva conversación que mantuve con mi ex amigo, el empresario Kamel Nacif, y que agredió a todo el país. A partir de esa fecha dediqué todos mis esfuerzos a mantenerme en el cargo al costo que fuera, utilizando los recursos públicos para cooptar a mis críticos y lanzando una impresionante campaña de publicidad que lograra maquillar la verdad que me avergüenza aceptar, y que es sólo una: que he conducido un gobierno mediocre, asistido por funcionarios mediocres que hoy son incapaces de ofrecerle resultados a la sociedad.
En ese sentido, señores diputados, es poco lo que puedo informar a esta soberanía, por la simple y sencilla razón de que mi gobierno es un fracaso estridente. Acciones aisladas y pobres en relación con los 34 mil millones de pesos que ejercí en el presupuesto 2006. Apenas unas cuantas canchas de fútbol, la permanente construcción del Arco Oriente del Periférico y un Hospital General para la zona norte, en cuya inauguración recibí otra muestra de repudio. Una más de las tantas que me han hecho sentir. Sin embargo, no he logrado abatir los rezagos que muestran los indicadores nacionales. Puebla sigue siendo el séptimo estado más marginado del país, y el cinco en desarrollo humano. En el rubro educativo tampoco hay avances, y nuestros índices de calidad siguen siendo los peores del país.
Con pena confieso que arrastré a Puebla en mi caída. El Poder Judicial quedó evidenciado en su sometimiento como uno de los peores en el país, sujeto a la línea del Ejecutivo y la componenda privada, cuya prueba es la acción concertada con Kamel Nacif para saciar sus instintos de venganza. Ustedes mismos, señores diputados, quedaron denigrados con el tortuguismo de su propia investigación. Como consecuencia, el estado tuvo en peor año que se recuerda en la captación de inversión extrajera. Y es que el efecto del gober precioso hizo que ningún empresario o transnacional quisiera venir a Puebla. Hoy me doy cuenta que nadie quiere invertir en un estado dónde el principal mafioso es al mismo tiempo la principal autoridad.
Por el contrario, los empresarios locales se aprovecharon de mi extrema debilidad para participar en la rapiña de los recursos públicos. Con tal de congraciarme con ellos les entregué el manejo de todo lo recaudado por el Impuesto sobre la Nómina, que en el 2006 ascendió a más de 600 millones de pesos. Es por que eso que personajes como Juan José Rodríguez Posada y Rogelio Sierra Michelena, antes hipercríticos y ofensivos a mi persona, hoy son mis principales promotores. Quizá costaron mucho, pero valieron la pena. Ellos asumieron parte del costo de mi estrategia de recuperación al pagar millones por traer a Adal Ramones y los Premios OYE. Una inversión nada productiva para Puebla, pero sí para mi persona.
Mis nuevos amigos empresarios, adquiridos gracias al lubricante del dinero, también me han hecho favores para arreglar mi principal problema: mi odio irracional a los medios de comunicación y mi desprecio por los periodistas. Quizá fue por ello que ordené la detención de Lydia Cacho y de paso le hice un favor a Nacif. No se por qué, pero los odio, y aun más después del ridículo que me hicieron pasar López Dóriga y Loret de Mola. Desde entonces la estrategia con los medios ha sido regar dinero por todos lados. En los nacionales ha sido más difícil, pero también le entran con gusto al embute y las prebendas. Por supuesto los periodistas locales salen mucho más baratos porque no tienen dignidad. Ahí siguen recogiendo las migajas que les lanzan desde Comunicación Social.
Ante esta soberanía tendría que informar cuanto dinero se ha gastado en recuperar mi imagen. No puedo cuantificarla, pero son recursos multimillonarios que van desde convenios de publicidad hasta chayos para periodistas locales y nacionales, pasando por el sueldo que ganan mis operadores como Carlos Salomón, Miguel Lerma Candelaria y Juan Bustillos. La inversión dio resultados, porque hoy son pocos los que se atreven a burlarse o a criticarme. Entre las excepciones se encuentra Cambio, Mario Alberto Mejía y Arturo Rueda, pero con ellos ajuste cuentas cuando provoqué su salida del radio.
En seguridad pública el saldo no es mejor. Blanca Laura Villeda ha provocado inimaginables conflictos al interior de la administración y fuera de ella, pero no he tenido pantalones para cesarla. Conoce verdades inconfesables que me hundirían más. Incluso para mantenerla en el cargo acepté sacrificar a uno de mis incondicionales, Adolfo Karam. El narcotráfico cada vez se infiltra más en la entidad, sobre todo en la Sierra Norte, aunque no nos atrevemos a reconocerlo. El robo a automóviles es una industria de la participan algunos allegados a mi. Y en efecto, desde mi gobierno se ordenó el espionaje contra los integrantes del Frente Cívico, que todavía hacen pender de un hilo a Alejandro Fernández.
En el presente año mis relaciones con los niveles de gobierno fueron desastrosas. Después del escándalo prácticamente dejaron de venir a Puebla los funcionarios federales, que no querían una foto conmigo ni por accidente. El Presidente Fox tan sólo vino a despedirse, y el nuevo sexenio calderonista tampoco hay visos de querer entablar relación.
Un caso especial es mi conflictiva relación con el alcalde capitalino Enrique Doger. Si bien nuestros desencuentros vienen de hace tiempo, en este año se convirtió en un político más popular que yo y capitalizó mi desprestigio mejor que nadie. La capital, donde y también fui presidente municipal, sufrió las consecuencias. Los recursos que he destinado a la ciudad son mínimos. La historia, sin embargo, no se ha terminado y ajustaremos cuentas en el futuro.
Es necesario también hacer referencia a mi equipo de trabajo, la llamada burbuja marinista. A pesar de evidente incapacidad los he sostenidos en sus cargos. He decidido jugármela con ellos hasta el final. En especial, con Javier López Zavala, aunque no entiendo porque a él le pegan en la prensa menos que a mí. A Valentín, el más querido de mis compadres, lo congelé un rato, pero después lo premié con la dirigencia estatal del PRI. Javier García Ramírez sigue trabajando bien, no en la construcción de la obra pública, sino en el cobro de comisiones a los constructores. Gerardo Pérez Salazar también ha trabajado con eficiencia, no en la administración racional de los recursos, sino en el lavado de todo lo que nos hemos robado.
Señoras y señores:
Debo reconocer que aunque en un momento pensé en convertirme en el mejor gobernador de la historia de Puebla, con perdón de Manuel Bartlett. Hoy sé que me he convertido en el peor. Y que si en mis sueños guajiros creí que podría ser el Benito Juárez del siglo XXI y llegar hasta a la Presidencia, hoy creo que por siempre deberé caminar con el apodo del góber preciso hasta el fin de mis días.
La culpa la tengo yo. Aunque lo negué diez mil veces, sí es mi voz la que se escucha en la conversación con Kamel. Traté de engañar a todo México, pero es evidente mi participación en la acción concertada del gobierno estatal contra la periodista Cacho. En mi soberbia infinita, desdeñé a todos y olvidé compromisos políticos.
Mi destino está en manos de la Suprema Corte de Justicia. Y ni eso, porque aunque me encuentren culpable, no renunciaré. Sé que muchos piensan que debería irme por dignidad, pero la verdad es que la perdí completamente en mis años de oscuro burócrata. Así que si todo sale bien, el próximo año me tendrán aquí rindiendo mi III informe de gobierno. Todavía confío en la impunidad que reina en el país.
Muchas gracias.
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