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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

artrueda@laquintacolumna.com.mx

 

 

 

 


 

 

Pérdidas en la Promotora Universitaria

 

El anunció de la desaparición de la Promotora Universitaria tomó por sorpresa a propios y a extraños del círculo agüerista. A propios porque a más de uno de los integrantes de su equipo le había prometido la posición en semanas próximas. A extraños porque se desconoce la verdadera intención de la decisión, que puede ir desde ocultar la improductiva gestión de Fernando Santiesteban Llaguno hasta buscar una mayor transparencia a la gestión rectoral después de los severos cuestionamientos al patrimonio de Agüera. La versión que cobra mayor fuerza es la de perdidas millonarias en la Promotora durante la gestión de Santiesteban, específicamente en el Sorteo Buap, con el que en 2005 se habrían perdido 20 millones de pesos y en el 2006 alrededor de 12 millones, cifras que condenaron la inviabilidad del organismo que nació en 1995 para dotar de mayores recursos a la universidad.

 

Lo cierto es que con toda seguridad la desaparición de la Promotora Universitaria y de Buap Promociones para descentralizar los negocios universitarios a las unidades académicas representa una flagrante violación a la Ley Orgánica de la institución, que al ser universidad pública encuentra su fin en gestionar la educación y no en obtener ganancias a través de empresas simuladas, que es lo en que pretenden se conviertan las Facultades.

 

Como institución pública que recibe subsidios federales y estatales la Benemérita no puede hacer negocios y obtener ganancias. Ante esa prohibición, pero ante la necesidad de allegarse recursos propios, fue que José Doger Corte decidió crear una figura jurídica alterna a la que se le permitiera facturar y gestionar negocios. Así, por decisión del Consejo Universitario se creó la Promotora en 1995 como una AC que pudiera recibir donativos. la expansión de los negocios universitarios hizo necesaria otra figura que pudiera realizar actividades mercantiles sin fines de lucro. Así, ya durante la gestión de Enrique Doger se creó Buap Promociones S.C. para gestionar las gasolineras, las farmacias y recientemente el Sistema de Transporte.

 

Y ahí viene otro de los peros. Como lo señalan Francisco Vélez y Julio Glockner, si a la Promotora la creó el Consejo Universitario, sólo el mismo órgano máximo de la universidad puede liquidarla. En otras palabras, su desaparición no puede ser una decisión unilateral del rector o de la administración central, ya que hace falta que la representación universitaria analice sus cuentas, presupuesto y resultados. La justificación de retomar un acuerdo del Consejo proveniente del 28 de julio de 2002 no parece convencer a nadie. ¿Por qué si Agüera es rector desde el 2004, hasta tres años después recordó un acuerdo de hace 7 años? ¿Por qué un día defendió a la Promotora y al otro la consideró ineficiente?

 

Así que el rector enfrenta dos problemas jurídicos de inicio. Uno, ¿puede una decisión administrativa liquidar un organismo creado por el Consejo Universitario? Y dos, ¿cómo se justificará que las unidades académicas se desvíen de su finalidad principal –gestionar la educación- y ahora de dediquen a administrar un negocio? ¿Cómo hacerlo sin desvirtuar el papel de la institución educativa?

 

Además, la pretendida descentralización es un verdadero galimatías. Los negocios con los que cuenta la Promotora Universitaria y Buap Promociones reportaron  recursos extras la universidad para convertirlos en becas y apoyos. Pero a partir de 2005, en lugar de excedentes comenzaron a producir pérdidas, como las ya señaladas en el Sorteo Buap que acumulan 32 millones de pesos. Desaparecer el organismo jurídico y sanear las cuentas desde hoy es el mejor ardid para ocultar la ineficiencia de unos de los gurús de la rectoría, Fernando Santiesteban Llaguno.

 

Le peor de todo es que la calidad educativa de la universidad será la que pierda, ya que ahora los directores de las unidades académicas no sólo se ocuparán de gestionar y coordinar los estudios superiores, sino que deberán dedicar parte de su tiempo a gestionar negocios y obtener ganancias para hacerlos rentables. Porque la tesis agüerista del “regreso a lo básico” no tiene sustento: gasolineras, sorteo, farmacias, Unitur, Unigas, así como el resto, se trata de negocios que deben ser administrados por especialistas en negocios.

 

¿Qué hará, por ejemplo, el Hospital Universitario con el Sorteo, si a duras penas ellos mismos logran sobrevivir? ¿Las farmacias Fleming en Ciencias Químicas, cuando el negocio sólo es comprar a los laboratorios y obtener bajos precios para la comunidad universitaria? ¿El Sistema de Transporte en Ingeniería? ¿Y la gasolinera? ¿Quién tratará ahora con PEMEX?

 

Pero para todo hay respuesta. Como muchos de los directores de unidad académica no tienen la menor idea de cómo administrar un negocio, los agüeristas resuelven el problema señalando que se formará un Consejo Consultivo que asesorará en temas jurídicos, de contabilidad y administración. ¿No es darle más burocracia y complicaciones a un tema que parecía más simple? ¿Paras que hacer todo más complicado?

¿Alguien entiende la decisión del rector?

 

 

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