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Dios en el Poder

Selene Ríos Andraca

diosenelpoder@hotmail.com

 


 

 

Los deslindes de la familia Marín

 

Porque la vergüenza no anda en burro. Todos tenemos pretextos para no ir a la escuela: dolor de panza, de cabeza, flojera, tareas incompletas, exámenes de física o álgebra, entre otros… Pero el usado por Mario Marín júnior es inédito.
Días después del 14 de febrero de 2006 —sí, cuando nos enteramos de que Kamel además de utilizar a un gobernador como su empleado, era un mentiroso que le decía precioso a éste—, Mario Marín “chico” —juro que ese adjetivo es por la edad, desconozco los detalles físicos del muchacho— simplemente abandonó la escuela.
Marín júnior estudiaba Derecho en la Universidad de las Américas (Udla-P) y sin más, sin decir nada, su pupitre se empolvó y le contó a sus amigos que la razón de su ausencia era vergüenza.
¡Uy, qué loco!
Sí, les dijo a sus amigos que el hecho de escuchar a su padre hablando de coscorrones, viejas cabronas, de esos temas me gustan y héroes de películas, le causaba cierto sentimiento, muy parecido a la pena ajena, que lo obligó a encerrarse en Casa Puebla para evitar miradas enjuiciadoras.
El argumento del hijo mayor del gobernador fue tan sólido que sus profesores no anotaron inasistencia alguna. Con justa razón, ¡pobre chamaco!
Al mes, Marín júnior se presentó a clases.
Y prohibió un comentario al respecto.
Y para evitar las críticas, las barridas, las burlas, los rechazos, el escarnio, pues, llegó a su clase de siete de la mañana con dos enormes, feos y gordos guardaespaldas.
¡Qué miedo, wey!
Dos gorilas que se plantaron en las puertas de las aulas para cuidar al hijito del góber.
En los primeros días, los alumnos prestaban más atención a los rudos movimientos de los guaruras que a sus clases…—ya se imaginarán, un guarro alzaba la mano y todos se lanzaban al suelo.
El miedo fue tal que los compañeros de Marín jr. le pedían permiso a los guarros para ir al baño.
¡Para ir al pinche baño!
Chale.
En fin, cada miembro de la familia Marín se intentó deslindar: Marín junior dejó de ir a la universidad y Margarita García gritó que todo era una “pesadilla”.
Y cómo olvidar la pancarta que vimos en la marcha de repudio contra el gobernador del 27 de febrero: “Qué manera de deslindarte, Blandina”.
Sssss.

 

 

Grupo de apoyo para el léxico de Ricardo Velázquez. La semana pasada, un grupo de reporteros entrevistó al consejero jurídico (¿?) del Gobierno estatal, Ricardo Velázquez Cruz, quien juró por la virgen de las vírgenes que desconocía el concepto de ‛guarura’ y ‛guardaespaldas’.  
Dada la ignorancia de Ricardo Velázquez en tales palabras, le ofrecemos algunos conceptos extraídos de los diccionarios más consultados del habla hispana. Porque la gente culta siempre es más valiosa, le ofrecemos, consejero, un concepto más: Escolta. *De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española la palabra guardaespaldas significa: “Persona que acompaña asiduamente a otra con la misión de protegerla”.

*El Diccionario de la Real Academia Española dice que la palabra escolta significa: “Persona o conjunto de personas que protegen a determinadas personalidades, en previsión de posibles atentados”.

*El diccionario El Mundo establece que la palabra guardaespaldas significa: “Persona destinada a proteger a otra acompañándola continuamente”.

*El diccionario El Mundo señala que la palabra escolta significa: “Persona que acompaña a alguien o a algo para protegerlo”.
¿Tiene más dudas consejero?
¿También nos pondrá un apodo, como el que le puso al reportero Efraín Núñez?
¿O nos arrebatará la grabadora?
¡Ya sé! ¿Nos dirá que somos parientes de “Chucky”?
Lo estaremos esperando. (Léase alzando las cejas constantemente).

 

 

Otra parte del complot. El siguiente texto nos lo hizo llegar un buen amigo, un “catarino” llamado Said David, así que vale la pena. Ahí se los dejo. Tengo entendido que lo escribió él con sus propias manitas, sin que algún resentido por asuntos económicos lo haya impulsado.

 

 

La enseñanza más importante de “los catarinos”. Dentro de las enseñanzas que La Catarina nos ha ofrecido a los estudiantes de la Udla durante casi siete años, la que inició el 16 de enero con la suspensión de nuestra publicación, el desalojo de nuestras oficinas, la lucha por el semanario y su eventual recuperación, es la que nos deja el sabor más real de nuestra práctica. Un acto de censura que, a conveniencia institucional, no debió nunca trascender más allá de las murallas de la universidad, se convirtió en la causa de muchos que entendieron los términos universales bajo los que era reprimida, y contextualizaron su lucha dentro del enrarecido ambiente global del ejercicio periodístico.
A finales de 2006, la Federación Internacional de Periodistas publicó su reporte anual, donde concluye que México es el país más peligroso en Latinoamérica para ejercer el periodismo. El documento califica el año 2006 como “un año de brutalidad sin precedentes” contra los periodistas que abordan investigaciones sobre crímenes y corrupción. Sólo en México se precisa el asesinato de 10 periodistas, quedando por encima de Colombia y Venezuela.
En Puebla aún arden algunos antecedentes: la confabulación Mario Marín-Kamel Nacif para darle sus “coscorrones” a Lydia Cacho, o el caso de Mario Martell, cronista del diario Intolerancia, golpeado por los guardaespaldas de Roberto Marín, hermano de Mario, cuando se le acercó para entrevistarlo el 25 de enero.
Las batallas que los periodistas libran contra quienes abusan del poder rara vez se ganan. El triunfo de La Catarina contra la censura es pequeño cuando se consideran las proporciones de este periódico a nivel nacional; sin embargo, estas proporciones se desbordan al dimensionarlas dentro del valor universal de la libertad de expresión. Los autores de esta victoria son también los periodistas que en los medios poblanos, nacionales e internacionales, prestaron atención a esta crisis y la adoptaron como suya. Sin su apoyo, La Catarina hubiera tenido un discreto y silencioso funeral, y la Universidad de las Américas se hubiera consolidado ante los pocos que sufrimos su intolerancia como una “Univerciudad” más cercana a las pesadillas de Orwell que a la fanfarria institucional que la describe como “la universidad liberal de México”.
Es obligado también un agradecimiento agridulce a la administración de la Udla, que al seguir la obra 1984 como un manual administrativo, dieron a “los catarinos” su enseñanza más importante hasta la fecha: el peor acto que puede cometer la autoridad es la censura. (Said David. dirty_nemo@yahoo.com)

 

 

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