Prioridades en marinlandia
Aunque columnistas pro gubernamentales intenten minimizar la trascendencia social del conflicto con la sección 51 del SNTE, para restarles responsabilidad a los ineptos Darío Carmona García y Javier López Zavala que no sofocaron a tiempo la rebelión magisterial, lo cierto es que el posible paro de labores demuestra – una vez más- que la realidad en marinlandia difiere severamente de la que existe en Puebla.
Me explico: en marinlandia el problema con los maestros estatales se debe – exclusivamente – a la impertinencia del gobierno federal, que no le ha enviado los recursos para pagar el bono sexenal. Además, en marinlandia, no hay dinero para cumplir con ese compromiso y todo puede resolverse acusando a los profesores de “intolerantes, irresponsables, insensibles, ambiciosos”, entre otros calificativos.
En marinlandia, hay maestros de dos clases: los “buenos” y los “malos”. Los primeros son de primera clase y, por ende, reciben el bono sexenal sin problema alguno; mientras los “otros” son de segunda y deben resignarse a no obtener esa prestación, so pena de ser crucificados en los medios de información oficialistas que – como en Oaxaca- emiten una y otra vez las excusas de los funcionarios estatales y tratan de inducir a la opinión pública, para que se sume al linchamiento contra los inconformes.
Sin embargo, la realidad en Puebla es muy diferente, porque los maestros (y el resto de la ciudadanía) saben que el gobierno sí tiene dinero, como lo ha demostrado desde hace dos años, cuando comenzó su campaña persecutoria contra los causantes al duplicar el ISN, imponer un reemplacamiento innecesario y perseguir a los automovilistas multándolos por la verificación.
Además, en la Puebla real, han sido más que notorios los excesos y abusos presupuestales de un gobierno que tiene decenas de millones de pesos para pagar un evento de Televisa, que en los hechos compra una estación de radio (1010 AM) para sacar del aire a periodistas críticos, que le regala a TV Azteca el usufructo del Complejo Cultural Siglo XXI.
En la Puebla de los poblanos, no de los marinistas, son evidentes las componendas entre el gobierno y los empresarios que viajan a Europa por cuenta del erario público. Tampoco pasa desapercibido que todos los días los medios nacionales y locales incluyen notas gubernamentales pagadas, mientras los noticiarios de radio y TV difunden los supuestos “Avances” de un gobierno de resultados desastrosos.
Los mentores saben que al gobierno le bastaría con reducir un día la intensidad de su campaña mediática - política, para pagarles su bono sexenal, lo que refleja que el conflicto es totalmente innecesario y que fue generado por la insensibilidad y soberbia de una administración que pretende castigar a sus detractores con “coscorrones”.
A nivel nacional y estatal, la campaña mediática del “góber precioso” ha sido tan ostentosa, que refleja una gran falta de sensibilidad y de sentido común de sus promotores, a quienes – ahora – nadie les cree el argumento de la falta de recursos. Por si fuera poco, el excesivo gasto con que Mario Marín Torres intentó comprar a la SCJN al regalarle un lujoso edificio fue demasiado público y evidente.
Ostentación, insensibilidad e ineficiencia
El dinero y la estupidez son dos de las cosas que difícilmente se pueden ocultar o encubrir y, en este caso, los funcionarios estatales han demostrado ambas. Desde el inicio de su gestión, el marinismo gozó de una inusual bonanza económica generada no sólo por la rapacidad de Gerardo Pérez Salazar al frente de la SFA, sino por la generosidad con que Vicente Fox le canalizó las participaciones y los excedentes petroleros.
Diputados federales del PAN y funcionarios municipales de Puebla se han quejado reiteradamente, unos, de la falta de transparencia con que el gobernador y sus secuaces manejan los fondos estatales y; otros, de que los ayuntamientos fueron excluidos de los recursos por los excedentes petroleros.
Por si fuera poco, en apenas dos años, la ventanilla única de trámites del gobierno estatal, el Congreso local, le ha otorgado dos permisos para que endeude a la entidad, sin que la secretaría de Finanzas, la Contraloría o el Orfise hayan explicado puntual y claramente en cuánto se ha incrementado la deuda que los poblanos tendremos que cubrir y en qué se erogó ese dinero.
Además, en la Puebla real, muchos ciudadanos se dan cuenta de que si los marinistas se dan el lujo de tener guaruras que golpean a reporteros, de irse a viajar por el mundo (como han hecho Julieta Marín Torres y Valentín Meneses, entre otros) y de mantener varias “casas chicas” al mismo tiempo, es porque hay dinero con qué pagar esos lujos.
El contexto anterior refleja que el gobierno no ha accedido a las demandas magisteriales, simplemente, porque no quiere. Ante esto, es previsible que Darío Carmona y Javier López Zavala reculen, se den cuenta de lo que podría costar – política y socialmente – un conflicto que todavía es controlable y accedan a cumplir la exigencia magisterial.
Por ende, se espera que la innecesaria disputa con la sección 51 dure poco y que, nuevamente, el gobierno ceda a la petición de los maestros, a menos que la soberbia y la insensibilidad política lleven a algunos funcionarios a tratar de dar “coscorrones” a los mentores. De ser así, el marinismo cometería una tontería grande, solamente equiparable a la que hizo en diciembre del 2005 contra Lydia Cacho.
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