Tacos de machito en salsa bolognesa
Bien se sabe del buen gusto de la maestra Julieta Marín.
Basta con recordar que a la señora hermana del gobernador hasta le dicen Madame Prada… y cómo no, si ese refinado estilo de vida muchos lo quisiéramos pa’ un domingo.
Y con una anécdota basta para definir a Doña Juli —como le dirían de cariño sus amigas de la Red, red, red, de Mujeres Priistas—.
Cierto día que viajó al Distrito Federal a una asamblea nacional priista fue víctima de sus antojos.
Ese innegable estilo salió a flote.
Cuentan los priistas que salió a comer todita la delegación poblana y llegaron a un Italiani’s.
Llegó el mesero y preguntó a los comensales qué deseaban ordenar.
Doña Juli pensó inmediatamente en algo rico y nutritivo:
—Ay joven, me trae unos tacos de machitos. Con harta cebolla pero poquito cilantro.
—No señora, de esos no tenemos, vaya, no tenemos tacos… —respondió un poco sorprendido el mesero ante el mutis de los priistas que acompañaban a Madame Prada.
—Bueno, ¿sabe qué? Mejor tráigame un pozolito de cabeza. Pero que esté bien calientito… —insistió en sus antojos la maestra Julieta.
—Señora por favor discúlpeme… pero aquí servimos solamente comida italiana —corrigió el mesero apenado.
Doña Julieta Marín montó en cólera y cuando ya comenzaba a hartarse espetó:
—Bueno, entonces qué venden aquí… ¡¿qué éste no es un restaurante decente?!
—¿Sabes qué, Juli? ¡Yo pido por ti! —salió en defensa un alma caritativa y antes de continuar con las penas ajenas, encargó algo menos internacional para la profesora.
—¡Y unos frijoles refritos!… —terminó de ordenar doña Julieta.
Lo peor de todo es que la anécdota nos la contaron a medias.
Ya no supimos si pidió los frijoles con queso añejo o si exigió unas tortillitas hechas a mano o si se puso brava porque no había salsa verde de molcajete.
Si alguien sabe avísenos para saber qué menú prefiere doña Juli.
De la mitad pa’ trás
Ya entrados en gastos hay otras historias sobre Julieta Marín.
“De la mitad para atrás nomás”, eso pidió apenitas.
Que nomás le rentaran media alberca en La Vista Country Club.
Que la quería para una fiesta privada. Y nomás quería, en esa mitad, a sus cuates.
La verdad no sabemos si organizó una parrillada, un babyshower, una despedida de soltera o una fiestecilla de fin de semana.
Lo que sí sabemos fue que metió en tremenda complicación a los gerentes del exclusivo club, porque sus socios estaban que echaban lumbre.
Los usuarios regulares de la alberca no podían pasar de la mitad.
O sea, olvídese de sus clavados y no salpique por favor, o si salpica que nomás sea en su mitad de alberca.
¡Uy!, y cuidado con que vea sus flotadores o a su descarado patito de hule menearse por aquí, eh, cuidadito.
Hay que preguntarle el tip a la maestra, igual y hasta nos alcanza para rentar un cuartito de piscina el próximo fin.
Más detalles de Edmundo Marín
¿Se acuerdan del tocayo? Sí, el que según cobraba 12 mil varos por soltar a un caballo. Del que le advertíamos por si veía a su pony o jirafa.
Bueno pues nos cuentan que las patadas bajo la mesa y los autogoles en Vialidad Estatal están de a peso.
¿Tan mal andan las cosas?
Pues quién sabe, pero de un lado están los cuates del hermano de García Ramírez, a quien ya mandaron al Consejo de Honor incluso y del otro los de Héctor Guerra.
Bueno y es que eso de las cuotas, dice Jesús Morales Rodríguez, ya se acabó.
¿Será por eso?
Bueno el problema es que Edmundo Marín Morales, supervisor del grupo de motociclistas de esta corporación exige a cada uno de los motociclistas 200 pesos como entrada diaria.
Según se quejan los agentes, deben detener un vehículo y llevarlo a las instalaciones de la dirección para que él pueda extorsionar al conductor con 3 mil pesos. Y para que no haya infracción ni papeleo llevan los vehículos al patio número 2 de la Dirección de Vialidad Estatal y todo termina en los bolsillos de Marín Morales.
Una aclaración
Nos encontramos a Jesús Morales Rodríguez.
Muy encarecidamente pidió que no lo asocien con personajes de la calaña de Edmundo Marín Morales.
E incluso aseguró que ni su papá, Jesús Morales Flores, ni él, tuvieron que ver en el palancazo al supervisor de motociclistas.
Nosotros pasamos el dato.
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