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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 


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La candidatura de Blanca Alcalá Ruiz ha recibido varias interpretaciones, entre las que  destacan dos supuestamente contrastantes entre sí: que el PRI había cedido la plaza al PAN al no postular a Javier López Zavala o que la postulación fue adecuada al recaer en una mujer preparada, con trayectoria partidista, sin compromiso de sangre con ninguno de los dos grupos internos predominantes y, por lo tanto, sin vetos o bloqueos mayores.


Y ambas versiones pueden tener razón, ya que están bien fundamentadas: es lógico pensar que el no fallo de la SCJN en el caso Cacho y el acercamiento del martes entre Felipe Calderón Hinojosa y Mario Marín Torres puede deberse a la ratificación del pacto político entre ambos, que – desde luego – incluiría como elemento básico la ciudad de Puebla.


También se puede pensar que el hecho de que el marinismo no envíe a uno de los suyos como aspirante a la alcaldía, es una clara señal de que no echará toda la carne al asador en la elección y que desde ahora está asumiendo una derrota que se confirmará en noviembre.


Sin embargo, también es cierto que Blanca Alcalá es mucho mejor candidata que Antonio Sánchez Díaz de Rivera, porque cuenta con más preparación académica y pública, discurso político y, principalmente, no enfrenta acusaciones de corrupción y/o delincuencia electoral  y su nominación no generó rupturas internas, como las que el IEE mantiene archivadas contra el panista, cuya imposición dejó una gran inconformidad entre el panismo no yunquista.


Aunque aparentemente las dos teorías se contraponen, lo cierto es que existe la posibilidad de que Alcalá Ruiz sea una buena candidata lanzada al matadero y que su nominación no lleve la intención de ganar, sino de aparentar que se sigue la “estrategia Yucatán” y legitimar ante los propios priístas la futura concertacesión.   


Este contexto marca claramente que el tiempo y la propia campaña definirán si el PRI estatal realmente tiene la intenciónde luchar por retener el municipio más importante de la entidad y el cuarto en el país. Más allá de especulaciones políticas coyunturales, serán las acciones concretas de los diversos grupos tricolores las que coloquen a cada uno en su sitio.


Los priístas y la clase política en general están más que conscientes de que, para triunfar en la ciudad, su partido requiere cubrir ciertas condiciones mínimas que, de conseguirlas, le permitirían ser competitivo. La primera es que se dé una negociación – cuando menos - aceptable para que todos los grupos del PRI se sumen (o no le resten) a la campaña del partido.

 

También es necesario que los demás candidatos priístas reúnan un perfil competitivo de prestigio social y bagaje político, que complemente a Alcalá Ruiz, porque tradicionalmente los contendientes del PRI a regidores y diputados no hacen campaña, sino que se echan a la hamaca esperando que la sola campaña los lleve al triunfo, mediante el voto de cascada.


Otra condición indispensable que es el marinismo y el dogerismo den un apoyo real a la planilla de Blanca Alcalá en todos los rubros posibles. Por congruencia política y personal, los funcionarios estatales y el propio Enrique Doger - quienes públicamente externaron su respaldo a la precandidatura de Javier López Zavala - tendrán que entregar a la aspirante del PRI el mismo soporte que planeaban dar al secretario de Gobernación, si en verdad se pretende tratar de retener la alcaldía.


Para triunfar, el priísmo deberá enfrentar el desprestigio de su marca, el aparato de Estado federal que manejará los programas sociales para apoyar al candidato del Yunque, la tendencia pro panista de medios de comunicación importantes, como Televisa, Radio Oro, la 1010 AM, la cargada a favor del PAN que durante la campaña emprenderán el CCE, la Canaco, Canacintra, la UPAEP,  y la iglesia católica, entre otros organismos de derecha, además de muchos millones de pesos que el calderonismo y el Yunque invertirán
Incluso, el PRI tendrá que superar la campaña negra que, seguramente, el panismo implementará con temas como el de Lydia Cacho. En consecuencia, los gobiernos priístas no pueden darse el lujo de simular unidad o de no apoyar con todo a la candidata de su partido, aunque no pertenezca a sus respectivos grupos, si realmente quieren ganar.


Es cierto que si Blanca Alcalá Ruiz triunfa se convertirá en una de las precandidatas naturales del PRI a la gubernatura, lo que – sin duda- puede y debe preocupar a sus correligionarios que aspiran al mismo cargo y, por ende, no puede descartarse que alguno o varios traten de bloquearla o no se sumen.


Sin embargo, boicotear esta candidatura por un canibalismo- futurismo políticos mal entendidos sería tanto como dejar que Sánchez Díaz de Rivera y el PAN se vayan solos hacia el Ejecutivo estatal, porque una victoria del tricolor permitiría una recomposición interna que, en el 2010, dejaría abierta la competencia entre los priístas que aspiren al gobierno estatal, mientras que un triunfo panista podría sepultar anticipadamente al PRI.


 Me explico: Antonio Sánchez Díaz de Rivera y el Yunque ya adelantaron que usarán el ayuntamiento de Puebla como trampolín directo a la gubernatura y será muy difícil que el priísmo en decadencia y un gobierno estatal cuestionado, de salida y a la baja en cuanto a su poder político detengan a un presidente municipal en campaña permanente, con recursos económicos, materiales y humanos, proyección mediática y apoyo federal

 

Recordemos que a Paredes Moctezuma lo detuvo su propio partido, el Yunque-PAN, no lo frenó el PRI ni Melquíades Morales. Pero Toño Sánchez no es Luis Paredes; al contrario, es un soldado de la organización, que apuesta por él para llevarlo – como mínimo – a la gubernatura.


Por ende, si el PRI-gobierno realmente no quiere o tiene que entregar a la ultraderecha una de las plazas más importantes del país desde el punto de vista político y electoral, el momento para detener a Antonio Sánchez y al PAN es aquí y ahora, cuando todavía no cuentan con todos los recursos y la proyección inherentes a la presidencia municipal y cuando la descomposición y desunión internas del priísmo pueden ser remediadas.   

 

 

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