Guerra sucia
En los días recientes mucho se ha hablado de la guerra sucia que el PAN lanzará contra el PRI en la elección constitucional, porque la clase política está convencida de que el blanquiazul no sabe hacer campaña de otra forma. Lo que hasta el momento nadie ha tomado en cuenta es que el panismo ya comenzó su guerra sucia arremetiendo contra las fortalezas del tricolor.
En este contexto deben entenderse los ataques frontales que el paredismo, a través de dos de sus voceros orgánicos, lanza diariamente contra el presidente municipal de Puebla, Enrique Doger Guerrero, con la finalidad de minar una administración priísta bien calificada por la ciudadanía y convertida en una de las escasas fortalezas sociales y mediáticas del tricolor.
La embestida de Luis Paredes Moctezuma – a través de los medios que controlan sus columnistas aliados - contra el presidente municipal no solamente es una vendetta por haber encabezado la rebelión contra su delfín, Roberto Ruiz Esparza, también forma parte de la campaña del PAN por la alcaldía de Puebla y la mayoría en el Congreso local y es uno de los compromisos políticos que el ex edil hizo con Antonio Sánchez Díaz de Rivera, a cambio de incluir en la planilla del PAN a varios de sus incondicionales.
Partidario declarado de la guerra sucia, Paredes Moctezuma maneja a sus títeres emplumados para que le hagan el trabajo de plomería a Sánchez Díaz de Rivera minando a un gobierno municipal bien calificado por la sociedad, con la clara intención de dejar a la candidata del PRI sin uno de los elementos que más y mejores resultados le podría generar al priísmo durante la campaña: que las administraciones priístas en la ciudad han dado mejores resultados que las panistas, como lo demuestra el grave y generalizado desprestigio y repudio con que el paredismo concluyó su gestión, en contraste con la aprobación ciudadana con que finalizó Mario Marín y la que tiene en la actualidad Doger Guerrero.
La historia reciente ha demostrado que, ante el desprestigio implícito de la marca, una de las fortalezas de los priístas en tiempos de campaña es que sus gobernantes sean bien evaluados por la gente. Principalmente en la ciudad de Puebla, el caso Cacho le podría quitar al PRI esa ventaja en lo que se refiere a Mario Marín Torres y, por ende, el PAN intenta anular el factor Enrique Doger.
Hábil y maquiavélico, el ex alcalde conoce el canibalismo priísta y sabe que nadie del grupo estatal defenderá a quien ven como el rival a vencer para la sucesión del 2010 y que, por el contrario, el futurismo político de varios precandidatos priístas los podría llevar a sumarse a su campaña negra, pese a que entre las primeras damnificadas se encuentren las campañas priístas por la ciudad y la zona aledaña.
Sin embargo, lo que la antropofagia priísta no ha calculado es que una derrota en este noviembre implicaría despedirse de facto de la posibilidad de retener la gubernatura, porque Antonio Sánchez es el candidato del Yunque, desde la alcaldía contará con todos los recursos necesarios para hacer los amarres que le permitan saltar al Ejecutivo estatal y, desde luego, contará con la complicidad de Felipe Calderón Hinojosa.
En este sentido, el gobernador Mario Marín tendrá que definir si está dispuesto a ser el gobernador priísta que entregue el poder al PAN o, mejor dicho, el Ernesto Zedillo del priísmo poblano, ya que ése y no otro es el principal objetivo de la derecha y sus ramificaciones empresariales y religiosas. Para la sucesión del 2010, Mario Marín solamente podrá disciplinar a los alcaldes y/o precandidatos priístas, no a los del PAN.
Otro hecho que tampoco han medido los priístas es que un derechista radical en el municipio más importante del estado y un Congreso local con equilibrio de fuerzas entre el PRI y el PAN, se convertirán en un dique contra los proyectos marinistas en la ciudad, además de que demostrarían una de dos cosas: o que el grupo estatal perdió el control electoral y político de la capital o que, efectivamente, se negocio la derrota del tricolor.
Finalmente, un elemento más que el marinismo no ha analizado es que en el futuro cercano la guerra sucia será en su contra, como lo ha dejado entrever la ola de críticas que la IP y los ediles y legisladores panistas han lanzado en los días recientes contra el gobierno estatal con diversos pretextos, como la supuesta falta de transparencia en el manejo de los recursos y la presunta responsabilidad gubernamental de la tragedia en Eloxotitlán.
Estocada
Ante la tragedia, la pregunta correcta no es quién tiene la culpa de la situación de marginación, pobreza y necesidad en que viven millones de poblanos de Eloxotitlán y de otros muchos municipios, sino quién no la tiene, porque los gobiernos federales estatales y municipales emanados del PRI y PAN no pueden deslindarse del olvido histórico en que han sometido a las comunidades rurales no sólo de Puebla, sino de todo el país.
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