Sucesión adelantada
Pese a que todavía no concluye la elección local intermedia, el miércoles, de manera formal, Javier López Zavala dio la voz de arranque a la sucesión gubernamental al reconocer abiertamente que aspira al cargo, durante su entrevista matutina en Radio Oro.
Aunque ya se sabía de las aspiraciones del secretario de Gobernación y sus múltiples acciones por acceder a ellas, lo interesante de su confesión es que abre la contienda interna por la sucesión del 2010 y genera algunas interrogantes que, seguramente, con el tiempo se irán aclarando.
Lo primero que se debe preguntar la clase política es si López Zavala es el precandidato formal del marinismo a la gubernatura o si se fue por la libre y el mandatario estatal vigente no fue consultado sobre su destape. Dentro del grupo estatal debe haber otros suspirantes más que, muy probablemente, necesiten que su jefe defina si la línea está dada y ya no queda más que seguirla o salir del equipo.
También sería pertinente que se aclarara si el primer autodestapado del sexenio tenía la autorización formal del jefe real del priísmo poblano, para declarar el inicio de la sucesión y adelantarse a los demás. Es importante reconocer que es difícil que ambas dudas se aclaren, lo que hará que persistan las dudas.
Alejandro Armenta Mier, Mario Montero Serrano, Darío Carmona García, Valentín Meneses Rojas y los demás priístas cercanos al gobernador pueden tener la inquietud de si el gobernador ya tomó una decisión respecto a su sucesión o si el jefe del gabinete aprovecha esa condición para adelantarse a los demás miembros del equipo.
A pesar de que hasta el momento el panismo parece no haberse enterado de las declaraciones del funcionario, lo cierto es que se puso a sí mismo en una difícil situación para negociar con los diversos grupos políticos - priístas y externos - debido a que perdió autoridad moral y poder de interlocución al asumir su doble rol de funcionario estatal y precandidato del PRI.
De entrada, la primera fuerza opositora en el estado, el PAN, ya lo había descalificado como interlocutor sólo por el hecho de que los analistas políticos lo incluían como precandidato a la alcaldía. Una vez que él mismo reconoció sus aspiraciones le dio al mismo partido (y a los demás) más elementos de rechazo.
Tampoco puede pasar desapercibido que las acciones del secretario de Gobernación estuvieron, están y estarán contaminadas o, cuando menos, influidas, por sus aspiraciones personales. Esto puede generar problemas en el actuar oficial, como le ocurrió en el pasado reciente al malogrado Santiago Creel Miranda, que no resolvió conflictos de gobernabilidad y se alió a diversos grupos de interés, como las televisoras.
Otra consecuencia colateral del destape es que los demás grupos y precandidatos priístas podrán hablar abiertamente de sus aspiraciones, sin que – al menos en teoría – sufran represión o descalificación política, a menos que se intente callar a los otros, como hizo Vicente Fox Quesada con los panistas que se opusieron a su delfín Santiago Creel y apoyaron a Felipe Calderón.
En el sexenio pasado, mucho se cuestionó la pasividad y permisividad con que Melquiades Morales dejó crecer el futurismo político de su protegido, Rafael Moreno Valle, lo que generó severas rupturas internas y obligó al actual gobernador, Mario Marín, a ejercer sus derechos políticos y partidistas desobedeciendo la línea oficial y obteniendo la postulación.
Aunque es casi seguro que la contienda intermedia desvíe la atención de la clase política durante los meses siguientes, la confesión del funcionario hará difícil detener la sucesión adelantada, si es que en el futuro próximo se intenta frenar este proceso.
Finalmente, es importante subrayar que en el PRI y PAN ya ha dos destapados, Javier López Zavala y Antonio Sánchez Díaz de Rivera. La lucha tiende a ponerse interesante al interior y exterior de ambos partidos.
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