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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 

La iglesia, en campaña

 

 

Solapada por un gobierno federal dogmático y confesional y representada por un nazi y un protector de pederastas, la jerarquía católica se encuentra en plena campaña política –mediática.

 

En el DF y Puebla los representantes de la iglesia católica hacen proselitismo mal encubierto, para desviar la atención de los problemas legales de  Norberto Rivera Carrera por proteger a un sacerdote violador de niños y para respaldar a un Felipe Calderón Hinojosa cada vez más débil, con lo que pretenden fortalecer a su partido, el PAN.

 

Y mientras en el DF la revista oficial de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) presiona a Marcelo Ebrard para que se tome la foto con Calderón Hinojosa y legitime el fraude electoral del 2006, en Puebla Rosendo Huesca y Pacheco externa su frustración de que los jóvenes prefieran ir al antro que a misa y culpa a los presidentes municipales de la zona periférica a la ciudad de Puebla por la proliferación de antros.

Es claro que Rivera Carrera y compañía utilizan la fe y la ignorancia de millones de mexicanos, para no dar la cara sobre un tema que pronto podría estallarles: el encubrimiento de la jerarquía católica mexicana (e internacional) a sus homólogos pederastas.

 

Una vez que en Estados Unidos Roger Mahoney, el arzobispo de Los Ángeles, ya reconoció su culpabilidad del delito de encubrimiento, pidió perdón y accedió a otorgar una millonaria indemnización a algunos afectados por los curas violadores, se espera que su contraparte en México, Norberto Rivera Carrera, se vea obligado a aceptar que protegió a Nicolás Aguilar.

 

Pero ni Norberto Rivera, ni Huesca y Pacheco y nadie en la CEM ha querido abordar ese tema, no han explicado cuál fue su participación en esos delitos o por qué encubrieron al violador Nicolás Aguilar y le facilitaron la huida, para que siguiera atacando a niños en Los Ángeles.


Protegidos por la PGR y la PGJ de Puebla, sacerdotes pederastas y cómplices gozan de una gran red de complicidades e impunidad, que muy probablemente sea descubierta en el futuro cercano en los Estados Unidos y que – sin duda – contribuirá a incrementar el grave desprestigio de los jerarcas católicos.

 

Por ello, se ven obligados a formar cortinas de humo que momentáneamente les ayudan a evadir la rendición de cuentas de sus actos ante los feligreses a los que agreden con sus acciones y omisiones, pero que en el mediano y largo plazo solamente confirman su culpabilidad, porque en Estados Unidos no gozan de la protección gubernamental que tienen en México.

 

Además, la arenga de la CEM contra Marcelo Ebrard refleja el grado de colusión de la iglesia católica institucionalizada con el PAN, con Felipe Calderón y el fraude electoral del año pasado, que los mismos representantes de esta iglesia ayudaron a cometer manipulando la fe e ignorancia de muchos mexicanos.

La jerarquía católica sabe que Felipe Calderón es su presidente, ya que  junto con sus cómplices (Coparmex, Canaco, CCE, Canacintra, IMEF, Televisa, TV Azteca, Bimbo, Jumex, Wall Mart, entre otros),  lo impuso y, por eso, le urge que sea legitimado, para que Calderón se fortalezca y pueda proteger a los encubridores de pederastas frente a la acción de la justicia americana.

 

En el caso de Huesca y Pacheco, es importante reconocer que no se le ha involucrado directamente con la protección y huida de Nicolás Aguilar; sin embargo, como máximo representante del catolicismo institucional poblano, ha evadido su obligación moral de explicar cuál fue su actuación ante los ataques del sacerdote.

 

Aunque sí es legítima y justificada la demanda del arzobispo de que los ayuntamientos normen y controlen a los antros, también es cierto que el funcionario eclesiástico carece de la autoridad moral necesaria para hacer esa o cualquier exigencia al negarse a explicar qué hizo él para defender a los niños católicos violados por Nicolás Aguilar.

 

Incluso, no estaría de más que el arzobispo reconociera que el hecho de que cada vez menos feligreses vayan a misa y que los jóvenes prefieran ir a los antros que a los templos, se debe – en buena medida- a que el catolicismo ha perdido un considerable porcentaje de la confianza ciudadana por sus excesos, su manipulación política y económica al amparo de la fe y los abusos que muchos de sus representantes cometen contra los niños y que la jerarquía se niega a castigar o denunciar.

 

 

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