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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 

 

El conde de Montecristo

 

 

Con la licencia periodística que el lunes pasado nos otorgó a los columnistas del diario Cambio nuestro director, Arturo Rueda, al hablar de un fenómeno social y literario importante, como la Pottermania, en esta ocasión quiero precisar por qué este espacio se llama Duelo Espadas y es un homenaje a Edmundo Dantés. 

El Conde de Montecristo es mi personaje literario favorito desde hace más de 30 años, cuando mi padre comenzó a inculcarme el hábito de la lectura y llegó a mis manos una edición bastante accesible (por venir resumida y con dibujos) de la novela de Alejandro Dumas padre, quien en ese momento se convirtió en uno de mis narradores predilectos.

 

Lo que me agrada del Conde de Montecristo es, primero que nada, su capacidad de reinventarse a sí mismo, de superar las traiciones y envidias que su nobleza e inocencia no le dejan ver cuando joven y llevar a cabo una venganza más que justificada, para finalmente alcanzar la felicidad que le fue robada décadas atrás.

Aunque sus detractores podrán argumentar que la fortuna de Edmundo Dantés se debe a su buena suerte al conocer al abate Faria, que lo instruye en las ciencias, en el combate y le cede un cuantioso tesoro, lo cierto es que Dantés tuvo la sensibilidad y humanidad necesarias para acercarse a este personaje, que sufría el desprecio y rechazo de los demás por considerarlo loco y no poder sacarle provecho personal.

 

Inteligente y valiente, una combinación de cualidades poco fácil de encontrar en la vida real, el Conde de Montecristi se toma su tiempo para completar su venganza contra Danglars, Fernando y Villefort, quienes se confabularon en su contra, el primero por un interés económico – profesional, el segundo por una finalidad meramente sexual y el tercero para proteger a su hijo, que planeaba ayudar a Napoleón a regresar al trono de Francia, lo que implicaba una traición al régimen vigente.

 

Dantés sabe que lo suyo no es venganza, sino justicia, por ende, no padece remordimiento o resquemor alguno cuando arruina a quienes lo traicionaron aprovechando sus debilidades personales: Danglars es un empresario naviero venido a menos y corrupto, Fernando es un chantajista frustrado por el desamor de Mercedes, la mujer que le quitó a Edmundo, pero que en realidad nunca le ha amado, mientras Villefort es un ambicioso político corrupto, cuyo grupo se resquebraja y navega a contracorriente.

    

Después de 14 años en la cárcel más miserable de Francia, por un delito que no cometió y que le adjudicaron sus detractores, el Conde de Montecristo aprende que la paciencia, el aprovechamiento de las coyunturas y el estudio de las ventajas y debilidades propias y de los enemigos son poderosas virtudes, que contrastan con el entusiasmo, la inocencia, decencia y el apresuramiento con que se conducía en su juventud y que le costaron su detención.

 

La lectura de este libro deja lecciones importantes, para quien las quiera aprender. Una de las más importantes es que siempre es posible levantarse y superar las adversidades, sin importar qué tan a fondo se haya caído o lo poderosos que sean los enemigos, como le ocurrió a Edmundo Dantés, que fue presidiario por órdenes de un político corrupto muy importante (Villefort).

 

Otro aprendizaje esencial es que las apariencias engañan con mucha frecuencia. El Abate Faría sufría el desprecio y burla de quienes lo rodeaban por su aspecto andrajoso; sin embargo, poseía un gran conocimiento en muchas áreas que sólo el Conde de Montecristo aprovechó, además de que era el conocedor y beneficiario indirecto de una inmensa fortuna a la que nadie accedió, ya que únicamente una persona se dignó a hablarle.

 

Una enseñanza más es que la revancha es un platillo que sabe mejor frío. Al salir de prisión, Edmundo Dantés pudo lanzarse locamente en pos de su venganza atacando a sus enemigos sin ton ni son con palos de ciego, pero ello aumentaba su margen de error, le quitaba efectividad y mejor se dio su tiempo, para conocerlos y quitarles lo que más querían.

 

Además, la novela de Alejandro Dumás padre enseña que en la vida las victorias y derrotas no son para siempre, si se tiene la capacidad de revertir situaciones adversas y se lucha para superar los problemas, como hizo su personaje, que aprovechó su “tiempo libre” en prisión para planear cuidadosamente su venganza.

 

Finalmente, la historia de Edmundo Dantés demuestra que la vida no es estática, sino que cambia todos los días y que depende de cada uno hacer que las transformaciones sean positivas o negativas. El tiempo pasa y eso no se puede modificar, lo que sí es decisión personal es aprovecharlo o no.  

 

 

 

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