Doger se Llama el Sastre. (La Pena Ajena). Hizo bien José Doger Corte en tirar la toalla en el tema del Órgano de Fiscalización Superior, aunque, hay que decirlo, la toalla que tiró siempre estuvo en el piso fangoso del organismo.
De entrada, el ex rector de la UAP nunca entendió el lado técnico de la dependencia y creyó que sólo bastaba con obedecer para sacar con éxito su trabajo.
Hay, por cierto, algunos pasajes de su periodo que lo retratan de pies a cabeza.
Cito tres solamente.
El caso Marín.
El caso Paredes.
El caso Doger.
En el primer punto la historia lo dice todo.
Mario Marín Torres estaba por dejar la presidencia municipal de Puebla cuando empezó a presionar al verdadero titular del Orfis –que no es otro que el gobernador en turno- para que le aprobara sus cuentas públicas pendientes.
Corría el otoño del 2001 y su fecha de salida –y eventual despegue hacia Casa Puebla- era inminente.
Los escenarios que entonces se le dibujaban a Marín estaban cargados de incertidumbre: por un lado se le aparecía el exilio dorado –con la notaría que le inauguró Melquíades Morales Flores en un acto famoso por las palabras que pronunció en el sentido de que le deseaba éxito al notario Marín ahora que iba a tener todo el tiempo del mundo- y por el otro la puja por la gubernatura desde la clandestinidad, que, como ya sabemos, está muy lejos de los presupuestos.
Lo cierto es que Marín era víctima de una prisa natural por salir limpio y libre de sospecha de su administración municipal, misma que empezó a ser cuestionada insistentemente, una vez que llegó al Palacio de Charlie Hall, por el alcalde panista Luis Paredes Moctezuma.
En ese sentido, los nervios estaban a flor de piel y, como es natural, la urgencia de Marín se cruzaba con todos esos puentes.
Y es que él lo sabía mejor que nadie: el Orfis es sobre todo un garrote político que se usa en contra de los enemigos.
Y algo le decía a Marín que el gobernador Morales no lo veía nada bien desde Casa Puebla.
Total que uno de esos días se reunieron nuestros personajes en el marco de una cena.
Y no faltó en los digestivos el tema de las cuentas públicas.
Fiel a su estilo, Morales Flores le dijo que no se preocupara y que lo más pronto posible daría la orden de que se aprobaran sin dilación alguna.
Pero los días pasaron y ya con el invierno encima en el Congreso local sus cuentas no salían.
Fue entonces cuando, furioso, el todavía alcalde Marín le puso un hasta aquí al gobernador: o me las aprueban o me las aprueban.
Y eso bastó para mover las aguas.
Y el desidioso José Doger obedeció sin chistar.
En el caso de Paredes las cosas fueron al revés.
La consigna en ese caso fue írsele con todo.
Pero Doger falló debido a las notables ineptitudes de sus técnicos, quienes una y otra vez fueron derrotados por los sagaces abogados de Paredes.
Hoy, por fin, luego de mil derrotas el Orfis al parecer logró obedecer la orden marinista de hundir al ex alcalde ex panista.
Digo: eso es lo que parece.
El último caso, el de Enrique Doger Guerrero, es también elocuente.
Y es que en varias ocasiones, a través de sus personeros, José Doger mandó mensajes ominosos en el sentido de que ni yéndole a bailar a la virgen de Juqilita le aprobarían la primera cuenta a su primo hermano.
Visto está que se equivocó y que se volverá a equivocar por segunda vez –en este caso.
No podría ser de otra manera: las ineptitudes de su equipo no son mayores que las suyas propias.
+++Sobre este Personaje me escribe don Juan Columna, seudónimo en el que descansa un informado y perspicaz analista.
Vienen esas líneas:
“Estimado Señor Mejía:
“Permítame una respuesta a la pregunta que lanza desde su leída columna de hoy viernes: ORFIS ¿ Un político o un especialista ?, la verdad ninguno de los dos, existe una tercera alternativa y tengo elementos para sostenerla; el ORFIS será para el mejor comprador, para el grupo que más aporte a la puja por la venta de este importante cargo, a esta vieja práctica se le llamaba en la Inglaterra de mediados del siglo XVIII; el patronage, donde los cargos se posteaban (del verbo to post), esto es, se anunciaban en letreros clavados a un poste, es como si hoy se leyera SE VENDE TITULARIDAD DEL ORFIS, claro ya no es tan burdo pero sigue siendo patronage, o sea, compra-venta de un cargo público.
“No vamos lejos, Señor Mejía, el actual titular de esa dependencia, José Doger Corte ni es político ni menos un especialista, ¿ No le causa extrañeza que uno de sus incondicionales del Mtro. Doger busque afanosamente sucederlo?, me refiero a Armando Valerdi, si tienen algo en común es que se enriquecieron juntos en la BUAP desde principios de los años noventas, antes de ello, el primero atendía un puesto de artesanías en el Parián y Armando era profesor de medio tiempo en la Facultad de Contaduría de la misma universidad.
“Acepte un afectuoso saludo”.
Gracias, don Juan Columna por iluminarnos nuevamente.
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