De político a conquistador
Recientemente y por circunstancias ajenas al que esto escribe, una discusión en torno a cómo conquistar a una mujer, me llevó a una sesuda reflexión.
¿Será que conquistar a una mujer tiene similitudes con la política? Tal vez sí.
Cualquiera de las dos conquistas son un proceso en que no te puedes adelantar a los tiempos, ya sea del partido o de la candidata.
Tienes que convencer con propuestas, tal vez inalcanzables, -pero sin duda- que sean emocionantes y atractivas para el elector.
¡Qué importa si nunca cumples con tus promesas de campaña! Total, el tiempo que estés en el cargo, nadie te va a quitar lo que ya has consumido del presupuesto.
Necesitas el apoyo de las distintas corrientes dentro del partido y de la misma forma, debes contar con el apoyo de las amigas y amigos de la candidata en cuestión.
Ninguno de los casos es posible sin los recursos que otorga el partido.
En ambas situaciones -el candidato o el conquistador- se transforma en una persona que tiene sentimientos, que se preocupa por los demás, que no tiene nada malo en su libro de antecedentes, que es querido y reconocido por muchas personas, que no se avienta “luchas en lodo” con ninguna súbdita y que en ningún momento ha pensado hacer llorar, ya sea a la mujer, o al pueblo.
En la política, como en las relaciones hombre-mujer, existe la posibilidad de arderse y terminar buscando el “puro placer” individual.
Me explico: “Que si en este partido no se puede; que no tengo posibilidad porque ya hay amarres y porque no soy el candidato llamado “delfín”, pues… ¡vámonos a otro partido!”. Lo importante es que yo sea el candidato ganador. El partido por el que vaya, es lo de menos.
Si el gobernante actual (llámese el suegro o la suegra) no coincide con tus propuestas de campaña, estarás en verdaderos problemas. Ahí es donde encuentro una similitud más: todo el apoyo es para el que es el candidato de la suegra, al otro, al que llega porque el pueblo quiere que él sea, no le dan posibilidad. Y si quiere salir con ella, pues no, porque tiene que hacer tarea o va a acompañar a su mamá a ver a las “ruqitas” que juegan canasta. ¡Ah!, pero no sea el candidato que quiere y consiente “el poder”, porque ahí sí, hasta le recomiendan que no se apriete tanto el vestidito.
Pero bueno, hay algunos peores, los que deciden de acuerdo a lo que digan dos o tres de sus amigas más influyentes. Tal vez el resto de la juventud de este bonito país está de acuerdo, pero si las 3 representantes mandonas dicen no, pues es no.
¿Y todo para qué?
Uno, para conseguir la candidatura, para envolver con sus discursos y su presencia a los miles de electores que tienen a bien tragarse que el malo, no es malo y que el bueno, no es bueno.
El otro, para poder decir: “miren, esta es mi vieja” y el status que eso implica (todo de acuerdo a los buenos o malos bigotes de la “leona”).
Al final, ambos prometen, ambos realizan sutiles y hasta descarados engaños y terminan sin cumplir sus compromisos.
En fin, amable lector, prepárese para los meses de conquista, de romance, de miel, de crema chantilly, de vestidos ajustados y de enseñar pierna.
No se vaya con la finta. Acuérdese que no todo lo que brilla es oro.
Y si alguien me sale con que “la mujer está operada”, ¡pues opérense!
Manuel Frausto Urízar
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