Juramos guardar silencio.
Pero nos ganó el impulso… Es que no es posible que en pleno siglo XXI a los homosexuales, travestis, lesbianas, bisexuales o transexuales les sigan imputando el mote de “desviados sexuales”.
¡No por favor!
No, no, no y no.
O que el simple hecho de que un hombre se vista de mujer sea motivo de burla, discriminación y humillación.
Ya no.
Nos hemos quedado pasmados al leer Prensa Negra. Los límites de la libertad de expresión de José Martínez,y no nada más por los vituperios que lanza contra Mario Alberto Mejía, quien hasta hace unos meses era el director Editorial de Diario Cambio —y por supuesto, nuestro jefe— sino también por la carga homofóbica que tienen algunas de sus observaciones.
Como ya sabrán, porque el tema lo hemos manejado en estas páginas los últimos días, José Martínez recién presentó su obra, en la que señala —ya no ocupo el verbo “acusa” porque me regaña— que el autor de La Quintacolumna es un asesino y pederasta quien ha abusado de sus dos hijas. Pero, para el autor del libro, un violador de niñas, un asesino o un homosexual es lo mismo. Es igual de aberrante. Es igual de criticable.
Ajá.
¿Insólito, no?
Veamos.
De José Martínez son las siguientes líneas sobre Mario Alberto Mejía: “El Círculo Dorado Gay fue ampliamente conocido en esa década por la sociedad de Huauchinango, a él perteneció Mejía y los involucrados en el asesinato. Sujetos todos con desviaciones sexuales acostumbrados a vestir de mujeres, maquillarse, bailar y conquistar borrachos en bares y cantinas del lugar a los que sacaban cargando e inconscientes para llevarlos a hoteluchos de mala muerte”. (Prensa Negra. Martínez José, pp. 144).
Ándale, pues.
A ver, a ver.
¿Ser homosexual es ser un desviado sexual?
Grgrgrgr (léase como gruñido de alguien molesto).
Todo hombre que se viste de mujer, se maquille, baile y conquiste otros hombres para disfrutarlos en hoteluchos de mala muerte ¿es un desviado?
Ahora ¿si alguien es homosexual ya no puede ser periodista? ¿O plomero? ¿O bombero?
Chale.
Si este texto hubiese sido publicado en la revista Alarma en los años sesenta, seguramente nadie se habría escandalizado del lenguaje utilizado por el escritor. El problema es que ese bonito texto está fechado en el 2007, justo cuando han quedado atrás actitudes homofóbicas como la que tiene el citado Martínez.
Sería más que interesante enviarle estas líneas a Carlos Monsiváis o a José Joaquín Blanco para ver qué opinan de la pluma de Martínez.
Hace años, en serio, que no leía el término “desviaciones sexuales”. O sí, pero en pasquines de poca monta y otro tipo de publicaciones.
¿Qué opinarían Monsiváis o Blanco, quienes abiertamente se han declarado gays, del tonito estúpido de Martínez?
¿Lo felicitarían por hablar de los homosexuales con un tufo nazi?
¿Lo nominarían a un Premio Nacional de Periodismo?
Desde este humilde espacio prometemos que haremos llegar lo más pronto posible el dichoso párrafo para que se den cuenta de que en el México actual hay retrógradas que aún utilizan y escriben las palabras “desviados sexuales”.
Y nomás para que les quede claro, para Martínez una mujer que se enamore de otra o un hombre que quiera compartir la vida con un igual es tan “desviado” como un padre que viola a sus hijas, veamos lo siguiente:
“Una de las peores ofensas y agravantes para la sociedad mundial, sin duda, es la pederastia. Desviaciones de semejante naturaleza deben sancionarse en forma ejemplar porque el futuro de cualquier nación es la niñez. Los niños, así está garantizado en nuestra Carta Magna, deben crecer con educación, salud, protección y sin agravios de ninguna naturaleza —mucho menos de su padres. Por lo tanto los pederastas: clérigos, gentes (sic) de la sociedad civil, funcionarios, políticos, empresarios o periodistas, como Mejía, deben ser sancionados en forma ejemplar sin importar el tamaño de sus influencias” (Idem. Martínez, José, pp. 173).
Ya. Sin comentarios y nomás lo hacemos por salud mental.
Una piedra más. Es curioso, cuando Martínez se refiere a Mario Alberto, los señalamientos son directos: sí es todo lo que otros columnistas han dicho. Pero, cuando se refiere al gobernador Mario Marín Torres y su escándalo del 14 de febrero de 2006, cuando la conjura contra Lydia Cacho quedó al descubierto, entonces aparece la palabra mágica, la palabra que separa hechos de trascendidos, la bendita palabra que tanto nos evita los problemas: “Presuntamente”.
¿Verdad?
Aunque la PGR ya corroboró la veracidad de aquella famosa conversación, para Martínez sigue siendo un presunto acto de abuso de autoridad: “En el segundo mes de 2006 el consorcio Televisa, a través de su barra de noticias, reprodujo una cinta magnetofónica donde, presuntamente, el gobernador de Puebla Mario Marín y el empresario libanés Kamel Nacif conspiraron contra la escritora y periodista Lydia Cacho Ribeiro por el libro Los Demonios del Edén” (Idem, pp. 174).
Salud, pues.
¿Licencia, renuncia o despido? Resulta que el subsecretario de Cultura en Puebla, Gerardo Ramos Brito, lleva más de mes y medio de licencia.
Dicen que sin goce de salario.
No lo ponemos en duda.
Dicen también que anda en Francia.
Pero con esta Secretaría de Cultura tan sui géneris ya no se sabe.
No sabemos si se trata de una renuncia.
Menos si fue un despido, como aquellos tan acostumbrados en esa dependencia.
De una licencia pues menos tenemos idea.
Vaya, no tenemos idea… ¿Alguien nos puede informar dónde está el subsecretario?
Porfa comuníquenlo. El locatel o el 066 luego sirven.
Por lo pronto en los pasillos de Casa Albisúa se rumora que Miguel Campos está más que puesto para tomar el lugar de Ramos Brito.
Quizá el secretario Alejandro Montiel Bonilla lo responde próximamente, y es que el funcionario anda de tan buen humor que ahora a todos saluda.
¿Qué traerá tan de buenas al secretario? ¿Por qué andará tan bien portado?
Proselitismo sinfónico. Qué sorpresa nos llevamos quienes escuchamos a la Orquesta Sinfónica de Puebla en su última presentación.
Ahora resulta que Toño Sánchez es patrocinador oficial de la OSEP. Y si no pregunten a quienes asistieron el pasado fin de semana a escucharla.
¿Quién fue el candidato de esa tarde?
Toño Sánchez.
¿Por quién gritaron vivas y tiraron porras los asistentes azuzados por un improvisado que tomó el micrófono?
Por Toño Sánchez.
¿No es eso un delito flagrante a las leyes electorales?
Pues habría que preguntar a Toño Sánchez o a sus fans colados en actos públicos.
> Columnas anteriores
|