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Dios en el Poder

Selene Ríos Andraca / Edmundo Velázquez

diosenelpoder@hotmail.com

 


 

 

El compadre del Matavalets

Caray, las glorias abundan en la Secretaría de Seguridad y Vialidad Estatal.
Primero, tenemos un general “Huyón” que sale corriendo porque sus muchachos se le ponen rejegos. Sublime.
Y ahora nos salen con un jefe de motociclistas que cobra 12 mil pesos por dejar salir del corralón a su burro, caballo o mula.
Sí, leyó bien.
Ahora hasta las mulas tiene multa.
Así que anote bien las placas del pony que vea mal estacionado o denuncie a la cebra que vea correr a exceso de velocidad porque esto puede ser oro para Edmundo Marín Morales, jefe de motociclistas de Vialidad Estatal.
Y es que, Edmundo Marín —chin, es tocayo—, se siente bien importante porque es hijo de un exfuncionario municipal de Amozoc.
Lo peor, se siente como la última Cocacola del desierto porque su papá es conocido intimo de Jesús Morales Flores, padre del actual director de Vialidad Estatal, Jesús Morales Rodríguez.
Bueno, eso dicen en Vialidad Estatal. Sería bueno preguntarle a Jesús Morales qué es lo que opina.
En fin.
Resulta que, entre sus orgullos Edmundo Marín puede contar que fue compañero de Alan Ibarra Meza.
¿Lo recuerdan? ¿No? Si fue subdelegado de Vialidad Estatal hasta que mató a un valet parking en la Isla de Angelópolis.
¿Ahora sí se acuerdan?
Ah pues, “El Alan”, como le decía el general Ayón al “Matavalets”, trabajó con Edmundo Marín en Teziutlán y se hicieron compadres. Bien cuates.
Claro después de tremendo oso que fue acribillar al valet parking, pues Edmundo Marín se hizo el occiso, pero se quedó sin su protector.
Así que su papá, aquél exfuncionario “muy importante” de Amozoc, le pidió al padre del director que “le echara la mano”.
Y zas.
Pues ni tardo ni perezoso, dicen que Jesús Morales obedeció a su papá.
Y que pone al compadre del “Matavalets” de supervisor del grupo de motociclistas en la estatal. Donde ya ha sido el dolor de cabeza de muchos de sus subordinados.
Las cuotas, los moches, la lana pues, con que tienen que agandallar a los conductores son bastante altos. Luego les desglosaremos cómo es que los extorsiona. Pero el escándalo es peor con lo que apenas le ocurrió a un pobre incauto dueño de un jamelgo que terminó relinchando en una carretera.
Resulta que Edmundo Marín duplicó la cuota de su mordida cuando vio al caballito dando vueltas por una carretera. El caballito no fue libre como el viento porque aquél canijo lo agarró.
Pues la mordida no fue de burro, ¡fue de caballo!
Dicen que la cuota general de Edmundo Marín para soltar un carro de sus dominios es de apenas 3 mil pesitos. Muy accesibles ¿no?
Pues por soltar al pobre caballito le cobró al dueño del animal 12 mil pesos.
Sí.
12 mil pesos.
Ya sabe. No suelte a su mula, que sale caro. Ahora que si tiene jirafas, cuídelas, no vaya a ser que le tripliquen el monto de la mordida.
Ah, pero le prometemos que la próxima semana desglosamos bien cómo el compadre del “Matavalets” impone cuotas sobre sus subordinados.

 

 

Velázquez versus Aguinaco-Aguilar Zínser

El punto medular de esta discusión es que el equipo de la defensa jurídica del gobernador Mario Marín Torres ¡ya tiene el dictamen!
Ya tiene las más de mil páginas que integran la investigación encabezada por el ministro Juan Silva Meza en contra del mandatario poblano por participar en la aprehensión y violación de la periodista Lydia Cacho Ribeiro. Pero ¿De dónde salió el dictamen? ¿Quién tuvo acceso a él? ¿Fabián Aguinaco? ¿Alonso Aguilar? ¿Ricardo Velázquez?
Los primeros lo negaron. Pero el consejero jurídico —sí, el mismo que le arrebató la grabadora al reportero Efraín Núñez— no habló. Vaya, ni negó. Ni una mirada dirigió, pues.
Ricardo Velázquez cometió la torpeza de filtrar sus impugnaciones y solamente para demostrar que la defensa del góber hará cualquier cosa lícita o ilícita para proteger a Mario Marín.
Ricardo dijo algo elemental ayer en las puertas del máximo tribunal:
—Sólo dígame cómo se siente— le pregunté al consejero
—Triste…porque voy a perder… mi transporte— respondió con la mirada al piso.
—¿Solamente perderá el transporte, señor?
(hay audio)

 

 

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