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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 


Entre miedosos y dirigentes incómodos


La negativa de Javier López Zavala a buscar la presidencia municipal de Puebla tiene varias interpretaciones políticas. La primera es que el llamado “hombre fuerte” del marinismo reconoce sus limitaciones y sabe que es más débil que el más famélico precandidato del PAN, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, ya que el miedo del “poderoso” funcionario estatal a una derrota implica que se sabe más endeble que cualquiera de los aspirantes panistas, incluyendo al “debilucho” representante del Yunque.


También queda claro que López Zavala sabe que su capacidad como operador político-electoral no le alcanza para contender en noviembre y tener posibilidades de ganar, pese al coro de niños cantores que todos los días le dicen contrario, pero que a la hora de la verdad le convencieron de quedarse, sabedores de que un cambio en la secretaría de Gobernación les haría perder canonjías, sobre todo por la posibilidad de que Mario Montero asumiera el cargo y adoptara como confidentes y cómplices a otros columnistas.


La decisión del funcionario y su grupo – además – lleva implícito un reconocimiento a quien consideran su peor enemigo, Enrique Doger Guerrero, porque él sí fue capaz de contender y de ganar la ciudad de Puebla (por cierto con una gran ventaja), pese a las siglas del PRI, a no contar con el apoyo incondicional del gobierno y a la presencia de un ayuntamiento panista.


El “odiado” Doger Guerrero logró lo que López Zavala ni siquiera intentó. En la sucesión estatal del 2010, esta actitud miedosa podría tener un alto costo político, no solamente para el secretario de Gobernación, sino para los demás precandidatos priístas que no se atrevieron a someterse al escrutinio de la población más exigente, crítica e informada de la entidad, como Jorge Charbel Estefan Chidiac, Rafael Moreno Valle Rosas y otros.


Es irónico que el grupo político más importante en el estado (y desde luego en el PRI) acepte que - pese a su capacidad financiera, operativa y a poder imponer a Roberto Ruiz Esparza como candidato del PRD, a Gabriel Hinojosa en el instituto Alternativa Social Demócrata y a saber que el PAN contenderá con el peor de sus aspirantes y estará dividido internamente por la rebelión anateresista - asuma que no puede (o no quiere) hacer que uno de los suyos sea el próximo presidente municipal.


Finalmente, se confirma lo que se publicó en esta columna hace casi un año: que desde “arriba” se ordenó al priísmo poblano ceder la plaza más importante de la entidad al PAN, sin siquiera luchar. Esto explica la soberbia panista, porque el yunque sabe que ni queriendo perderá la elección de noviembre.

 


ESTOCADA
Para terror de Felipe Calderón Hinojosa, Manuel Espino Barrientos reencarnó en Puebla. El clon espinista es Jorge Ehlinger Coghlan, quien no dudó en descalificar a Gabriel Hinojosa Rivero usando su nexo familiar con el supuesto presidente del país (que en los hechos funge – como él mismo lo reconoció al declarar que su prioridad es la supuesta lucha contra el narco porque ése si es un problema para EU – más como administrador de los intereses estadounidenses.


A ver cómo le cae al Virrey estadounidense en México el hecho de que un representante del Yunque se haya mofado de su parentesco con quien fue el primer alcalde panista de la ciudad de Puebla y que, al parecer, será el candidato del PASD al mismo cargo. Esta nueva afrenta del yunquismo podría reafirmarle Felipe Calderón la necesidad de recrudecer sus medidas contra una secta político-religiosa, que ya demostró a todo el país constató que ni siquiera lo respeta.


La nueva ehlingerada se suma a la presencia de otra prima de Calderón Hinojosa, Guadalupe Hinojosa Rivero, en la planilla de Ana Teresa Orozco, como factores que pueden no sólo explicar, sino legitimar una más que probable intervención presidencial en la contienda interna del PAN.


Sin sensibilidad política y social alguna, con una dislexia verbal y mental que se agrava todos los días, Ehlinger Coghlan se ha convertido en un dirigente panista incómodo, cuya permanencia en el cargo se ha convertido en un factor de división interna, de deslegitimación de todo el proceso y en un obstáculo hasta para su candidato, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, cuyo supuesto triunfo quedará manchado por las triquiñuelas de su aliado.


En los hechos, el delegado del Yunque en el Comité Municipal del PAN se ha convertido en un aliado involuntario de Ana Teresa Aranda, porque le ha dado una gran cantidad de elementos para demostrar la ilegalidad e ilegitimidad de la contienda interna y, además, durante el proceso se convirtió en su mejor coordinador de campaña y jefe de prensa al permitirle asumir el rol de víctima y hacer que todos los medios voltearan sus reflectores a la ex titular de Sedesol.


Esta ehlingerada confirma la gran división intestina en el PAN y evidencia la fragilidad del partido, no sólo a nivel estatal, sino nacional. El partido que supuestamente detenta el poder presidencial es un gigante con pies de plomo, aunque el PRI y PRD no quieran darse cuenta.

 

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